Heterocromía: En llamas

Un amor de la A a la Z

Un amanecer sin cicatriz.

Sus manos subieron a mi cabello, jugando con él; mis manos recorrieron sus caderas, dirigí mis labios a su cuello, mordiendo su piel de vez en cuando.
—Te amo —susurró en mi oreja. Lo supe desde ese momento en el que sus ojos azules hicieron contacto con los míos, hace tantos años; las cosas se saldrían de control. Eventualmente.
Sonreí sin que la sonrisa llegara a mis ojos; ella no me obligó a responder. La solté mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, llevé mi mano dentro de mi chaqueta y desenfundé la pistola, aprovechando su mirada perdida en el suelo.
Levanté el arma, apuntándole a la cabeza. Sintió mi movimiento; sus ojos viajaron de mí al arma y luego a mí otra vez.
Rompí esa promesa que le hice cuando éramos unos niños, al presionar el gatillo.
La sangre apenas brotó de la herida; su cuerpo cayó al suelo acompañado de un ruido sordo.
Sentí una oleada de éxtasis que recorría todo mi cuerpo; observé un rato más los dos cuerpos que yacían junto a mis pies.
Abrí la puerta de mi oficina, contemplé con atención el salón que se abría paso frente a mí, ajeno a toda la sangre que se derramó en la habitación de al lado, y el nuevo aire inundó mis pulmones.

...

No huía de mi culpa; solo borraba la prueba de que ellos alguna vez existieron. Deadwood los olvidaría, pero a mí… a mí no podrían.
El fuego ardía en mis ojos: el derecho, de un azul familiar que compartía con mi hermano; el izquierdo, dividido en verde y marrón.
Ambos reflejaban las llamas que consumían las dos casas que me vieron crecer.
Bajo las cenizas se escondían las respuestas a esas preguntas, pero en la superficie reinaba la incertidumbre.
Zexthra Moore Black.




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