—Estaba a punto de golpear a uno de tus aprendices, Luca. —dijo divertido y pasó por el lado de Christian para sentarse frente a Luca.
Hank colocó una pierna sobre la otra, con las manos entrelazadas detrás de la cabeza y se tiraba un poco hacia atrás, la silla apoyada únicamente sobre las patas traseras.
—Yo no iba a hacer nada. — repitió Christian entre dientes al tiempo que miraba al tal Hank.
Hank lo miró divertido y Christian vio cómo una sonrisa burlesca salía de sus labios. Christian dio un paso adelante, pero la voz de Luca lo detuvo.
—Christian, él es Hank— lo miró—. Él es el jefe de los vampiros de la ciudad.
—Y vuelven con lo mismo.
Lo había dicho en un susurro para sí, pero al parecer Hank leyó sus labios.
—Así que no cree en los sobrenaturales. Hummm.
Cuando Christian quiso verlo y reclamarle, Hank lo tenía arrinconado contra la pared, una de sus manos le sujetaba de la camisa en un puño y su antebrazo estaba pegado a su pecho, no sentía el piso y miro sus pies.
¡¿Me levantó con una sola mano?!
Christian lo miró, estaba sonriendo de lado, sus ojos verdes brillaban, acercó su rostro al él, dejándole ver con claridad sus pupilas y como se dilataban, volviéndose un poco gris. Christian sintió frío y fue a causa de su respiración.
—Así que no crees en los sobrenaturales— volvió a repetir con sorna y diversión—. Veamos si después de esto seguirás creyendo que no existimos...
Los ojos verdes de Hank cambiaban a un gris, sus pómulos se elevaron y miró hacia su boca que estaba abierta y de ella salían un par de colmillos afilados, su piel se tornó un poco pálida, su respiración más fría.
Se acercó al cuello de Christian y su corazón comenzó a latir rápidamente.
¿Estaba pasando de verdad? ¿Había visto largos y afilados colmillos en su boca?
No quería creerlo, pero ahí estaba él, acercándose a su cuello. Sintió como sus colmillos rozaron la piel de su cuello, eran afilados, se sentían como agujas.
—Creo que le ha quedado más que claro de la existencia de los vampiros, Hank. — dijo ella.
Christian miró por sobre el hombro de Hank y vio a Danna desde allí, de brazos cruzados e indiferente mientras Luca estaba de pie con sus manos en la mesa preocupado.
—Ella siempre le quita la diversión a todo— dijo en un susurro en el cuello de Christian, bajándolo y organizando su camisa mientras sonreía—. ¿No crees, Christian?
Hank se alejó de él alzando sus brazos a los lados mostrándole a Danna y a Luca que todo estaba bien. Luego metió sus manos en los bolsillos de sus pantalones tarareando alguna canción mientras se volvía a sentar en la silla.
Christian quería irse de allí así que comenzó a caminar hacia la salida, abriendo la puerta, esta se cerró nuevamente produciendo un sonido fuerte y molesto, era Hank quien había impedido su acción. Christian no lo iba a negar, se asustó por la velocidad y lo silencioso que podía ser.
—Por mí te habría dejado ir— dijo al tiempo en que lo giraba y le empujaba para volver a donde estaban los demás—. Pero ellos necesitan hablar contigo y yo no quiero problemas con la manada de lobitos... así que te sentaras y escucharas lo que ellos vayan a decirte.
Christian le dio una corta mirada antes de hacer lo que él había dicho. Su tono de voz era serio, si hace unos minutos casi le drena la yugular solo para hacerle creer en los vampiros, él no quería imaginar cómo era enojado. Algo le decía que no era bueno contradecir.
— ¿Por qué te quieren? — preguntó Luca morando a Christian.
—No, no puede ser que me quieran a mí.
— ¿Siempre es así de negado? — expresó Hank buscando una respuesta de Luca y de Danna.
Habían pasado alrededor de veinte minutos en los que le estaban explicando a Christian que era a él a quienes los pulgosos, como les llamo Hank, querían llevárselo, porque buscaban tener a su manada unida.
Podía empezar a creer que los vampiros y hombres lobo existían, pero de ahí a que él fuera un licántropo… eso era otro nivel.
Todo era raro, las emociones de Christian estaban a flor de piel... ¿Y quién no lo estaría si hubiera sido atacado y había perdido ese día a su novia?
Christian trataba de no pensar en ella, no porque quisiera olvidarla, porque nunca lo haría. Había sido y siempre sería lo mejor de su vida, no había alguien que pudiera hacerle sentir lo que ella le hizo sentir y lo que sigue provocando en él después de ya no estar.
Amelia... baja en estatura, pero grande de corazón, de pensamientos libres, aquella que se levantaba a su lado en la cama con una risa en sus labios al ver que había un sol resplandeciente, aunque él sintiera que hacía demasiado calor y se quejara por ello.
—Christian— Luca lo sacó de los pensamientos—, no podemos negar nada...
— ¡QUE YO NO TENGO NADA QUE VER CON ELLOS! — gritó al tiempo que pateaba una silla.
La silla salió volando en la dirección que estaban Danna y Luca, ambos se agacharon y miraron la silla estrellarse contra una vitrina, rompiendo el vidrio y la silla rompiéndose en dos.
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Editado: 11.03.2026