Christian se sentó con ayuda de sus dos brazos, pasó una de sus manos por la frente, miró a su alrededor, el puente siempre permanecía iluminado, pero ahora estaba oscuro. Trató de sentarse, pero al colocar una de sus manos a un lado se cortó la mano, pequeños trozos de vidrio tibio se le enterraron en la palma, exclamó un pequeño grito de dolor y miró hacia arriba, donde antes había una bombilla.
Se levantó y sostuvo su mano cortada con la otra y sintió como el piso se movía, respiró profundo y dio un paso hacia adelante, tratando de encontrar a Amelia.
— ¡Chris!
Siguió el tono de su voz y la vio cerca de una de las pocas bombillas que aún estaban iluminando el lugar, estaba boca abajo, tratando de levantarse.
¿En qué momento llegó al otro extremo del puente?
Christian caminó hacia ella, pero se detuvo de la impresión cuando ella gritó. Una mano velluda le había arrastrado hacia la oscuridad, Christian intentó caminar con rapidez, pero en ese momento sintió como lo embistieron, por un lado, haciendo que su brazo izquierdo chocara con la pared de concreto del puente. Sintió como en su hombro algo crujió y fue ahí donde cayó de rodillas y los trozos de vidrio la bombilla se enterró más es sus manos y rodillas.
Aun sintiendo dolor, tomó un trozo de vidrio grande que estaba cerca y se levantó rápidamente, no supo de dónde sacó fuerzas para hacerlo, pero ahí estaba, de pie con un trozo de vidrio en su mano derecha y con su brazo izquierdo a un lado inmovilizado por el dolor. Estaba alerta para el momento en que viera llegar a la persona que le estaba atacando, sabía que su cabeza estaba sangrando, sentía como bajaba por un costado de su mejilla.
— ¡¿Quién anda ahí?!— preguntó, su voz salió ronca, demandante y sin un rastro de temor.
Lo único que obtuvo como respuesta fue una risa, aunque a él le pareció una risa, pero se sentía más como un gruñido.
¿Estoy escuchando bien?
— ¿Dónde estás, Amelia? — gritó con urgencia.
—Aquí— Christian caminó hacia donde escuchó la voz de Amelia—. Por aquí— se giró repentinamente a escucharla por otro lado—. No, estoy aquí...
Christian comenzó a dar vueltas en el lugar donde estaba. Buscándola, cambiando de dirección al pensar que estaba en algún lado. Dando vueltas en el mismo lugar que estaba.
Avanzó, pero no avanzó más de un paso cuando sintió que giraba bruscamente y era arrastrado hacia una parte oscura. Trató de propinarle un golpe con el vidrio que tenía en la mano, pero fue en vano, al intentar zafarse, sintió como un par de uñas se aferraban en el músculo de su brazo, manchando y rompiendo la camisa azul del uniforme que tenía.
Aquella fuerza tiró a Christian contra el suelo y volvió a perder movilidad de su cuerpo, intentaba mantener los ojos abiertos, pero solo podía ver sombras borrosas, siluetas sin algún sentido, su respiración estaba acelerada, se sentó y vio como la sombra que estaba frente a él se retorcía.
— ¡POR FAVOR, NO! — era un grito de terror—. ¡Ahhh!
Esta vez sí era la voz de Amelia y la buscó con la mirada mientras Christian se alejaba un poco de quien lo atacaba. Lanzó un manotazo hacia él que casi le golpea en el rostro.
Christian estaba cansado, comenzaba a sentir miedo, no tanto por él, sino por Amelia que no sabía en dónde estaba y ya no gritaba. Volvió a ver como la sombra caminaba hacia él, a la altura que movía, parecía como si caminara en cuatro patas y gruñía.
Christian retrocedió tan rápido como pudo, pero no contó con que la fría pared estaba tras de él. Se quedó sin aliento: “Este era mi fin”, así lo sentía.
El atacante estaba tan cerca de él que sintió su cálido aliento contra la mejilla, no vio a nadie, cerró los ojos por instinto, deseando que esto fuera un sueño. Quien fuera el que los estaba atacando se alejó y por un acto reflejo, Christian alzó su brazo izquierdo, sin pensar en el dolor para cubrir su cara y esperar el golpe final.
Christian sintió como las uñas rasgaban su brazo. Ya estaba por desmayarse, estaba perdiendo mucha sangre de sus brazos y cabeza, era probable que tuviera rota la clavícula, y que después de esto, tuviera problemas en su hombro izquierdo.
En un principio se había dicho que esta no era la típica historia de la damisela en apuros, en peligro inminente, en parte era cierto. La diferencia era que Christian era la damisela en apuros, no había un príncipe, sino una mujer de cabello rojizo que llegaba en ese instante, o bueno, a Christian le pareció ver que era rojizo.
— ¡Aquí hay alguien!
Su voz era demandante, sin una pizca de terror, Christian quiso decirle que buscara a Amelia, que él estaba bien y que tuviera cuidado, pero se movió rápidamente y la hoja de un cuchillo alumbró con poca luz. Hubo un quejido como respuesta de su acción. Se escucharon pasos apresurados y luego como aquella mujer decía algo.
—Se han ido— informó—. Alguien que levante a este humano y lo dejen en el hospital. Luca y yo haremos una ronda para encontrarlos.
—Señora— intervino alguien con respeto, Christian no los podía ver, estaba en la oscuridad, pero los escuchaba a la perfección—. No creo que sea buena idea, ha sido rasguñado por uno de ellos y hoy es luna llena...
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Editado: 14.02.2026