El ambiente se volvió opresivo cuando San encaró al enemigo.
—¿Quién eres tú? —preguntó con voz firme.
—Soy Erick, comandante del ejército del rey demonio —respondió el hombre, con tono arrogante.
—Así que al fin has decidido venir...
—Sí, he venido por tu vida.
—Pues no te la dejaré fácil.
—Para ser solo un niño, me has causado demasiados problemas. Esta vez acabaré contigo. ¡Globins, ataquen!
Las criaturas obedecieron, corriendo con sus armas oxidadas.
—¡Soldados, ataquen! ¡Protejan a los civiles! —ordenó el capitán imperial.
Los pobladores gritaron, buscando la salida trasera, mientras otros hombres se armaban para ayudar.
San se volvió hacia Clara.
—Necesitaré tu ayuda. Yo solo no podré con él.
—Aunque no me lo pidas, te protegeré —respondió ella, con decisión.
San la miró a los ojos, nervioso.
—C-Clara... yo también te protegeré, te lo prometo.
El comandante lanzó a Alfred hacia Lucas, que apenas logró atraparlo.
—¡Desgraciado, vas a pagar por lo que le hiciste! —bramó Lucas.
Erick, indiferente, se desvaneció y reapareció al final del campo de batalla.
—Antes de empezar... muéstrame de qué eres capaz.
San apretó los dientes.
—¡Clara, cura a los heridos! Yo me abriré paso.
El choque fue brutal. Globins, soldados y campesinos luchaban cuerpo a cuerpo. Entre ellos, un aldeano atravesó a una criatura con un tridente, levantándola en el aire. La sangre le resbaló por el rostro y, en un arrebato, lanzó el cadáver contra otros enemigos, riendo como un demente.
—Ese sujeto... perdió la memoria. De lo contrario no estaría aquí —murmuró Erick, intrigado.
La batalla se ensangrentaba. Civiles caían, soldados gritaban venganza. San miraba con frustración.
—¡Maldita sea! Soy demasiado débil todavía... Debo evitar el combate directo.
Erick lo señaló con su espada.
—¡San, deja de esconderte y enfréntame!
San saltó hacia él, liberando ondas de viento. Erick esquivó sin esfuerzo. San probó con fuego, pero la barrera del comandante lo anuló.
( Es parecido a "Ráfaga de viento" pero solo se puede hacer con armas y tiene mas potencia )
—Eres muy débil. Nunca podrás vencerme —rió Erick, cubierto apenas de polvo.
San, decidido, gritó:
—¡Clara, necesitamos un ataque combinado!
—¡Voyy! — Clara se dirige hacia san
— Usare Fire ball, mientras atácalo con tu magia
— Entendido — Asiente clara
—Extiende sus manos y conjura — "Magic proyectiles"
— Hagámoslo clara
— Los dos gritan al mismo tiempo — ¡¡¡EXPLOSIVE BARRIER!!!
Ambos coordinaron un hechizo explosivo, atrapando al enemigo en una violenta detonación. El humo disipó... y Erick apareció, con la capa rota, apenas rasguñado.
—Son ingeniosos, pero débiles —dijo, dejando caer la prenda hecha jirones.
San comprendió la magnitud del poder que enfrentaban. Lo único que podían hacer era alejarlo.
Con Clara en brazos, San huyó hacia el bosque. Erick sonrió.
—¿Intentas alejarme? Te daré ventaja...
SAN: No nos esta siguiendo, aprovecharé esta oportunidad
San y Clara corrían a toda velocidad hacia el bosque, tratando de alejar al enemigo del poblado. El aire era pesado, la respiración les ardía en el pecho, pero no podían detenerse.
De pronto, dos figuras aparecieron frente a ellos, bloqueando el camino: Rober y Tomás.
—¡San! ¡Clara! —gritó Tomás—. ¡Nosotros les daremos un poco de tiempo!
—Dense prisa —respondió Rober, con la espada en mano y el escudo mágico brillando—. No dejaremos que ese monstruo los alcance tan fácil.
El aire se estremeció. Se escuchan pasos a sus espaldas, voltean casi al instante y era nada mas que el comandante
—No podrán detenerme —dijo el comandante con frialdad—. Su sacrificio será inútil.
Rober apretó los dientes, furioso.
—¡Si quieres llegar a ellos, tendrás que pasar sobre nosotros!
Tomás asintió y se colocó a su lado, levantando su espada
San quiso protestar, pero Clara lo tomó de la mano, temblando.
—San... confía en ellos. Si nos quedamos, todos moriremos.
Con el corazón encogido, San asintió.
—Resistan... volveré por ustedes.
- Rober y tomas toman una postura para luchar, sosteniendo sus espadas y el escudo mágico -
Rober sonrió, sin apartar la vista del enemigo.
—Corre, hijo. Este es nuestro deber.
San y Clara se alejaron entre los árboles justo cuando Erick alzó su espada.
—Sus esfuerzos innecesarios no les servirá de nada, igual fracasarán— Extiende sus brazos
El aire se desgarró en múltiples ráfagas cortantes que avanzaron directo hacia el enemigo.
—De nuevo esa técnica tan simple... —Erick esquivó con facilidad, moviéndose como una sombra entre las ondas de viento—. No esperes que te tome en serio con esto.
Rober apretó los dientes, cerrando los ojos, tratando de sentir el momento exacto. Tomás alzó sus manos hacia el cielo, la luz lo envolvió todo.
Un resplandor brutal cubrió el campo, cegando al comandante.
—¡Tsk! Maldita habilidad molesta... apenas si puedo ver.
—¡Ahora, Rober!
Los ojos de Rober se abrieron con furia, el viento rugió como un vendaval.
—¡Tómalo, maldito!
Las ondas impactaron de lleno, empujando a Erick varios pasos atrás. El suelo se resquebrajó bajo sus botas, aunque su expresión apenas se inmutó.
—¿Eso es todo? Con ataques de esa magnitud nunca podrán derrotarme.
—Es... ¡demasiado resistente!
—Estoy de acuerdo... incluso con mi magia al máximo, apenas si lo arañamos —jadeó Tomás, exhausto.
—¿Te encuentras bien?
—Cansado... pero aún puedo luchar.
De repente, el comandante lanzó una botella de cristal. Rober la partió con su espada, pero al romperse liberó un humo verdoso que los envolvió al instante.
—Es mi turno... —Erick alzó su brazo, acumulando una esfera de energía oscura que crepitaba con violencia—. Veamos qué tan buena es tu resistencia.