Hidden World: Secretos entre las sombras.

Capítulo 7: ¿Qué planeaba hacer, ***?

Su espalda volvió a sentir dolor, una corriente recorrió su columna, desde su cintura hasta su cuello, sentía que sus pulmones se quedaban sin aire y trataba de respirar, pero el agarre de aquel hombre se lo impedía. El hombre repitió la acción, pero esta vez dejándole caer, haciendo que cayera sobre su brazo derecho.

No podía soportarlo más. Estaba muy adolorido y no sabía lo que querían ellos.

Hasta que recordó que ella le había dicho minutos antes que iban por él. Quiso llamarla, pero ella estaba peleando con aquel hombre, lanzándole lo primero que encontrara.

—No vales nada, ellos mintieron. —dijo el hombre con diversión.

Christian vio pequeños trozos de vidrios esparcidos por el lugar y tomó uno, justo al tiempo en que él volvía a levantarlo para repetir aquella acción de tortura.

Una más… y no sabría que sería de mí.

—O tal vez se equivocaron contigo. — dijo muy cerca del rostro de Christian.

Sonrió de lado y tomó impulso para tirarlo nuevamente a la pared, así que Christian lo hizo, le enterró el vidrio en el cuello, nunca había peleado o agredido a nadie, la sola idea le aterrorizaba, pero esta vez no se sentía mal por haberlo hecho porque era su vida la que estaba en juego.

El hombre gritó y lo soltó, Christian cayó al suelo sentado y su cabeza chocó contra la pared. El hombre se llevó las manos al cuello, justo donde estaba el trozo de vidrio en su tráquea.

— ¡No lo retires y saca al chico de aquí! — gritó el otro hombre que peleaba con ella.

El hombre hizo lo que el otro le ordenó. Se enfureció, su respiración se aceleró y se abalanzó hacia Christian.

Como no podía moverse rápidamente, solo pudo cubrirse el rostro con sus brazos, esperando el golpe que nunca llegó. Retiró los brazos y alcanzó a ver el cuerpo frente a él, con los ojos fijos en la nada, con el vidrio más profundo en su cuello.

— ¿Estás bien? — ella se acercó a Christian, hubiera querido creer que en su voz se escuchaba preocupación, pero seguía siendo neutra, demandante y sin emoción.

— ¿Qué ha sido esto, Danna? — ella se giró al escuchar su nombre.

¿Danna?

Y hasta ahora sabía cuál era su nombre, pero no lo pensó mucho porque su mirada estaba en la persona que la había llamado. No lo pudo ver con claridad, solo sabía que era de la altura de Danna o un poquito más y su voz era gruesa, había sonado preocupado.

—Los licántropos, Hank— dijo ella ayudándole a Christian a levantarse.

— ¿Y ellos qué quieren?

Ella le dio una corta mirada a Christian antes de responder.

—Lo quieren a él— dijo y no dejó que Hank hiciera alguna pregunta—. Fue atacado hace dos semanas por un grupo de licántropos en luna llena, tal vez lo reclaman. Debemos volver a la cueva.

—Los acompaño…

Y Christian no escuchó qué más dijo porque se desmayó y a lo lejos, escuchó que decían su nombre, pero se dejó llevar por la oscuridad.

Cuando reaccionó, estaba solo en la habitación que había dejado hacía unas horas cuando reaccionó la primera vez. Se sentó a la orilla de la cama, con sus brazos a cada lado del cuerpo, dando un profundo suspiro que provocó que cada músculo de su cuerpo doliera.

Si eso había sido un sueño, era muy realista, porque el dolor que sentía por todo el cuerpo era severo y en su espalda aún más. Christian se levantó de la cama y notó que su cuerpo estaba desnudo, negó levemente mientras ponía sus manos en la cintura.

¿Por qué cada vez que despertaba en ese lugar estaba sin ropa?

La habitación se iluminó.

— ¡Dios Santo! — exclamó la persona y Christian miró que se estaba cubriendo los ojos—. Lo siento, debí tocar antes de entrar...

—Anna...— dijo mientras se cubría con la sábana de la cama.

—Lamento ser tan imprudente... yo pensé que aún seguía dormido y por eso entré sin avisar...

—Anna, entra— dijo y ella lo hizo, pero se golpeó con el marco de la puerta por cubrirse los ojos, él quiso evitar reír por su inocencia—. Puedes quitarte las manos de los ojos.

Ella corrió uno de sus dedos para mirar entre ellos. Volvió a reprimir una carcajada, pero le ofreció una sonrisa divertida, era una niña inocente, nerviosa y al parecer distraída porque arrugó la frente pensando para qué había ido hasta mi habitación.

— ¡Ya lo recuerdo! — dijo emocionada con sus dos manos detrás de la espalda, moviéndose de un lado a otro mientras miraba la habitación—. Señor Christian, el maestro Luca y la señorita Danna, lo esperan en la galería.

—Dime Christian— le aclaró con una sonrisa, ella asintió y vio como comenzaba a marcharse—. Anna— le llamó y ella se giró—. ¿Solo venías a decirme eso?

Ella asintió.

—Dice la señora Danna que usted ya se sabe el camino.

Dicho eso salió de la habitación. Negó y camino al armario, toda la ropa era gris, aunque había pantalones de cuero negros. Optó por una sudadera gris y ancha, pero que le quedaba ajustada, tomó una de las camisas y salió de allí.




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