Hidden World: Secretos entre las sombras.

Capítulo 16: Te necesito.

Filis caminó hacia la chimenea y le dio una sonrisa torcida, divertida. No lo había hecho solo para molestarlos.

—Creo que deberías dormir un poco, Christian— dijo—. Puedo sentir que estás exhausto. Puedes quedarte a dormir aquí.

Ella caminó hacia un armario y sacó una sábana.

— ¿No te cansa sentir todo lo que sienten tus seguidores?

—No los llames seguidores— dijo seriamente dejando la sábana en el sillón grande—. Solo los dirijo, los represento ante los cazadores. Y respondiendo tu pregunta, no, no me cansa, como dije antes, siento cuando uno muere y otro nace, pero también puedo sentir su estado de ánimo o físico solo si están cerca de mí, es por el bien de ellos que existe este vínculo.

Asintió y meditó las palabras de ella. Si eso era así... Eso significaba que ella podía saber quiénes fueron los responsables del ataque que sufrió.

— ¿Quién fue el que me atacó?

Filis, quien estaba dejando una almohada en el sillón, lo miro, su tranquilidad desapareciendo de ella. No se había esperado esa pregunta.

—Eso no importa ahora, Christian— dijo y limpió sus manos en la ropa—. Entenderé si no quieres dormir aquí esta noche.

Comenzó a alejarse y ver como se había limpiado las manos en la ropa sin haber tocado algo sucio, le dio a entender que sabía quién era el responsable y no quería decirle.

Dio varios pasos largos hasta alcanzarla y la tomó del brazo. Tenía que saber quiénes habían sido.

—Dime quiénes fueron.

Trató de que su voz saliera calmada, lo logró, pero su acción de tomarla por el brazo de forma autoritaria decía lo contrario. Si, tenía la necesidad de saber quiénes habían sido, quería preguntarles por qué lo hicieron y no lo hacía porque se vengaría, no lo haría, nunca le había gustado.

— ¿Para qué? — se soltó del agarre del chico—. ¿Venganza? — lo enfrento—. Perderías el tiempo, Christian, varios de los responsables están muertos, los que quedaron vivos salieron de la ciudad. Estoy buscándolos, pero saben esconderse— dio un paso al frente y él retrocedió, sus ojos se volvieron más oscuros y Christian apartó la mirada previniendo que fuera a meterse en su cabeza—. Generalmente nos transformamos y no salimos del Campamento, lo más seguro fue que la transformación sucedió justo cuando venían directo a este lugar.

La miro y trago en seco, sentía un nudo en su garganta. Su rostro estaba completamente serio y le molestaba hablar sobre eso, lo vio en sus ojos y como estos estaban entrecerrados.

—Descansa. — dijo y se alejó rápidamente, desapareciendo por una de las puertas.

Suspiró y se sentó en el sillón. Observó el lugar y optó por acostarse, colocando su brazo izquierdo sobre sus ojos. Sentía la manilla de silicona en su mano, quería salir de allí y volver a la Cueva, la conocía más que al Campamento, podría sentir tranquilidad, ese aire familiar, pero se sentía fuera de lugar. Pero mis ojos se sentían pesados, hasta que se dejó llevar por el sueño.

Chris...

Sigue mi voz.

Quiero que vengas conmigo.

Te necesito.

No me dejes sola nuevamente...

Amelia lo llamaba y él le había respondido. Estaba en el bosque y su voz se reproducía por entre los árboles, la buscó con desespero, camino por todo el bosque, cayendo varias veces por lo suelta que estaba la tierra, había piedras en el camino, hasta que llegó a un risco, donde Amelia estaba parada en la orilla, con un vestido blanco, en su cuello había un gran collar dorado, era un círculo con un símbolo extraño, no podía verlo con claridad. Ella le había sonreído, su cabello castaño estaba suelto, sus ojos azules lo veían a través de las lágrimas acumuladas. Su vestido estaba sucio de tierra y mucha sangre. Cuando dijo "No me dejes sola nuevamente", ella saltó y él no pudo hacer nada.

Christian se sentó de golpe en el sillón, aún estaba oscuro. Respiraba rápidamente y las imágenes de su sueño no le dejaban.

Con rabia e impotencia se levantó y salió de la casa de Filis, la luna estaba llegando a lo más alto así que apenas iba siendo media noche. Camino lo más lejos posible, sintiendo como los integrantes de las manadas dormían tranquilamente en sus casas. Una vez estaba dentro del bosque, lo más lejos posible del Campamento, golpeó con su puño el primer árbol que vio.

Sentía como sus nudillos crujían con el impacto, volvió a repetirlo. Necesitaba sacar de él la impotencia que sentía, no lo había querido reconocer, pero ya era hora, si no hubiera sido por él, por su poca fuerza, por lo inútil que era para pelear, Amelia seguiría viva, solo si él le hubiera protegido como debía, pero no lo hizo, no podía decir que porque estaba siendo atacado porque no se pudo ni defender a él mismo.

No había excusas. Amelia había muerto… y él seguía vivo.

Cuando le dio el último golpe al árbol, este se inclinó levemente. Se alejó y sentía como el sudor caía, pero no era sudor, era la sangre que caía de los nudillos de sus dos manos, tomó su camiseta y limpio sus manos, pero seguían sangrando.

Christian lo dejó pasar y siguió caminando con rumbo a la Cueva. Al llegar a la ciudad, sentía un aroma particular, a muerte. Miraba a todos lados por si alguien le seguía y no vio a nadie. Cuando llegó a su destino, ese aroma desapareció.




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