Christian sabía que estaba mal mentir, sobre todo, mentirle a Anna, pero no quería que vieran lo rápido que había sanado, porque él aún recordaba lo grande que habían sido los rasguños, el dolor impresionante que había sentido, no era médico, pero sabía que en tres semanas no iban a sanar tan rápido, que apenas y se notarían.
Vio como ella pasó su mano derecha por la puerta, no se había dado cuenta que llevaba una pulsera gris. La puerta hizo un clic y ella procedió a empujarla.
— ¿Qué...? — Christian dejó la pregunta en el aire.
—Las puertas funcionan con un chip que hay en estas pulseras — le explicó Anna—. No puedes salir de la Cueva si no tienes una.
—Pero yo he salido sin tener una.
—Sí, lo más seguro es que era porque alguien dejó la puerta abierta— se encogió de hombros—. Dependiendo de tu rango tienes acceso a ciertas partes de la Cueva— Anna notó la confusión de él—. Puedes salir de tu habitación porque la abres desde adentro.
Christian asintió recordando que la vez que salió había encontrado las puertas abiertas.
Había muchos chicos caminando de un lado para otro en el gran salón, vestidos de diferentes colores. Christian siguió a Anna tratando de no escuchar lo que decían los presentes entre ellos sobre él. Anna abrió una puerta y bajaron, todo era bajar o subir escaleras, cada vez más, Christian confirmaba que este lugar era un laberinto.
Escuchó golpes y respiraciones agitadas. Una vez dejaron las escaleras, vio habitaciones, pero no eran como en la que dormía, estas tenían un gran vidrio que dejaba ver por dentro, donde había grupos de chicos peleando entre ellos, con dagas, espadas, hachas, etc., en otros había unos chicos recibiendo instrucciones, lo más seguro es que los vidrios eran iguales a los que usaban en las salas de interrogatorio de las estaciones de policía.
Anna se detuvo ante una puerta que solo tenía una ventana, pero de la cual no podía ver nada.
—Entra, el maestro Luca a esta hora se encuentra aquí. — dijo Anna y se marchó caminando con un leve salto, haciendo que su corto cabello se moviera de lado a lado.
Suspiró antes de tocar y entrar, Luca estaba sentado detrás de un escritorio, mirando unos papeles, no era muy grande y solo había lo necesario, unas repisas con libros, unos archivadores, una pequeña lámpara iluminaba su escritorio, dos sillas frente al escritorio.
—Siéntate, Christian— señaló una de la silla y le obedeció—. ¿Cómo te sientes?
Christian entendió que se refería a todo lo que pasó ayer.
—Mejor. — volvió a mentir y por instinto tocó sus vendas.
La verdad es que se sentía cansado, física y emocionalmente. Empezaba a creer en lo que sucedía, en el mundo de las sombras, pero algo dentro de él esperaba que todo fuera una pesadilla.
—Me imagino que Anna te explicó cómo moverse por el lugar.
—Sí, me explico algo— fingió una sonrisa—. Ya no me pierdo.
Luca río y se inclinó para sacar algo de su escritorio.
—Toma, es justo que lo tengas por estos días.
Le entregó una manilla negra. Era de silicona negra, con letras en ella.
— ¿PC? — preguntó.
Luca levantó su mano derecha donde había una igual.
—Son las que nos corresponden a los cazadores que somos profesores.
Christian asintió y se colocó la pulsera en su mano izquierda. Se quedaron en silencio hasta que Luca habló.
—Me imagino que tienes preguntas.
Asintió: — ¿Cómo es que todo esto es posible?
—No lo sé— Christian juntó sus cejas ante su respuesta—. Hay muchas historias sobre cómo empezó todo esto, Christian— dijo al notar su confusión—. Quiero creer que todo empezó con una epidemia, donde surgieron los primeros vampiros, licántropos y brujos. Otros piensan que fue una maldición, pero... ¿Y cómo existió si solo éramos normales? Pero todos crecimos con la idea de la epidemia.
—Ya veo...— dijo él—. ¿Cómo es la historia de los licántropos?
—Se dice que ellos surgieron de una luna llena en la que la epidemia de fiebre amarilla, atacó una pequeña aldea de Bulgaria, donde alimentaron a los enfermos con lo único que encontraron, lobos. Se dice que el detonante para ellos fue cuando eran las doce, cuando la luna llena estaba en lo más alto— suspiró—. Por eso ellos se transforman en la luna llena, aseguran que los lobos que cazan estaban sufriendo una transformación de cachorros a adultos.
— ¿Y qué pasó con la aldea? — preguntó él—. ¿Los enfermos se transformaron ahí mismo o fue después?
—Ellos se sanaron y comenzaron a curar a los demás, pero no todos sobrevivieron, algunos aseguran que fue el poder de la luna llena y de los lobos la que les salvó— hizo una pausa—. Siguieron su vida normal, unos engendraron hijos después de sobrevivir— su voz estaba cargada de emoción, podría jurar que le gustaba contar la historia—. Pero todo cambió en la próxima luna llena, justo a las diez, comenzaron a sentir fiebre, luego a las once comenzaron a sentir rabia incontrolable o lloraban, sus sentimientos a flor de piel, les gritaban a sus esposas embarazadas, madres, padres, esposos, algunas mujeres que estaban embarazadas fueron sanadas también pero a las doce, pasó lo inevitable, sus cuerpos se empezaron a retorcer, a romper, cada parte de ellos, piel, huesos, órganos, comenzaron a sangrar por cada orificio, oídos, boca, ojos, nariz, por cualquier parte. — dijo.
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Editado: 28.03.2026