Hey, Rubia

Capítulo 9 | Tu enfermera

Cuando me alejo de Alan mi mente sale como de una extraña burbuja que no me había percatado estábamos viviendo

JAMES

El estridente sonido de la alarma me taladro el cerebro, estaba tan cansado que apenas me quedaban fuerzas para apagar la alarma. Alan pasó la noche con fiebre y me quedé hasta tarde colocando paños fríos en la frente para bajar su temperatura. Apenas logré dormir dos o tres horas de corrido y todavía tenía que ir a la tienda de disfraces, por lo que me pidió Valentino ayer. Por lo que aún cansado me levanté de mi cama y arrastrando los pies fui al baño para darme una ducha que me quitara un poco el cansancio.

El agua cayéndome en la cara me despabiló un poco y me apresuré a terminar para irme de una vez a la tienda. Si no traía a tiempo los dictases Valentino me iba a matar, esto que vamos a hacer hoy es una tradición de la temporada de reclutamiento que comenzó desde que la fraternidad abrió sus puertas. En los álbumes de los miembros se encuentra una foto de mi padre disfrazado también para el ritual de los Juegos Olímpicos de las fraternidades. Antes si competimos con otras fraternidades, pero debido a un problema que derivó en dos chicos internados en el hospital por quemaduras miembros de dos hermandades rivales, el decano decidió cortar todo tiempo de competiciones entre las fraternidades. Dejándonos la posibilidad de tener unos juegos en la misma fraternidad y que no involucre ningún químico.

Los juegos que se realizan son muchos relacionados con los deportes y estrategia dejando para lo último un juego de búsqueda del tesoro. Al finalizar el día se contabilizan los puntos de todos los juegos y se dicta un ganador. Este ganador es quien se encarga de tirar a Helena de Esparta hacia el volcán.

El ritual de hoy consistía en buscar a la nueva Helena y luego contactarla para preguntarle si quiere participar. Por lo general, todas las chicas de las fraternidades y hermandades más amigas de nuestra fraternidad se pelean por ser la virgen. Siendo un puesto tan codiciado, esta reunión sería en privado para poder decidir sin interrupciones ni presiones externas.

Saliendo del baño con el pelo mojado paso a la habitación de mi hermano y lo veo durmiendo desparramado por la cama. Tiene un poco de sudor en la frente y las mejillas algo rosadas, pero parece en mejor estado que en la madrugada. Sin poder hacer nada más, salvo esperar que el remedio le baje la fiebre, me voy a la casa de disfraces, con Adán que ya me estaba esperando en la entrada.

Está muy cerca de la universidad, por lo que en menos de diez minutos ya nos encontrábamos aparcando frente a la tienda. Es un lugar pequeño, pero desde fuera se puede ver que está abarrotado de disfraces. Sus vitrinas exhiben un disfraz de monja y otro de dinosaurio.

Una campanita anuncia nuestra llegada, el lugar tiene calefacción por lo que de inmediato siento un abrazo de calor. Por el fondo del sitio aparece un chico con un disfraz de Sherlock Holmes y un gafete con su nombre "Gary".

—Bienvenidos a la tienda de disfraces del doctor Oz, ¿en qué podemos ayudarlos? —dice el chico con alegría. Es el reflejo vivo de una persona que ama su trabajo.

—Ah, mi amigo reservó muchos disfraces en nombre de la fraternidad Alpha Gamma Rho. Son de guerreros romanos —comentó sacando de mi bolsillo la boleta que me dio Valentino.

—Si recuerdo este pedido —responde el chico caminando hacia el fondo de la tienda. —Los tengo... —moviendo algunas bolsas de plástico transparente Gary ojea las etiquetas que cuelgan de las perchas —aquí están, trajes de guerreros romanos y un traje de rey. Están en todos los talles que pidieron, tienen que regresarlos en dos días y deben estar completos para obtener su depósito de vuelta —dice el chico comenzando a bajar todos los disfraces.

—No sé si entraran todos en la cajuela James, vamos a tener que guardar algunos en los asientos traseros —habla Adán. Estaba siendo tapado al igual que yo por la cantidad de disfraces que teníamos que cargar hasta el auto.

—Ya veremos cómo acomodar todo, si falta algo Valentino usará nuestras cabezas como taburete por el resto del año —le respondo con la voz ahogada por las cosas que tengo delante de la cara. Apenas puedo ver por donde estoy avanzando y Gary al vernos tan cargados nos abre la puerta.

🍭🏈🍭

Los trajes eran lo que se esperaba, un bóxer marrón y por encima una falda tableada del mismo color con cortes que dejaban ver la ropa interior cuando te movías. Un casco que te tapaba parte del rostro y con una cresta roja que se mueve a medida que vas caminando. Espadas que se veían muy reales, pero que no pesaban nada y un escudo con la cara de medusa mal pintada de dorado. Es un disfraz ridículo, pero la ocasión es especial y no vamos a romper una tradición tan vieja como la fraternidad misma.

—James, los chicos compraron aceite para los músculos —dice Dylan entrando en mi habitación sin tocar.

Estaba embadurnado con una capa de aceite que lo hacía brillar con la luz, se veía como en las competencias de fisicoculturistas, no pregunté por qué compraron aceite con solo pensar lo bien que se verían, mis músculos accedí.

—Amigo, te quería preguntar, ¿tienes algún consejo para conquistar a una chica que sabes que te odia? —interroga el castaño jugando con una lapicera de mi escritorio.

—¿Tú?, ¿quieres que te dé un consejo para conquistar chicas a ti? —preguntó en tono jocoso. Ni en mil años me hubiera imaginado que un mujeriego como Dylan me preguntara a mí consejos para conquistar a una chica.




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