Hidden World: Secretos entre las sombras.

Capítulo 5: Carrera 13, calle 3.

Christian se sentó en la orilla de la cama, observando con detenimiento la habitación que había ordenado aquella mujer a Anna arreglarle a Christian, era una secundaria, según le había explicado Anna a Christian, esas habitaciones eran para los principiantes, para aquellos chicos de primer año de entrenamiento.

Pero Christian no había prestado atención y ella, muy amablemente, se lo volvió a repetir. Aun así, por más que le entendía, no podía procesar la información, no dejaba de pensar en la forma en que aquella mujer le había dicho que los licántropos existían y que ellos eran los culpables de su ataque y de la muerte de “Amelia”.

Amelia… Mi Amelia no podía estar muerta.

Por más que Christian repitiera las palabras de la fría mujer en su cabeza, para él era mentira. Su amiga, novia, prometida, no podía estar muerta. De solo pensarlo, le hacía creer que estaba en un sueño, en una cruel pesadilla. De solo pensarlo, sentía que estaba atrapado en un sueño, en una cruel pesadilla de la que no podía despertar.

Christian se levantó de la cama y caminó por toda la habitación, todo estaba oscuro, pero se movía con tranquilidad, estaba acostumbrado. La habitación no tenía muchas cosas, solo dos puertas; la del armario y la de salida, dos mesas, una pequeña junto a la cama con un reloj, y una grande que hacía funciones de escritorio, con cuadernos, lapiceros y una lámpara. No había interruptor de luz, la única luz que había era la que entraba por la pequeña ventana que había y daba al pasillo.

Christian corrió la cortina y miró por el pasillo, no vio a nadie y tomó un buzo gris, salió de la habitación cubriéndose con la capucha. caminó sigilosamente por el frío pasillo, había muchos pasillos conectados a ese, así que su instinto de supervivencia le dijo que tenía que seguir derecho, hasta que se encontró con una pared. Miro a ambos lados y a su derecha había un pasillo que daba a lo que él suponía que eran más habitaciones y a su izquierda había una sola puerta y unas escaleras.

Al subir las escaleras, se encontró con otro pasillo unido a unos más pequeños.

—Esto es un laberinto.

Inhalo profundamente y camino sin más, tratando de no llamar la atención, lo logro y subió las escaleras que al final se le hacían tan conocidas, era por donde había caminado horas antes con aquella mujer que le causaba tanta intriga, aquella que aún no le decía su nombre y muy seguramente no lo haría.

Había algo en ella que Christian aun no entendía… ¿Qué le había pasado para ser tan fría?

El lugar sorprendió a Christian, era espacioso, más de lo que había percibido inicialmente, podía observarlo con mayor detenimiento ahora que no estaba abarrotado de tantas personas. había muchas puertas, grandes cuadros de personas: mujeres y hombres, en traje blancos, todos con una expresión seria y fría en el rostro.

¿Y ahora qué hago? No sabía que puerta tomar y había tantas que le daba pavor llamar la atención, quería irse sin que nadie lo notara, quería estar en su apartamento, solo, o tal vez buscar a Amelia en los hospitales y decirles a los policías lo que había pasado, porque la verdad, Christian no se creía nada eso de la existencia de los licántropos.

Al escuchar como una gran puerta se abrió y risas provenir de ella, se escondió al lado de un jarrón que tenía líneas hacia diferentes direcciones. No había mucho en lo que podía esconderse, solo había cuadros, varias columnas y jarrones grandes.

Al ver la puerta desde donde estaba escondido Christian pudo ver la puerta entrar a ocho chicos con camisas vino tinto, reían, notó que venían sudados y manchados de tierra, pero su atención recayó en la figura que iba tras ellos, era ella, la mujer de la cicatriz, caminaba derecha, dejando apreciar mejor su cuerpo y mostrando que era la líder del grupo, su rojizo cabello estaba recogido en una coleta alta, también iba manchada de tierra, pero su rostro no mostraba nada, iba completamente seria.

Él no sabe en qué momento fue, pero estaba completamente embobecido viéndolos a ellos que no percibió que estaba saliendo de su escondite, así que rápidamente volvió a su lugar, justo a tiempo cuando ella se detuvo y miro hacia donde estaba él. Christian aguanto la respiración, lo que menos quería es que alguien lo notara y menos que fuera ella.

— ¿Cuál es la demora, Anna? — dijo ella mirando hacia la puerta.

La pequeña figura de Anna salió por la puerta, su camisa gris estaba completamente manchada de tierra y su cabello estaba desordenado.

—Lo siento, señora, solo me distraje.

Anna camino con rapidez y siguió a los demás chicos, cuando estos se perdieron en unas de las puertas, Christian aprovecho para salir de su escondite y camino a la puerta. Al parecer Anna era muy distraída porque la puerta quedo entreabierta, él aprovechó eso y cruzo la puerta, justo cuando a sus espaldas alguien hablaba y no era cualquier persona.

— ¡Anna dejaste la puerta abierta! — dijo ella y su tono de voz era de fastidio.

él sintió sus pasos y rápidamente bajos tres escalones que había en la entrada y se hizo a un lado de la pared lateral. conto con suerte de no caerse.

Todo estaba oscuro y se giró para darle un vistazo al lugar de donde había salido, tal vez era gris pero no supo con exactitud ya que la noche estaba muy oscura y solo había un farol en la carretera. No había ventanas, eso lo pudo notar. Se acerco y toco la pared, era de piedra y estaba fría, retrocedía unos pasos, sin dejar de ver el lugar, se extendía a lo ancho, no podía decir hasta donde llegaba, cuando sentido la reja a sus espaldas se detuvo sin dejar de ver el lugar, había una torre no muy alta, podría ser de cuatro o tres pisos, de una sola ventana en lo más alto.




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