Este siempre fue el verdadero
inicio del fin.
13 de febrero de 1976
La familia Wraepmour esperaba con ansias a su primogénito, quien, al tener la edad suficiente, tomaría el puesto más alto en la mafia. Al nacer, todos lo vieron como un bebé precioso; en ese momento sabían que su mayor arma eran sus ojos.
Aun así, se negaban a aceptar que nació muerto; conseguir un nuevo bebé con esas características era casi imposible.
Pero un pequeño abandonado por sus padres en el hospital tendría que bastar; por suerte, era incluso mejor prospecto que el anterior.
El ojo derecho completamente azul, mientras que el ojo izquierdo mitad verde, mitad marrón. El nombre era extraño, incluso desconocido para algunos, pero el niño abandonado sería el nuevo heredero de los Wraepmour.
20 de mayo de 1978
El pequeño Wraepmour tenía dos años y tres meses; su compañera de vida aún era desconocida para él, a pesar de vivir en la casa de al lado.
Addison Mist, pelirroja como su madre y con ojos azules al igual que su padre, tenía solo dos años, aunque después esa diferencia solo existiría a los ojos de ellos mismos.
Los dos que repetirían una historia que aún no se escribía finalmente nacieron, y con ellos el verdadero infierno.
Addison
3 de octubre de 2003
El sueño me consumía por completo; no lograba dormir, mi cara reflejaba el cansancio que sentía en todo momento. Al tener bajo mi control una de las redes más grandes de narcotráfico, resultaba imposible dormir; siempre estaba bajo peligro, no entendía cómo él podía manejarlo tan bien.
Jean nos citó en Pump House; tenía algo importante que contarnos y yo no paraba de pensar en cómo interrumpió mi intento por conciliar el sueño. Pasaban de las dos de la mañana, empezaba a creer que Jean no llegaría.
Para la hora que era, había demasiada gente en Pump House. No es que fuera una mala cafetería, solamente era muy vieja; las mesas se veían desgastadas y ni hablar de los sillones, a punto de romperse.
Al entrar te inundaba una alegría inusual, puesto que todo el lugar estaba lleno de colores que brillaban demasiado para mi gusto.
Pero… era el lugar donde la mayoría crecimos. Solo por eso las personas seguían visitándola; era nostálgico ver la rockola vieja que, sorprendentemente, seguía funcionando.
El menú jamás cambió, a pesar de que los años pasaban, y el sabor de la comida siempre era el mismo.
—¿Qué se trae Jean? ¿Piensa que vivimos de noche como él? —comentó Michael, todavía un poco adormecido.
—Sería una locura adivinar qué pasa por su mente —esa voz que tantas veces escuché pronunciar amenazas inimaginables estaba ahí, con lo que podría parecer alegría.
Era otra más de sus facetas.
—De casualidad no traes a Jean escondido por ahí —dije, con hartazgo.
Mis ojos viajaron a los suyos; lo miré de arriba abajo, aun siendo las dos de la mañana lograba verse perfecto: camisa blanca abierta, sin dejar nada a la imaginación, pantalón de vestir negro y un cinturón a juego con detalles plateados. Volví la mirada a su pecho, mordí mi labio con malicia.
Mi mente solo podía pensar en Andrés y en cómo era que podía seguir sorprendiéndome, después de haber estado dormido a mi lado toda la noche.
Jean acababa de aparecer, tomó asiento frente a mí, y su mirada se dirigió a los tres, deteniéndose unos segundos en cada uno.
—¿Acaso sabes qué hora es? ¿Qué es lo tan importante que me hizo salir de mi cama a las dos de la mañana, Jean?
—Baja la voz —fue lo único que pronunció Andrés, quien parecía entender algo que Michael y yo no.
—Hablen ustedes entonces, porque desde que llegaron los dos no han hecho nada más que decir frases a medias —Michael parecía desesperado; pocas veces se dejaba ver así.
—Cálmate, Michael, te lo explicaré en un momento —Jean llamó a una mesera. ¿Cómo podía tener hambre a esta hora? —Será mejor que ustedes también pidan algo porque nos quedaremos un buen rato.
Jean pidió una hamburguesa con papas a la francesa; Michael pareció irritarse aún más, pero terminó cediendo a la idea de comida gratis. Andrés ordenó un vaso de agua y yo me limité a observar. Una vez cada uno con lo que pidió, Jean empezó a hablar, solo detenido por sus largos bocados.
—Ethan Morthent —de pronto su voz sonó apagada, sin el habitual tono indiferente que lo caracterizaba. Andrés se tensó de pies a cabeza; algo escondían. Michael estaba más confundido que al principio.
—Le dieron múltiples cadenas perpetuas sin la posibilidad de libertad condicional por intentar matar a su mejor amiga Zoé Blekfhyr, por matar a Emily Rose de un tiro limpio en el corazón y, al final, por matar de verdad a su mejor amiga. —Cada palabra que salía de la boca de Jean me dejaba más congelada que la anterior.
Andrés se comportaba extraño; la mención de esos nombres lo puso nervioso.
—¿Qué tenemos que ver nosotros en esto? —respondí perpleja.
…
Editado: 16.03.2026