Hidden World: Secretos entre las sombras.

Capítulo 24: ¿Te gusta?

Danna quiso decir que él no era un licántropo, que solo era un estúpido e idiota humano, uno que no sabía mentir, que no toleraba la violencia, que esta situación le estaba volviendo fuerte, pero no quería que dijeran lo mismo, que él había mentido, que si era uno de ellos.

Se levantó y caminó hacia la puerta, se detuvo cuando Luca le habló, con preocupación en su voz.

—No salgas a buscarlo, Danna— dijo Luca—. Lo haremos en equipo, estás muy débil, entonces nosotros lo buscaremos.

—Tranquilo, Luca, solo me voy a mi habitación.

Él sonrió y asintió levemente, en forma de despedida.

Se dirigió a su habitación, pero tomó un pequeño bolso y metió uno de sus uniformes de caza, agarró una capa y la pasó sobre sus hombros, salió en silencio, la mayoría de los cazadores estaban haciendo rondas, los principiantes estaban dormidos al igual que los dirigentes.

Entró a una de las salas de armas y en su cinturón colocó una daga hecha de plata, aseguró una pequeña pistola en el lado derecho, comprobó que estuviera cargada con balas de plata y tomó varias provisiones, guardando en el bolso y el cinturón. Colocó otra daga en un bolsillo de la capa y se dirigió a la galería.

Allí, Danna buscó en la vitrina y tomó la daga de piedra café, tenía una historia muy interesante y era hora de comprobar esa historia. Agarró una funda y la guardó en la parte interna de su bota y salió de la galería y de la Cueva.

La calle estaba desierta como siempre, la Cueva estaba en una colina donde quedaba oculta por la vegetación, además que nadie venía por esos lados ya que este era el lugar donde una vez hubo un manicomio y se rumoró que había fantasmas.

Se detuvo cuando una silueta estuvo frente a ella, la sombra que formaba su cuerpo le tapaba.

—Danna. — dijo con esa voz gruesa.

Al parecer ya estaba mejor porque usó su velocidad para alcanzarla.

—Hank, no podemos hablar ahora.

Después de decirlo, volvió a retomar su camino y pasó por un lado de él, pero la alcanzó y se detuvo volviendo a posarse frente a ella.

— ¿Por qué te interesa tanto? — le cuestionó.

Hank no sabía que ella había sido atacada por licántropos, él como los demás pensaban que era una cazadora más, y no podía decirle que sentía que debía ayudarlo porque él estaba pasando por la misma situación, que él necesitaba alguien que estuviera a su lado.

—Es mi deber como cazadora, Hank— dijo—. Un humano necesita mi ayuda y me siento en el deber de protegerlo.

Hank río, agachó su cabeza para mirar sus zapatos y luego volver a verla. Con una sonrisa irónica plasmada en esos labios que tan bien conocía ella.

—Él ya no es un humano, Danna— dijo con firmeza—. Él ya es un sobrenatural, un licántropo, deja que los de su especie lo busquen.

—¡No puedo, Hank! — dijo—. ¡Él hizo lo posible por salir de esa jaula para protegerme, me advirtió y no le hice caso y ahora está secuestrado por mi incompetencia!

— ¿No puedes dejar tu ego de Destripadora a un lado?

—No, es mi deber proteger a los humanos— se encogió de hombros—. Además, él no es capaz de matar ni a una mosca y matar a alguien solo por protegerme…— la pelirroja hizo una pausa—. Debo hacer lo mismo por él.

—¡Yo también te protegí, incluso maté y no te intereso saber si yo estaba bien! — apretó su mandíbula y ella volvió a pasar por su lado, debía irse, no quería discutir con él—. ¿Te gusta Christian?

— ¿Qué dices? — se detuvo y lo miró, esperando que repitiera su pregunta.

— ¿Te gusta Christian?

— ¿Estás celoso?

—Sí, lo estoy.

Su respuesta la sorprendió.

¿Cómo podía estar celoso de alguien que no le importaba tanto?

No había caso para que lo estuviera, Christian es solo un humano joven y Hank un vampiro con mucha experiencia.

Christian no podría gustarle, es atractivo, pero no es su tipo. Hank le gusta, pero solo para la relación que tenían, esa donde solo hay sexo, nada más.

Se acercó a él, sonrió y se empinó un poco para dejar un corto beso en los labios de Hank.

El vampiro le correspondió solo por unos segundos, solo unos pocos que la pelirroja le permitió y suspiró.

—Christian no podría gustarme como me gustas tú— dijo ella—. No quiero nada serio, y lo sabes, esta relación es solo sexo, nada más, no debe haber celos, reclamos...

Hank asintió y Danna se alejó de él.

—Déjame acompañarte a buscarlo.

Siguió caminando y su desarrollado sentido del oído ayudó que sin necesidad de gritar Hank le escuchara.

—No es necesario, puedo por mí misma.

Sin más, bajó con rapidez la calle, debía alejarse y despistarlo, sabía que le seguiría, a veces podía ser muy entregado.

Y por su cuenta podía encontrar y rescatar a Christian. Sentía que era necesario. Sentía que se lo debía.




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