Hidden World: Secretos entre las sombras.

Capítulo 4: ¡¿Estás de broma?!

Christian palideció, frenó en seco y prefirió lastimarse el brazo izquierdo antes que chocar con aquella mujer al salir por la puerta.

¿Cómo puede ser tan indiferente al notar que la miraba detenidamente en la cicatriz?

— Lo siento…— dijo Christian agachando la cabeza.

La mujer lo miró de reojo y empezó a caminar antes que él.

¿Por qué tengo que equivocarme de esta manera?

Christian la seguía, caminaba con firmeza, tan erguida como el hombre llamado Luca que había salido de la habitación anteriormente, se encontraron con algunos chicos vestidos de la misma manera que Anna por el pasillo, había habitaciones por todo lado. Cuando notaban que Christian pasaba delante de ellos, se paraban derechos con los brazos a los lados, callaban o murmuraban por lo bajo mientras veían a la mujer que iba unos pasos delante de él.

Cuando llegaron al final del pasillo subieron unas escaleras, Christian seguía a la mujer rápidamente, ya que tenía un paso constante pero apresurado. Al terminar de subir las escaleras, se dio paso a un amplio salón, donde había más chicos uniformados, unos como el de Anna, otros con camisas azules oscuras y varios con camisas color vino tinto.

El pasar por la multitud se le complicaba a Christian, dado a que los jóvenes le cedían el paso a la mujer que iba delante de él mientras a él le tocaba esquivarlos. La mujer giró a la izquierda donde había un corto pasillo y abrió una fina y reluciente puerta de madera café.

Al principio, Christian pensó que era una biblioteca, pero no, parecía más un museo, con todo tipo de armas, figuras de taxidermias a tamaño real en vitrinas. Christian se acercó a una de ellas, era un lobo gris con blanco acostado, mirando hacia un lado y con sus patas delanteras cruzadas.

— ¿Crepúsculo o Diario de vampiros?

Christian dejó de mirar al lobo y miró a la mujer cuando le hizo la pregunta.

—Diario de vampiros— respondió él—. ¿Y eso que tiene que ver con que esté aquí?

—Al menos tienes buen gusto— dijo girando sus ojos, al momento que se cruzaba de brazos para sentarse en una mesa de roble café en el centro—. ¿Qué recuerdas?

Christian la miró confundido, ella con un gesto de sus ojos señaló las heridas de los brazos de él. Christian miró sus brazos, estaban cubiertos por unas vendas con un leve rosado en ellas. Se acercó a una de las vitrinas y vio su reflejo y pudo notar que no solo sus brazos estaban vendados, tenía vendas en su frente y cuello.

Debajo del ojo azul derecho tenía un gran morado que cubría más de la mitad de la cara y sobre su ojo café había una venda, justo ahí recordó lo sucedido, las imágenes llegaron a su mente, como al recordar unas escenas de película; como cayó del lado izquierdo, chocando su frente con el frío suelo debajo del puente, recordó a Amelia gritando, él siendo atacado por algo que no vio. Fue como si algo en él se desbloqueara, la preocupación le invadió y un solo nombre ocupó sus pensamientos.

Amelia…

— ¿Dónde está? — le preguntó a ella.

— ¿Podrías reconocerlos?

La mujer ignoró su pregunta. Christian se acercó a ella y por instinto la mujer se puso de pie, erguida sin mostrar emoción alguna. Christian quedó tan cerca de ella que sus respiraciones se mezclaban, con sus dos manos la tomó a ella por los brazos, ella lo miraba a los ojos dejándole muy claro que no estaba asustada.

—Por favor— dijo Christian soltándola—. ¡Dime dónde está ella!

La voz de Christian flaqueó, pero lo disimuló. Al parecer a ella nada le importaba porque volvió a tomar su pose en la mesa.

—Primero tienes que saber que lo que escuches aquí, no lo repetirás— dijo y señaló una silla para que se sentara, pero Christian no lo hizo—. Mucho menos que te des de escritor, espero que lo que te contaré no termine siendo una historia más y tú convirtiéndote en un periodista escritor de fantasía sobrenatural, Christian.

¿Cómo sabía ella mi nombre? O más interesante aún, ¿Cómo sabía que estudiaba periodismo?

— ¿Cómo...?

—Eso no importa— cortó tajante—. Solo quiero que sepas que esto no debe hacerse. Hablar con ustedes sobre este tema está prohibido.

— ¿"Ustedes”? — Christian hizo comillas con sus dedos.

—Christian— hizo una pausa para suspirar—. Ustedes fueron atacados por un licántropo hace dos semanas…

—Guao... alto ahí— Christian la detuvo antes de que siguiera hablando—. ¿Un Licántropo es un Hombre Lobo? ¿A eso te refieres?

—Sí, Christian, a eso me refiero— giro nuevamente sus ojos con hastió y comenzó a caminar para detenerse en la vitrina del lobo—. Existen muchas historias de cómo nacieron, una enfermedad, una maldición, un problema hereditario...— se encogió de hombros—. Todos creían que eran cuentos para asustar a los niños de noche, pero no, existen, están entre nosotros y ellos te atacaron. — dijo eso último al tomar una daga de piedra café, cuya punta se veía filosa.

— ¡¿Estas de broma?!— dijo Christian—. ¡¿Cómo va a ser eso posible?!

Christian pudo notar que cualquier cosa que dijera él iba a hacer que ella girara sus ojos cansada de sus preguntas.




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