—Por favor, Christian, llevamos en estas casi una semana— dijo Danna—. ¿Y aun no puedes derribarme?
Miró a Danna, estaba agachado, con sus manos sobre las rodillas mientras buscaba aire, el sudor caía por su rostro y ahí estaba ella, frente a él, con su cabello rojizo en una cola alta y vestida completamente de negro.
Era verdad, llevaban seis días entrenando en la azotea, en las mañanas, tardes y una que otra noche, donde ella le enseñaba a aprovechar la oscuridad.
Si tan solo supiera que no la he derribado no porque no puedo… sino que no quiero.
Con Filis no solo aprendía a controlar sus sentidos y emociones, también luchaba con los integrantes de la manada, aprendiendo a luchar como ellos lo hacían, Danna hacía lo mismo, le enseñaba cómo peleaban los licántropos, pero a lo que ella conocía le faltaban muchas cosas que aprendió con ellos, nunca tenían una sola manera de pelear, según Filis, Christian era diferente y tenía que aprender todas las técnicas, Danna solo le enseñaba donde dar y con qué para matar y torturar.
Los licántropos eran muy fuertes y muy buenas personas, no como Danna los describe.
—Solo no quiero lastimarte. — susurró.
Christian se levantó y la vio cómo se cruzaba de brazos y le miraba a los ojos, quiso saber qué pasaba por su mente, pero no quería emplear el Citeste Mintea, Filis le había enseñado a manejarlo, sin necesidad de despegar los labios y decir las palabras.
Todavía recordaba que Danna esa mañana casi se dio cuenta que le había leído el pensamiento, buscaba mucho sus ojos y ella apartaba el rostro con recelo y confusión, hasta que captó su mirada cayendo al suelo en la práctica, y luego dijo las palabras, ella le pregunto que dijo e improviso.
—Primero lo hago yo, cachorro.
El chico salió de su recuerdo ante sus palabras. Era raro, ella no se refería a él como saco de pulgas, como le decía a los demás, pero tampoco aceptaba que fuera un licántropo, lo decía en una especie de juego.
Uno de sus pies pasó atrás, alzó sus puños y lo miro para que se acercara. Ya se estaba haciendo muy de noche, este era el día en que ella estaba frustrada y quería desahogarse.
Al parecer Hank no le ha visitado como debe.
— ¿Quieres que lo haga de verdad? — ella asintió y se colocó en guardia—. Lo haré si lo quieres.
—No quiero que seas condescendiente, cachorrito.
Sonrió de lado, pero era retador. Ella no sabía que ya solo le faltaba la última fase para ser un licántropo, prefería tenerlo oculto a todos, se había acostumbrado a estas paredes y por más que se llevara bien con los de la manada no me sentía bien estando allí.
Cerró los ojos y respiró hondo, sintió ese aroma a muerte y dulce a la vez, sonrió, cada vez que estaba fuera en la noche lo sentía, lo acompañaba a todos lados, ya era familiar para él.
Abrió sus ojos y caminó hacia Danna, se detuvo frente a ella, sin colocarse en guardia y ella lo miraba desde abajo, no se había movido.
—Si quieres que te derribe debes atacarme primero, destripadora.
Vio como el reto iluminaba sus ojos verdes. Se encogió de hombros y el chico sintió como la pierna de ella que le servía de apoyo empujaba su pie izquierdo hacia atrás, haciendo que lo desequilibrara, pero aprovechó la ocasión para tomarla por el cinturón antes de que se alejara, y tiró de ella, haciendo que su cuerpo se cayera sobre él.
Sus rostros estuvieron frente a frente, pero ella rápidamente le empujó y le dio un puño con su brazo izquierdo. No quería usar toda la fuerza que ahora tenía, pero iba a utilizar solo la necesaria. Era zurdo, pero Filis le había enseñado a ser ambidiestro.
Cuando su puño le hizo girar el rostro, Christian volteó su cuerpo agachándose y estirando su pierna derecha para derribarla, cayó de rodillas, sosteniéndose con las palmas de las manos, alzó su cabeza y sonrió.
—No está nada mal— dijo desde allí—. Pero no te confíes.
Esas palabras fueron seguidas por ella corriendo hacia él y saltando, sus piernas quedaron alrededor de su cintura, en un agarre fuerte y sus puños igual. Con una de sus manos la sostuve por una pierna para que no se cayera mientras se cubría con la otra.
— ¡Defiéndete, Christian! — dijo—. ¡No importa que sea mujer, nunca luchamos limpio contra ustedes cuando lo hacemos!
Seguía cubriéndose de cada golpe que le mandaba mientras que se movía por la azotea, algo bueno de lo que aprendió con Filis es que podía recordar dónde estaba cada cosa y sabía cuál era el límite de la azotea. Golpeó su espalda contra la pared, obviamente no con tanta fuerza, solo lo suficiente para hacer que dejara de golpearlo. Se alejó de la pared mientras se miraban retadoramente.
Gândul Tâu.
Y con eso, entró a sus pensamientos, vio cómo le gustaba esta disputa y quería más, que fuera más ruda, pero no lo haría, no la golpearía. Pensó en bajarse por sus piernas sin necesidad de soltarse para hacerle caer hacia atrás, pero no la dejó porque su mano aún seguía sobre su pierna, no importaba que luchara con todas sus fuerzas. Rápidamente pensó en echarse hacia atrás y sostenerse con sus manos y así librarse, dejó que se echara hacia atrás pero cuando intentó soltar sus piernas, Christian se impulsó también, dieron una vuelta y ella quedó sobre él, intentó golpearlo con el codo y él se giró para quedar sobre ella.
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Editado: 12.04.2026