Hidden World: Secretos entre las sombras.

Capítulo 13: Licántropos en el puente.

No, claro que Christian no se iba a ir directamente a su habitación. Entonces esperó que estuvieran lo suficientemente lejos para ir tras ellos. Cuando sintió que ya el olor de ambos era leve, salió.

Eso de sentir el aroma de alguien era nuevo para él y no quería pensar en eso ahora, pero no podía. Había muchos aromas a su alrededor, todos distintos en esencia; unos eran puros, otros arrogantes, pero ninguno igual a otro. Nadie es igual al otro por más que sean familia o tengan similitudes.

Se centró en lo que haría, tratando de respirar poco, pero aun así la esencia de todos y cada uno llegaba a él. Así que se enfocó en ellos dos, en el aroma de Danna y Luca. Uno irradiaba ferocidad y decisión, el otro era fuerza y amabilidad.

— ¡Ay!

Christian sacudió su cabeza al escuchar esa suave voz y la miró. Anna estaba en el suelo, llevaba un libro que ahora estaba a su lado, su esencia era inofensiva.

—Lo siento, Anna, no te vi. — dijo y le ofreció su mano para levantarla.

Ella tomó la mano de Christian y se levantó, se sacudió y sonrió. Estaba tan concentrado en seguir a Danna y Luca que no la vio.

—Tranquilo...— comenzó, pero le interrumpió al sentir que el aroma de Luca y Danna se volvía débil.

—Lo siento, tengo que irme.

Le ofreció una sonrisa nerviosa y pasó por su lado. Él caminó apresuradamente y agradeció en el fondo que Luca le diera una manilla para moverse por el lugar. La noche estaba fría y no tuvo que abrazarse para darse calor, simplemente se sentía bien en la temperatura de la noche. Miró hacia la fachada de la Cueva antes de correr calle abajo.

Bendita carrera 13, calle 3.

La esencia se volvía cada más fuerte a cada paso que daba, llegando al centro, bajó la velocidad, las personas le veían curiosas, pero no era por lo que ellos pensaran que provocó que Christian disminuyera la velocidad, se detuvo para evitar ser visto por el grupo dirigido por Luca. Llevaban gran variedad de armas, pero pasaban desapercibidos bajo los ojos humanos.

Humanos, los había llamado así, suspiró con resignación, ya se estaba haciendo la idea de que su humanidad estaba muy lejos de él.

Llegando al puente, Christian escuchó gruñidos y se le erizó la piel al recordar lo sucedido. Se ocultó entre las sombras que había en la entrada debajo del puente, todo estaba oscuro, muy pocas lámparas tal como el día en que fue atacado y dio un paso adelante para tratar de ver mejor pero solo escuchaba como peleaban entre sí.

¿Acaso tenía que estar en medio de la disputa para poder ver mejor?

Y con ese pensamiento, todo se aclaró solo un poco, podía ver cada silueta. Reconoció a cada uno de los cazadores y era obvio que había más licántropos. Ellos estaban en desventaja numérica pero no de fuerza.

Vio como Luca luchaba con dos hombres al mismo tiempo y deslumbró una cabellera rojiza, como el fuego, de Danna moviéndose con cada movimiento que ella daba y en cómo cada golpe que propinaba lo hacía con urgencia para salvar a los más débiles.

La esencia de los cazadores se sentía a respeto mientras la de los licántropos era a humedad, pero... sentía una tercera esencia, la normalidad, había humanos en el lugar.

Christian sintió pasos y no eran de los que estaban peleando bajo el puente, había autoridad y eso hizo que se girara para ver a la persona que respiraba con rapidez frente a él, su piel blanca bajo la noche se veía tan limpia, suave, su cabello marrón oscuro llegaba hasta la mitad de su espalda y lo llevaba suelto, sus ojos del mismo color oscuro de su cabello lo miraban de forma inquisitiva, pensativa, como si viera en él algo que ya había visto antes, en otra persona. Tenía cejas delgadas, sus pómulos resaltan en sus mejillas y sus ojos eran grandes, era más baja que Danna, pero Christian tenía que alzar su cabeza para poder verla a la cara, porque estaban en un desnivel.

Pensó en correr, pero no lo hizo, sus ojos le tenían hipnotizado y sentía que no corría peligro.

—Tú debes ser Christian, ¿no?

Su voz era suave e igual de hipnotizaste que sus ojos. Christian asintió, aunque quería mentirle sobre quién era. No era capaz de hacerlo.

—Sígueme, quédate detrás de mí y no digas nada.

Pasó por su lado y su orden produjo en él una respuesta involuntaria. Era delgada y se notaba que tenía cierta edad sobre sí. Había experiencia en ella.

Cuando dejó de mirarla comprobó que caminaba hacia el lugar donde estaban los cazadores y los licántropos peleando. Ya estando cerca, vio que solo eran hombres, pero sus gruñidos eran parecidos a los lobos de esa noche. Ella se detuvo y él quedó entre las sombras, oculto de los ojos de los cazadores, ella silbó y los licántropos se detuvieron para mirarla.

— ¿Se puede saber qué es lo que está pasando aquí?

Su tono exigía una respuesta rápida, era demandante, pero sin perder la suavidad en su voz. Danna dio un paso adelante.

—Pasa que tus hombrecitos— dijo con desprecio—. Están atacando a estos humanos.

Señaló varios cuerpos inertes y personas que se quejaban de dolor y pánico en algún lugar.

—Ya veo— dijo la mujer frente a Christian escaneando el lugar—. Muchachos, ¿Qué pasó aquí?




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