Hidden World: Secretos entre las sombras.

Capítulo 3: ¿Dónde estoy?

Sentía el frío entrar por sus pies descalzos mientras caminaba por el bosque, solo caminaba, no conocía el lugar, pero sentía la familiaridad en cada uno de los árboles, arbustos y flores que pasaba. Christian pasó las manos por los troncos de los árboles, la textura dura y rasposa de la corteza estaba fría, sentía su pecho lleno de emoción, pero la ansiedad y el temblor de sus extremidades inferiores le hacían estar alerta, sentía la urgencia de llegar a su destino.

— ¿Creen que sobrevivirá?

Christian se detuvo en seco en medio del bosque al escuchar esas palabras, la neblina comenzaba a hacerse más espesa, provocándole dificultades para respirar, pero sus pies no dejaban de caminar por sí solos, trataba de detenerse porque empezaba a inquietarle algo, sentía pasos tras él por lo que no podía detenerse.

El corazón de Christian se aceleró, comenzó a correr sin control, no podía respirar, sentía como con cada paso que daba las ramitas se partían, pero se percató que no era solo él quien las rompía, no estaba solo, lo estaban buscando. Christian se detuvo en seco, su pecho subía y bajaba rápidamente, estaba a unos pasos de caer por un acantilado, instintivamente llevó su mano al collar que tiene en su cuello, era extraño, nunca lo había visto pero necesitaba tenerlo en sus manos, tomó aire profundamente y cortó los pocos pasos que le impiden caer y entonces, lo hizo, cayó.

— ¡Ahhh! — gritó Christian con todas sus fuerzas.

Christian se sentó, todas sus articulaciones dolían, sintió frío en su pecho y se dio cuenta que tenía el pecho descubierto y su cintura estaba cubierta por una delgada sábana blanca. No se había percatado de que no estaba solo, no hasta que miró toda la habitación, a la altura de donde debería estar su cabeza había una chica de cabello corto y castaño, tenía una leve sonrisa en los labios que desprende tranquilidad.

—Ahí tienes la respuesta a tu pregunta, Anna.

Christian buscó a la persona que le pertenecía esa voz, pero no veía a nadie.

— ¿Dónde estoy? — dijo él mientras se sentaba bien en la cama, recostando su espalda con la fría pared.

—En la cueva— miró a la chica que le respondía con tal empatía que le llegaba a agradar—. ¿Cómo te sientes?

Cuando sintió la mano de la chica en la frente, al mirar a Anna más de cerca, se dio cuenta que era más joven de lo que parecía, podría tener alrededor de dieciséis o diecisiete años.

—Estoy bien— dijo Christian juntando sus cejas.

Recapacitó, ¿Cómo que estaba en una cueva?

Eso no podía ser, estaba en una habitación común y corriente, dotada de todas las cosas necesarias para el cuidado de alguien, solo que era un poco sombría. Siguió analizando el lugar, miro con detenimiento a Anna, tenía un pantalón de cuero negro y una camisa de mangas largas gris, con su nombre y unas pequeñas palabras debajo que Christian no pudo ver con claridad, bordadas en rojo en el lado derecho de su pecho.

Anna iba a decir algo, pero se detuvo cuando la puerta se abrió de par en par, dejando entrar la luz y voces del exterior. Un hombre entraba, dejando ver la seriedad que habitaba en él, tenía la misma ropa que Anna, solo que su camisa era azul oscuro.

— ¿Ya lo sabe? — preguntó.

Miro a Anna y esta negó. Él caminó con sus manos a su espalda, con una pose erguida, sus botas eran negras y se veían pesadas y resistentes. No sabía que estaba haciendo ahí.

—No, acaba de despertar, Luca.

Christian reconoció esa voz que intervino en ese momento. Una voz llena de indiferencia que había escuchado en algún lado, pero del cual no se acordaba recordaba. La dueña de esa voz, salió de una oscura esquina de aquella habitación, tenía los brazos cruzados, podía ser una cabeza más baja que el hombre que acababa de entrar en la habitación y qué ella había llamado por el nombre de Luca.

El cabello de la chica era liso y rojizo, sus ojos eran verdes, tenía buen cuerpo, ella vestía casi igual a las dos personas que estaban allí, solo que usaba una camisa de mangas largas y negra, se podía ver que en su perfil izquierdo y Christian pudo ver como en la parte de atrás de su espalda colgaban unas tiras un poco gruesas que no entendía si era algo extra de la camisa.

—Entonces es tu deber decirle, Anna.

Aquella niña se sorprendió y abrió exageradamente sus ojos.

—Señor, no creo que pueda ser capaz— comenzó nerviosa—. Hará muchas preguntas y…

—Sabrás que responder sin contar todo— dijo sin cambiar su semblante, sin mover muchos músculos de su cara—. Es parte de tu entrenamiento.

Anna miró a Christian, luego al tal Luca y, por último, a aquella mujer que no tenía nombre y era exageradamente seria e indiferente.

—Yo lo haré, Luca— dijo después de un suspiro de frustración—. No me queda de otra.

Christian notó cómo lo miraba de reojo. Liga la miró y formó una pequeña sonrisa en sus labios.

—Pero se un poco delicada al decirlo— dijo divertido y colocó una de sus grandes manos en el brazo de ella.

—Prometo no ser tan dura.

Luca asintió, miró a Anna y le hizo un gesto con la cabeza para que le siguiera. Ella se levantó, no sin antes sonreírle a Christian y salir con prisa detrás de aquel acuerpado hombre.




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