Heterocromía: En llamas

Capítulo 2

Un mundo,

dos escalofriantes realidades.

7 de octubre de 2003

Ethan Morthent no era el asesino que ellos creían, solo fue un títere en el juego de Zexthra. Él lo sabía, se negaba a aceptarlo, pero era totalmente consciente de ello.

Jean quería olvidarse de sí mismo, dejar que lo consumiera el frío del invierno que apenas comenzaba, para no tener que enfrentarse un día más a él. La única solución que encontró aquella mañana, sentado en el sofá de su casa sin ganas de nada, fue terminar lo que inició.

La casa era tan grande que, después de haber vivido ahí toda su vida, seguía perdiéndose. Aun con eso, Jean no se mudaría, puesto que esa casa era el único…

Recuerdo.

De cuando era feliz, cuando tenía a su madre a su lado, cuando ella cuidaba de él sin importar qué.

Era difícil mantener esa casa limpia, así que Jean había optado, hace unos años, por dejarla como si estuviera abandonada, excepto las partes por donde era inevitable pasar.

Se levantó aun con el pijama puesto, no tenía intenciones de arreglarse, así que tomó camino a Laurence County Jail.

Entrar supondría un problema, pero estaba dispuesto a correr el riesgo. El olor a putrefacción inundó sus fosas nasales, al abrir la puerta.

La prisión no era un lugar demasiado pintoresco, pero estaba bien para el tipo de criminales que la habitaban.

Paredes con infinidad de dibujos obscenos y otros que, aunque costara creerlo, eran lindos. Lo bonito acababa en cuanto te inundaba el ruido de las peleas entre reos.

No era la primera vez que Jean estaba ahí; esa última vez prometió jamás volver, no porque le diera miedo o algo por el estilo, sino porque hacerlo significaba desenterrar su pasado, ese que lo hizo desconfiar hasta de su respiración.

Lo vio a lo lejos, esa cara que en su momento fue lo más importante en su vida. Como si no fuera una persona que mereciera estar donde estaba.

Una persona capaz de torturar sin llegar a matar, con la única esperanza de que supliquen la muerte.

Se acercó a él por necesidad, o tal vez porque necesitaba convencerse a sí mismo de que no era tan malo, que estuvo bien no hacer nada cuando pudo.

Que el miedo a ser uno más justificaba su carencia de actividad, que ser el cuerpo número trece era razón suficiente para quedarse observando a la distancia.

—Zexthra Wraepmour —su voz sonó aterradoramente tranquila.

Ese nombre jamás saldría de la cabeza de Jean; acababa de ponerle nombre a sus pesadillas.

Zexthra no era el diablo.

Tal vez era incluso mejor. Él no mataba sin antes torturar; no se limitaba a una tortura física, sino también emocional. No todos corrían con la misma suerte.

Heridas que no lograban cicatrizar y encima de ellas se abrían nuevas, o pensamientos que te quitan el sueño, que te hacen desear la muerte para por fin escapar de la prisión en la que se convierte tu mente.

Y aun sabiendo eso, Jean quería cazarlo así fuera lo último que hiciera, porque para planear once asesinatos perfectos, el doceavo llevaría a Zexthra a su tumba.

Jean ahora sabía el nombre de la persona a la que tanto había temido, la persona que le arrebató lo único que parecía importarle.

—¿Dónde empiezo? —Jean cuestionaba a Ethan como si algo de eso pudiera devolverle lo que Zexthra le quitó.

—Roubaix Lake.

El que negara la existencia de ese lugar escondía algo; la noticia siempre estuvo ahí, no cabía duda. Un lugar turístico que actualmente prohíbe cualquier tipo de encuentro sospechoso. Irónico, porque nadie que no desee una muerte rápida se dispone a visitarlo.

—¿Algo más? —dijo Jean manteniendo la calma.

—Que te enteraras de quién mató a tu madre no fue un error; él quiere que lo persigas, que descubras todo sobre él para, al final, cuando estés tan cerca de ser el ganador, matarte. —No dijo más; los oficiales tomaron a Ethan de las manos, le colocaron las esposas, se retiró con una sonrisa en los labios.

Addison

Las reuniones en la madrugada se estaban volviendo costumbre y Jean me volvía loca.

Empezaba a soñar con Pump House y esqueletos, no sabía qué tan bueno era eso, pero estaba segura de que no lo era en absoluto.

No le atribuiría a Jean la victoria de que al final hubiera accedido a buscar esqueletos, puesto que Andrés me convenció.

Bueno, lo intentó, al final terminó haciendo otra cosa, que tal vez influyó en mi decisión.

—Jean, deja de llenarte la boca con palomitas y dinos qué te dijo Ethan.

—Los cuerpos, bueno, esqueletos por la descomposición, están en Roubaix Lake. La pregunta es dónde. Cada esqueleto que encontremos nos ayudará a descubrir la ubicación del siguiente, y tal vez, si conseguimos desenterrar el último cuerpo, nos diga quién es el asesino.

—¿Es una broma? No sabes nada sobre quién los mató, ni siquiera dónde está el primero, y quieres que nosotros los busquemos como si fuera un puto juego —dijo Michael, con una falsa calma.




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