—¿Por qué estás tan segura? —dijo alzando una ceja—. ¿Crees que son buenos? ¿Qué no serían capaces de fingir? — abrió la boca para protestar, pero la cerró, él le dio esa risita corta nuevamente—. No estás diciendo todo y así no puedo ayudarte.
—No tengo nada más que decir.
—Mientes —dijo con seguridad—. Como cazadora eres entregada a tu trabajo, pero como destripadora, tienes más libertad de elegir que hacer, tu ego es diferente, solo quieres que sea a tu manera, pero mientras esté en tus límites como cazadora.
Era cierto, pero no le respondería nada, pero ya eso le estaba cansando, tenía un límite, no quería que nadie le diera un sermón sobre la confianza, menos él que era una persona que no conocía y a la cual solo le pedía un favor y no volvería a ver más.
—Puede encontrar a Christian, sí o no— dijo sin ocultar mi fastidio—. No se preocupe por el dinero, le pagaré.
Él asintió y corrió el candelabro, extendió un mapa en el centro de la mesa, sacó una caja negra y esparció un polvo negro sobre el centro del mapa.
— ¿Tienes algo de él? — negó—. Extiende tu mano.
— ¿Para qué?
—Tus recuerdos— dijo con naturalidad—. No tienes nada que él haya usado, tus recuerdos sobre él me sirven.
Había escuchado que eso era posible, pero que podía ser contraproducente, porque para eso tenías que tener un buen control mental de tus recuerdos.
Si no odiaba a los licántropos le habría pedido ayuda a alguno de ellos, y en la forma en que Hank estaba reaccionando por las acciones de Danna para rescatar a Christian, mejor rechazó su ayuda, sabía que no sería bueno en este momento.
Me toca conformarme con los métodos del señor frente a mí.
—Necesito que pienses en lo último que hiciste con él, para que sea más fácil— le advirtió—. Si no lo haces, veré todo lo que has visto, hecho y dicho hasta llegar al último recuerdo de él, y te debilitara.
Danna asintió, y las imágenes de Christian y ella entrenando llegaron a su mente, la última práctica que tuvieron, dejándole ver que había mejorado un poco, pero el recuerdo de él sobre ella, sus respiraciones agitadas, mirándose a los ojos, y lo complacida que ella estaba con su desempeño, y en ese momento que esperaba algo y no sabía que era, hasta que se alejó de él y Hank apareció. Luego, pasó toda la disputa con los lobos...
Nego para sacar ese pensamiento de su cabeza, no podía usar ese recuerdo. Así que optó por aquel donde fue atacado en su apartamento, después de huir de la Cueva y hacer el ridículo con la policía.
Era obvio que no era el recuerdo más reciente que tenía de él, pero si le mostraba a Jowell que estuvieron a punto de comprobar si se convertiría en un licántropo, se negaría su ayuda.
Los brujos tenían claro que no intervendría en un caso de Assotural, o Ascensión Sobrenatural, porque era algo que le correspondía a ese ser sobrenatural, nadie debía intervenir.
Así que tendría que mentir, era la única forma de encontrar a Christian.
—Dame tu mano menos dominante. — dijo extendiendo una de sus manos.
Extendió su mano izquierda hacia él, tomó un pequeño recipiente de plata vacío, la colocó bajo su mano, tomó una navaja de mango café y con su mano libre sostuvo el dorso de la mano de Danna.
—Cierra los ojos y piensa en el recuerdo, no abras los ojos hasta que te lo diga— asintió obedeciendo—. Necesito claridad en el recuerdo.
Lo hizo, lo más claro posible. Sintió como cortó su palma, giraba y cerraba su mano en un puño.
Pensó y meditó cada parte del recuerdo, solo desde esa parte en que le decía que debía volver, hasta que llegaron aquellos lobos a atacarlos. Lo estaba repitiendo varias veces, de la misma forma, para que Jowell no viera que distorsionaba aquel recuerdo.
—Abre los ojos.
Danna obedeció y tuvo que espabilar varias veces para adaptarse a la claridad del lugar. La luz de la vela era más fuerte y el resto de la casa estaba en total oscuridad. Mientras sostenía su mano con un pequeño pañuelo que él le había dado.
Vio como Jowell levantó un pequeño recipiente con la sangre de ella mientras murmuraba para sí mismo. Inclinó levemente el recipiente y dejó caer su sangre sobre una pequeña montaña del polvo negro.
Dejó a un lado el recipiente con la sangre y extendió sus dos manos sobre el mapa, sangre cayendo de la punta de sus dedos mientras continuaba pronunciando palabras ajenas a ella.
La sangre y el polvo negro se mezclaron en una viscosa y repugnante masa viviente, una que comenzó a moverse por el mapa. La luz de la vela se intensificó, pero su luz solo los iluminaba a ellos.
— ¡Vaya lugar en el que lo tienen! — exclamó abriendo los ojos—. Está en una celda blanca del segundo piso de una fábrica de plástico abandonada al norte de la ciudad.
Miró detenidamente el mapa y cayó en cuenta que era el mapa de la ciudad.
— ¿Por qué este mapa y no otro?
—Porque ningún licántropo después de la primera Luna Llena del mes y los días siguientes se aleja de su manada.
Entonces fueron los del norte.
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Editado: 12.04.2026