La escuchaba...
Escuchaba su voz...
Todo estaba bien... ¿No?
Abrió los ojos y vio la luna llena; no brillaba con la misma intensidad con la misma intensidad de la primera noche, cuando estuvo en la jaula y...
—¿Dónde estoy? —preguntó; la respiración agitada de Danna lo alertó—. ¿Qué está pasando?
—No es el momento, Christian...— dijo ella con pesadez.
Abrió totalmente sus ojos y miró a los lados, estaba siendo cargado por Danna y un hombre que nunca antes había visto, estaban en un bosque... se detuvo, fue una mala idea porque cayó de rodillas.
—Por el amor a Dios, Christian— dijo Danna acercándose a él—. Debemos irnos.
— ¿Por qué? — preguntó impidiéndole su ayuda para levantarse, no tenía fuerza para estar de pie, se sentía agotado, pero no quería verse dependiendo mucho de ella, ya le había rescatado muchas veces—. ¿Qué está pasando?
—Vamos, Christian...
—No— dijo sonando serio—. ¿Qué está pasando?
Danna miro a aquel hombre, era alto y se veía mayor, estaba vestido de negro, con un arma en su cinturón y varias dagas con mango de hueso.
¿De dónde lo conocían?...
Danna miro con más urgencia a ese hombre, luego ambos a él. Escuchó varios pasos apresurados y especies de gruñidos, se levantó enseguida, mirando a las direcciones en que escuchaba los pasos de... ¿Licántropos?
—Ya vienen los licántropos— dijo aquel hombre, con voz ronca—. Debemos irnos— miró a Danna y luego a Christian—. ¿Puedes caminar o necesitas nuestra ayuda?
—No— dijo al notar que Danna intentaba acercarse a él para ayudarlo—. Yo puedo solo— comenzó a caminar con ellos, aunque sentía que sus piernas eran de gelatina—. ¿Por qué nos persiguen los licántropos?
—No... ¿No recuerdas nada? — preguntó Danna mirándolo.
Negó, ella le iba a decir algo, pero fue interrumpida por aquel hombre. Ella lo miraba a los ojos, y por más que intentara decir aquellas palabras, para saber que pensaba, no podía, eso solo provocaba una punzada de dolor en su cabeza.
—No hay tiempo para hacer memorias, debemos irnos, buscar un sitio seguro, no sabemos cuántos hombres lobo hay...
Christian sabía cuántos había, no lo sabía con exactitud, pero ahora no les diría nada.
Comenzaron a correr, se sentía cansado y a la vez que aquella manada estaba más cerca de ellos. Estaban corriendo sin dirección alguna, esquivando grandes ramas de los árboles que se habían caído, esquivando piedras, la luna ya comenzaba a ocultarse, no debían ser más de las cuatro y media de la madrugada, pero nada los detendría para llegar a ellos.
Escuchó la fuerte corriente de agua, estaban cerca de un río, más bien, estaban en una especie de risco un poco alto y en el fondo, estaba el río, la otra parte del risco estaba demasiado lejos e incluso notó que en cada extremo había los soportes de un antiguo puente de madera.
— ¡Mierda! — gritó Danna—. ¿Qué hacemos?
—No lo sé, están cerca, muy cerca...
Aquel hombre se detuvo en lo que decía, ya ellos estaban aquí, rodeándolos.
Gruñían, mostrando sus colmillos. Los licántropos los tenían rodeados. Los tres retrocedieron y ellos avanzaban, había más de veinte. Christian miró la orilla del risco y el río debajo, miró a Danna y al hombre.
—Saltemos. — dijo lo más bajo posible.
— ¿Estás loco? — dijo Danna con su frialdad que la caracteriza—. Podríamos morir.
—Si nos quedamos a pelear, igual moriremos...— le informó Christian.
—Danna, no hay otra opción, tu amigo tiene razón. — dijo aquel hombre interrumpiendo.
Ambos estaban preparados para atacar, si alguno de los lobos daba el primer golpe. En este tiempo tratando con Danna y leyendo su mente, entendió cómo funcionaba esto para ella.
No perdería una oportunidad para pelear por más que todo estuviera perdido. Recordó que había sido secuestrado por esas personas que ahora estaban frente a ellos y si Danna se había arriesgado tanto por salvarme, él haría lo mismo.
Después tendría la oportunidad de disculparme.
Se giró, le tomó por la cintura y la subió a su hombro, ella gritó mientras le golpeaba para que le soltara, ella no lo haría por las buenas, así que por las malas sería. Christian corrió con ella y saltó, esperando que, al caer en el agua, no fuera tan doloroso, esperaba que salieran vivos de esa...
No sabía por cuánto tiempo cayeron, pero al entrar en el agua no fue tan doloroso como pensó, pero tampoco fue tan suave. Intentó nadar, pero la corriente no le dejaba, salía a la superficie, pero casi instantáneamente volvía al fondo.
— ¡Danna!
Gritó su nombre, lo hacía cada vez que salía a la superficie. No la veía y eso le preocupaba. No sabía dónde estaba ella. Si se había golpeado. Si el río terminaba en una cascada... esperaba que no fuera eso.
— ¡Danna!
Volvió a gritar su nombre después de tomar una bocanada de aire.
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Editado: 12.04.2026