Hidden World: Secretos entre las sombras.

Capítulo 27: Bala de plata.

Había estado vigilando la fábrica todo el día, había llegado hacia la mitad de la mañana, no podía entrar y atacar, estaba cansada, del sur al norte era una gran cantidad de kilómetros, incluyendo que el efecto del sedante no había pasado completamente.

Después de esto le diría a Anna que le explicara más sobre su composición. Si ella estaba cansada, no se quería imaginar cómo estaría Christian que había recibido más de un dardo...

Esperó en contra de su voluntad. Su instinto decía que debía estudiar todos los movimientos del lugar, inspeccionar los puntos de acceso, esto le llevaría dos días, pero por otro lado estaba la necesidad que tenía de sacar lo más rápido posible a Christian de allí.

La fábrica de plásticos estaba a las afueras de la ciudad, como había dicho Jowell. No había sido muy difícil saber cuál era, pues sólo había dos, y una de ellas estaba abandonada.

Lo difícil fue conducir por esa carretera destapada, ya que estaba cruzando una pequeña colina. Tuvo que dejar el auto oculto en un barranco, entre varios árboles y seguir a pie, porque así llamaría la atención de ellos.

Después repondría el auto a su dueño, intentando ocultarlo, chocó con un árbol y tuvo un leve golpe. Desde ahí caminó entre los árboles, evitando que algún hombre lobo que pasara la viera.

Una destripadora no pasaba desapercibida para ningún sobrenatural. Así que se camufló su aroma con el de un vagabundo, necesitaba distorsionar su llegada.

Estudió el terreno y notó que se tomaban el tiempo para entrar, uno de los guardias los requisaba antes de que entraran. Danna se subió a un árbol que estaba lo suficientemente oscuro. Agradeció que no hubiera muchos de ellos.

Rodeó el lugar, inspeccionando más, vio una pequeña ventana en la parte trasera, había varias cajas de madera, las apilo y subió, la ventana estaba rota, con pequeños trozos de vidrio en el marco. No había nadie cerca, pero no podía derribar los pequeños trozos de vidrio, corría el riesgo de que alguien la escuchara.

Eso le dolería y llamaría la atención de ellos con el olor de su sangre. Los licántropos peleaban mucho con los vampiros, pero realmente tenían algo en común, la sangre y la familia. La sangre llamaba la atención del lobo, y aunque no la necesitan para sobrevivir como los vampiros, era su tentación cada Luna Llena.

Se bajó de las cajas porque era inútil seguir pensándolo. No sabía qué le pasaba, no tenía ninguna idea que le ayudara a entrar...

Esperó un poco más recostada a un árbol, hasta que fuera casi media noche, al principio se le había pasado que cada doce horas los guardias hacían el relevo y vio su oportunidad cuando una joven igual de delgada que ella y de su estatura, pasaba a paso dudoso por el camino de piedras, jugando con sus dedos y con una cicatriz en su brazo derecho.

Era una licántropa recién transformada y por el color de su cicatriz, podría deducir que llevaba dos meses perteneciendo a esa manada.

Tenía que ser prudente, podría ser una chica nueva en esto del mundo sobrenatural pero los primeros meses de un licántropo son peligrosos, sus emociones son más inestables y su fuerza no la controlaban. Y ella estaba en desventaja, herida y con sueño, todo gracias a ese ataque.

Cubrió su cabeza con la capucha de su capa, tomó una piedra y se la lanzó justo a la frente. No le agradaban los licántropos, pero lo que acababa de hacer no estaba dentro de sus límites.

A momentos desesperados, medidas desesperadas. Y este lo era.

La chica cayó de espalda, quejándose mientras se tocaba la frente. Buscó dentro de su bolso una cuerda que había encontrado en la parte de atrás de la fábrica y metió una bala de plata en su boca. Danna salió corriendo a ella, antes de que se diera cuenta, ya estaba sobre ella, cubriendo su boca con su palma.

Comenzó a moverse bajo de ella, tenía fuerza, demasiada a comparación de la de ella, odiaba ese suero, su desempeño había bajado, nunca se había sentido por debajo de una especie, menos de una principiante.

Apretó sus costillas y manos con sus piernas, dejó caer la bala en su mano libre, abrió levemente la boca de la loba, donde dejaba ver que sus colmillos ya comenzaban a salir, dejó la bala entre sus dientes y golpeó su mentón con la fuerza suficiente para que la bala de plata líquida se rompiera con sus dientes.

Uno de los cazadores nuevos estaba trabajando en el proyecto de balas de plata líquida, al principio a Danna no le agrado la idea, pero la reacción de ahora le gusto, esa bala no la mataría, pero la debilitaría lo suficiente.

La chica trataba de botar toda la plata que había en su boca, mientras se retorcía debajo de ella, estrelló su codo contra su sien y ella cayó inconsciente. Danna la arrastró dentro del bosque, quitó sus pantalones y su camisa dejándola en una blusa de tiras blancas, con eso era suficiente y debía actuar rápido, se curaban casi instantáneamente, la sentó junto a un tronco, al principio quiso amordazarla de espalda, pero no tenía la cuerda suficiente, así que la volteó e hizo que abrazara el árbol.

Amarró sus piernas junto a sus manos, rompió dos balas más y roció la cuerda, vio como la piel de ella comenzaba a arder, a salir humo gris pero no tan abundante.

Danna se levantó y miró a la chica por un momento, se quitó la capa para poder ponerse los pantalones de la loba sobre los de ella que eran de cuero, se quitó el buzo de lana del vagabundo y se puso la camisa de ella, cubrió su cuello con la bufanda del vagabundo y guardo su capa en el bolso, no sin antes estar segura de tener las provisiones necesarias.




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