Le echó un vistazo al lugar, había una pared que llegaba a su pelvis y de ahí se extendía una gran red metálica, no había techo, pero era la misma red, era una jaula.
Mal momento para haber dejado de leerle la mente a Danna. La veía tan neutra y fría, pero sabía que esto le importaba, ella era más simpática de lo que parecía.
—No toques la red si comienzas a sentir que cambia tu cuerpo— dijo Luca cerrando la puerta y guardando la llave en su bolsillo—. Es plata.
Christian asintió. Había hecho la tarea completa con Filis quien le había enseñado todo. Los licántropos eran alérgicos a la plata y a una flor de la que no recordaba el nombre.
Buscó a Filis que estaba del otro lado con sus dos amigos y asintió levemente para que nadie se diera cuenta. Le había dicho que era cierto lo que Luca le había dicho, que a las diez comenzaría a sentir fiebre, a las once se pondría de muy mal humor y que a las doce cambiaría, solo que duraría una hora transformado y que después, en las siguientes transformaciones, desde las diez cambiaría y no volvería a ser humano hasta que no saliera el sol.
Ella gozaba de ser la líder, quien en las noches de luna llena se podía transformar a la hora que quisiera sin esfuerzo, mientras sus dos amigos, se transformaban sin perder un minuto, pero eran tranquilos... civilizados, les llamó él.
—Son las diez.
Miró a Hank que se recostaba en un árbol con los brazos cruzados. Al parecer ya no le agradaba, todo por Danna.
Ahora que lo pensaba bien, con el leve pensamiento y la forma en que lo pensó, le dio a entender a Christian que quería de verdad a Danna, pero ella sentía aprecio por él, se emocionaba al verlo, pero no llegaba a amarlo. Eso le dio ganas de reír, pero se contuvo ante la situación.
Habían pasado quince minutos, pero había un gran e incómodo silencio.
— ¿Cómo te sientes? — preguntó Danna fríamente.
—Normal.
—Creo que su transformación no pasará— dijo Danna mirando a Luca y de soslayo a Filis—. Han pasado quince minutos y no hay cambios en él.
—No te confíes, destripadora, puede tardar. — intervino Filis.
—He visto muchas transformaciones, Filis, ya era para que empezara a cambiar.
Empezó a escucharlas discutir mientras Luca trataba de calmarlas, Hank las veía divertido y los dos chicos ya no estaban.
—Deberías marcharte con tus perritos— dijo Danna—. Christian no será uno de los tuyos.
Escuchó unos gruñidos y todos miramos a la dirección en que provenían. Dos grandes lobos salían de entre los árboles, dos lobos color café con unos oscuros ojos color marrón, se detuvieron justo detrás de Filis y se sentaron.
Las dos mujeres no perdieron tiempo y siguieron discutiendo, Christian miró la luna y observo como poco a poco era más visible. Las hojas de los árboles comenzaban a moverse, captó como los dos lobos lo miraban, con sus dos grandes y peludas orejas hacia atrás, lo notaron y él también, comenzaba a hacer calor.
Se quitó la camisa, estaba sudada por completo. No sabía en qué momento había comenzado a sudar. Pasó la mano por su frente para retirar el sudor en ella. Comenzó a hiperventilar, su piel estaba ardiendo, solo los lobos se habían dado cuenta, Hank estaba entretenido diciendo cualquier cosa para hacer enojar más a las dos mujeres.
Con la camisa retire todo el sudor y se echaba aire, hacía mucho calor esa noche, pero comprendió que no era la noche calurosa, era su transformación que comenzaba. Volvió a mirar a la luna y en la posición que estaba supo que no quedaba mucho para las once.
¿En qué momento había pasado el tiempo?
De un momento a otro empezó a tener frío y se volvió a colocar la camisa y se abrazó. Miró al grupo que sigue enfrascado en su discusión, todos menos los dos lobos que le miran atentos.
— ¡¿Podrían dejar de discutir?!— exclamó él—. Aun sigo aquí.
Todos miraron a Christian, en completo silencio. Incluso Hank tuvo una leve sorpresa.
—¿Qué sientes, Filis? — le preguntó Danna.
— Nada.
— ¡¿Deberías sentir algo, maldita sea?!— le encaró la rojiza—. Se supone que era la líder.
Y volvió a empezar la discordia.
En definitiva, esas dos mujeres no se gustan.
Christian se empezaba a molestar, sentía la ira correr por cada parte de él, pero sus ojos se abrieron en sorpresa cuando de la nada, Luca cayó de rodillas en la hierba, con una de sus manos sosteniendo su cabeza y con la otra la mano de Filis.
— ¿Qué te pasa, Luca? — le preguntó Danna preocupada.
El castaño trató de decir algo, pero sus labios no se movían lo suficiente, balbuceaba y no le podía entender lo que decía. Danna se hizo a su altura buscando sus ojos, con una de sus manos sostuvieron el mentón de Luca para mirar todo su rostro, estaba completamente desorientado y sus ojos se abrían y se cerraban como si estuviera muerto del sueño.
—Estoy...— comenzó a decir, como si estuviera borracho—. Bien...
Y no lo estaba porque cayó de frente y si no hubiera sido por Danna y Filis se hubiera golpeado fuertemente el rostro. Danna lo acomodó en la hierba mientras revisaba todo su cuerpo y se detuvo en la pelvis de Luca. Danna retiró un pequeño dardo rojo con plumas negras que estaba en los glúteos de Luca.
#1207 en Fantasía
#685 en Personajes sobrenaturales
#320 en Joven Adulto
vampiros y hombreslobo, humanos y cazadores, brujos y maldiciones
Editado: 12.04.2026