Hidden World: Secretos entre las sombras.

Capítulo 28: ...nna.

Caminó por la fábrica. Danna miró a todos lados, había pocos licántropos y ella esperaba que hubiera más. Notó que había un pequeño tablero en la pared a su izquierda, donde mostraba las divisiones de la fábrica, divisó la jaula número uno, era la más grande y estaba de rojo, algo que le causó curiosidad.

Giró por ese mismo lado hasta ver la escalera metálica amarilla. Notó como había pocas máquinas de la fábrica de plástico amontonadas y oxidadas. El lugar se sentía tibio, pero se veía como si solo estuvieran de paso.

Trató de subir sin llamar la atención, pero sus botas hacían ruido conforme cada paso que daba. Al estar arriba, miro los diferentes puentes y camino por el de su derecha. Esa fábrica debió tener unos supervisores muy estrictos porque por donde pasaba veía perfectamente lo que estaban haciendo los pocos lobos que había. Se detuvo cuando vio el número uno de color rojo en la puerta. Dio dos toques y entró sin esperar que le permitieran entrar.

Observó a un hombre alto, era joven, uno o dos años mayor que ella, la miró por encima de sus hombros para luego disculparse con la mujer y el hombre que le acompañaban.

— ¿Tú eres? — dijo amablemente.

—María, señor— le respondió la pelirroja—. Tengo turno esta noche para vigilar.

Trató de que su voz se escuchara apagada, para que notara que era principiante. Escucho un grito de dolor y salto en su lugar.

Reconoció ese grito... Christian.

Su piel se erizó ante el grito del chico, tuvo el impulso de correr hacia él, pero no sabía dónde estaba exactamente. El hombre sonrió y pasó uno de sus brazos por los hombros de Danna.

—Eres nueva— dijo y le dirigió hacia una puerta, abrió la puerta y bajó unas escaleras—. Y estás un poco tensa.

Se detuvieron al estar frente a una puerta que tenía una especie de ventana que dejaba ver lo que había dentro. Todo era blanco y su respiración se detuvo por un momento al verlo.

Christian estaba atado por cada una de sus extremidades en el centro de la habitación, con unas correas de cuero adheridas a gruesas cadenas que estaban unidas al techo y al suelo. Estaba semidesnudo, solo tenía un bóxer.

Sus ojos estaban cubiertos por una venda y en su boca había una especie de bolsa que llegaba hasta su cuello, atándose como una correa de perro.

—No tengas miedo, está amarrado— dijo con sorna mientras apretaba su agarre en sus hombros—. Tu trabajo esta noche es vigilarlo, Thomas tiene que irse.

Justo en ese momento, un adolescente abrió la puerta, inclinó la cabeza y se fue escaleras arriba.

—Que no te sorprenda, Thomas tiene veinte años y es más fuerte de lo que parece.

Danna asintió.

Que conveniente.

Los licántropos transformados a temprana edad generalmente tardan un poco en verse mayores de edad. Lo que quiere decir que Thomas tuvo diecisiete años cuando fue atacado.

— ¿Qué le hacen?

—Tu deber es hacerlo dormir cuando despierte­­— evadió la pregunta de Danna—, en una esquina hay una mesa con suero, debes inyectar cada vez que sientas que este despertando— sonrió.

El hombre la empujó y cerró la puerta, con una diversión clara en sus labios.

—Tranquila, no puede morderte.

Mierda.

Ahora estaba encerrada con Christian. Había logrado infiltrarse, pero no logró pensar cómo saldría de aquí.

Se giró y lo vio, con su cabeza mirando al techo, su manzana de adán se veía con total claridad, notó como la piel de su cuello estaba roja, de lo fuerte que estaba atado el bozal. Su abdomen tenía cicatrices rosadas, la mayoría en forma de inyecciones, otras como si alguien hubiera pasado una navaja por su piel. En su muñeca había un catéter con una bolsa de suero. En la parte de atrás había una pantalla que hacía un leve sonido, era su pulso y era lento.

Era un lugar frío, miró cada esquina de esa habitación, había cámaras, de esas pequeñas y redondas. Miró la mesa y todo lo que había allí eran agujas cargadas con el suero, otras etiquetadas como suplemento y suero intravenoso. Según una agenda, dentro de una hora debía suministrar el suplemento.

¿Cómo saldría de aquí?

Tenía que pensar, no sabía cuánto tiempo pasaría hasta que Christian despertara y podría jurar que le reconocería antes de que le dijera que disimulara. Tampoco quería sedarlo, el suero dolía cuando entraba en las venas. Algo se le ocurriría.

No había ninguna vía de escape, estaba igual de equipada que una habitación de un psiquiátrico y las cadenas que ataban a Christian eran muy gruesas.

Algo tenía que hacer. Había llegado muy lejos, de alguna forma, debía salir. Se sentó en la silla que había en la esquina, mirando a Christian, que dormía, no por gusto y eso le desesperaba.

Pasó la mano por su cabello mientras suspiraba, comenzaba a sentir calor, sus latidos y respiración se comenzaron a agitar.

Danna se levantó para relajarse cuando de pronto se fue la luz. Algo que le hizo desesperarse más.

—...nna




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