Hidden World: Secretos entre las sombras.

Capítulo 9: A tres dedos.

— ¡Lo entiendo, Luca! — dijo posando sus manos en su cabeza y luego girándose frente a Christian—. ¡Pero este humano es muy idiota! — lo miró con frialdad—. ¡¿No le basta haber visto cómo los malditos peludos se merendaron a su, igual de idiota, novia?!

Christian se habría dejado decir cualquier cosa sin rechistar, siempre que fuera contra él. La sola mención de Amelia y la forma en que lo había dicho hizo que su sangre hirviera. No lo iba a permitir, no permitiría que hablara así de Amelia.

— ¡No tienes derecho a expresarte de esa forma sobre Amelia!

Se acercó a ella. Danna levantó el mentón y él igual. Ambos se retaban.

— ¿Oh qué? — alzó sus brazos—. ¿Qué me harás?

— ¿Acaso eres tan insensible? — dijo Christian entre dientes por la actitud que tenía—. ¿No hay nada que te importe? — la miro a los ojos, pero no vio nada más que rabia y las ganas que tenía de explotar contra él.

Se quedaron un rato mirándose fijamente, esperando que alguno hiciera el primer movimiento. Cuánto tiempo pasaron retándose, no se sabía, solo hasta que la divertida voz de Hank resonó en el lugar.

— ¿Y se van a quedar ahí?

Ninguno de los dos hizo algún movimiento más que el necesario para respirar.

— La destripadora perdiendo el control con un simple humano…— volvió a hablar Hank acompañando lo dicho por una risita divertida—. ¿Generalmente no son muy amigables, Luca?

Danna se alejó de él y le dio una mirada furiosa a Hank a quien solo hizo que riera más.

—Lo son, Hank— dijo Luca mirando de forma desaprobatoria a Danna—. Los destripadores son modelos a seguir, Danna.

— ¿Qué son los destripadores? — preguntó Christian.

Luca le dio una corta mirada a Danna e hizo un gesto para que lo siguieran, Danna y Hank quedaron detrás de Christian.

Caminaron por donde estaba la vitrina rota y alcanzó a ver una puerta detrás de una estantería.

— ¿Hace cuánto fue el ataque? — preguntó Hank y Luca mostró dos de sus dedos mientras cruzaban por la puerta y bajaban unas escaleras y al parecer Hank lo entendió—. ¿Y qué es lo que sabe entonces?

Había poca luz en el lugar, pero Christian podía moverse sin problema. Al final de las escaleras había otra puerta; se veía más vieja, pero estaba en buen estado.

—Nada— dijo Danna pasando por el lado de Christian y chocando con su hombro, abriéndose paso para entrar por la puerta y antes de hacerlo, se detuvo en el marco, al igual que Hank y ambos lo miraron de pies a cabeza—. No le doy mucho tiempo de vida entre las sombras.

Y entró seguida por un divertido Hank con las manos en sus bolsillos.

—Esperemos que eso no sea cierto— dijo Luca poniendo una de sus manos en el hombro del chico, cerró un poco la puerta y suspiro—. Necesito que pongas de tu parte, Christian. Danna es una chica de poca paciencia, pero muy fuerte, ha luchado por el rango en el que está ahora, muchos quieren alcanzarlo y pocos le agrada eso.

— ¿Qué es ella? — preguntó, refiriéndose al título que le habían dado.

— Un destripador es el rol más importante entre nosotros, los cazadores, incluso su palabra puede ser más valiosa que la de los dirigentes— dijo cordialmente—. Y lo que los diferencia, es que los dirigentes no están en la zona de combate, solo administran el lugar.

—Ya, pero eso no le da derecho a tratarme de esa forma.

—Tienes razón, como te dije, ella tiene poca paciencia y ha luchado por lo que es ahora— Luca sonrió de forma amigable—. Todos los cazadores quieren serlo, piensan que es un honor. En la historia solo dos han rechazado serlo...

— ¿Quiénes?

Luca se encogió de hombros y abrió la puerta.

—Te dejo la tarea a ti, Christian.

Guiñó uno de sus ojos azules y entró. Al parecer él vio la curiosidad que le había despertado el tema. Ahora quería saber más de este mundo y debía acostumbrarse. Tenía menos de una semana y media para saber si pertenecería a ese mundo como un hombre lobo, tal como decía Danna.

Escuchó como Danna gritaba algo y Christian entró, lo que vio le sorprendió. Los dos hombres estaban colgados de sus brazos, con cadenas de metal reluciente. Y ahora podía verlos claramente, eran de la misma altura, del mismo tono de piel, la forma de sus rostros era igual, eran familia.

—No les conviene callar— dijo ella acercándose a una mesa—. No estoy de buen ánimo en este preciso momento.

Notó cómo cada respiración de los allí presentes, se volvía blanca y luego desaparecía, y eso era raro, porque no sentía que en aquel lugar hiciera frío.

La habitación estaba llena de cadenas y ganchos, justo detrás de los dos hombres que miraban a Danna con detenimiento y desprecio. Había sillas apiladas con grilletes de cuero. Había una mesa a lo lejos de metal y un gran archivador.

—Vuelvo a repetir— dijo ella arrastrando cada palabra con desprecio—. ¿Por qué lo quieren a él?

Le señaló sin apartar la mirada de lo que estaba haciendo. Al ver que ellos no decían nada, ella se giró rápidamente lanzando algo con fuerza, solo supo que fue cuando vio que el objeto se incrustó en el abdomen de uno de los hombres, pudo reconocer que era quienes le habían atacado.




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