Hidden World: Secretos entre las sombras.

Capítulo 30: No lo pensé bien pt 2.

Sus acciones y palabras le estaban sorprendiendo.

¿Dónde estaba el estúpido, callado y torpe humano?

Danna sintió como colocaba la mano en su mejilla para profundizar más ese beso. Sabía que le estaba devolviendo el beso, pero creía verse como si fuera una espectadora de esta escena.

Se alejó de él, lo vio a los ojos y ellos estaban brillantes, debía aceptar que sus ojos eran hermosos, enigmáticos y sexys, su heterocroma no pasaba desapercibida. Un ojo café y uno azul...

—Lo... siento, Danna. — dijo sin alejarse de ella y seguía mirando sus labios.

Sabía que se estaba disculpando, pero podía notar que no lo sentía.

Frunció el ceño y él notó su disgusto.

— ¿Cómo puedes confundir las cosas, Christian? — dijo la pelirroja alejándose de él—. Casi morimos y todo por tu culpa.

Christian se levantó y se cruzó de brazos.

— ¿Es lo único que puedes decir? — le reprochó—. Fue la única forma de escapar de los licántropos y tú...

— ¿Qué vas a decir? — se acercó a él con los brazos cruzados—. Sí esperabas que te diera un "gracias" por casi tratar de ahogarme, te quedarás esperando.

Christian dio un paso hacia ella, sus ojos fijos en los suyos, su mandíbula estaba tensionada.

—Algo que me diferencia de ti es que yo sí te doy las gracias— hizo una pausa—, gracias por sacarme de allí— dijo, estaban a escasos centímetros—. Te lo agradezco de todo corazón, no comprendo porque te es tan difícil ser comprensiva, tener sentimientos...

Cuando dijo eso, Danna sintió que un nudo en su garganta se formaba, le fue difícil hablar y fácil darle un puño en la cara.

—No me conoces— dijo entre dientes mientras le señalaba—. No me nace agradecerte por casi matarme.

—Te pedí disculpas, no sabía que nadar no era lo tuyo. Como eres tan buena en todo, me imaginé que la perfecta cazadora podría ver qué trataba de pensar en ella para salvarla, pero eres tan terca que sólo puedes reprochar.

Danna se estaba enojando, no podía soportar que dijera esas cosas y volvió a darle otro puño, pero Christian lo detuvo y luego soltó su mano.

—No dejaré que me golpees nuevamente.

Trató de hacerlo nuevamente, pero volvió a detener su golpe y se acercó a él. Su rostro estaba muy cerca del de ella.

—No lo sigas intentando, Danna...

Se interrumpió cuando la alejó de él, pero eso no le iba a detener a Danna.

Ella volvió a repetir su acción, no estaría bien hasta que no le golpeara, pero le detuvo por tercera vez. Su agarre en la muñeca de ella fue fuerte, trató de zafarse, pero él echó su brazo hacia atrás, lo dobló y Danna sintió como el dorso de la mano quedaba situado entre sus omoplatos.

De sus labios se escapó un leve gemido a causa del dolor que le recorrió hasta su hombro. Se acercó a ella, sentía cada parte de su cuerpo en la espalda. Su respiración en el hombro de ella y rozó sus labios en su oreja.

—Sé cuánto quieres golpearme por decirte la verdad— susurró y Danna tragó en seco—. No quiero hacerte daño, pero alguien debe decirte las cosas— hizo un sonido ronco que le hizo volver a tragar con dificultad—. No está mal que agradezcas una vez en tu vida, te he estado analizando y eso me ha dejado saber qué piensas una cosa, pero dices totalmente lo contrario.

—Estás equivocado, Christian...— comenzó a decir, pero le interrumpió.

—No lo estoy, destripadora— se acercó más a ella y susurró—. Sé que te importan las personas más de lo que demuestras.

Christian le soltó y lo miró con odio mientras movía su hombro hacia arriba y abajo para disipar el dolor.

— ¿No tienes nada por decirme? — dijo.

Él sonreía, en serio que había cambiado, era más seguro de sí mismo.

— ¿Dónde aprendiste eso?

Se encogió de hombros mientras hacía un puchero de desinterés al tiempo.

—Eso no importa.

Comenzó a caminar por toda la cueva, la lluvia aumentaba, hacía más frío, los relámpagos eran más constantes y fuertes.

—Sabes...— se giró para verla—. Yo solo quería huir, no recuerdo lo que me hicieron, solo recuerdo cómo me dolía, lo mucho que quería escapar, por eso solo pensé en saltar, contigo, era la única forma que vi para agradecerte por todo lo que has hecho por mí.

—Debiste preguntarme, Christian.

—¿Y habrías aceptado la idea? — Danna abrió la boca para responder, pero la cerró inmediatamente—. ¿Ves? Nunca aceptas nada que no sea obra tuya— se rio para recostarse en una gran roca—. Esperemos que esta tormenta pase, así podremos irnos y haremos como si nada, como si no hubieras intentado golpear y como si nunca te hubiera besado...

Danna asintió y suspiró antes de hacer lo que hizo. La rabia no se había ido. Solo había cambiado de forma. Caminó rápidamente hacia él y lo besó.

Notó su sorpresa, pero él colocó sus dos manos en su cadera y le pegó a su cuerpo, con fuerza, sin miedo.




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