Hidden World: Secretos entre las sombras.

Capítulo 33: No puedo ser eso.

Christian no sabía qué creer, qué pensar o qué decir. Eso no podía ser cierto, él no podía ser eso que Dalton aseguraba que era.

Cómo decía Danna:

Soy un simple, idiota y estúpido humano. Esas palabras no me escribían, esas palabras no me describen a mí Amelia.

— ¿Por qué está mal que ella esté muerta? — preguntó Danna.

— ¿Es que no me has prestado atención? — Dalton se dirigió a ella—. Él puede ser letal, soy parte de un grupo que estaba encargado de ayudar a que no naciera hasta que se encontrará una forma en que se pueda controlar o suprimir sus poderes— suspiró y pasó la palma de su mano por la frente.

Dalton pateó al aire.

—Entiendo— intervino Hank—. Está bien que lo quieran por su poder— dijo mirando a Christian de reojo y con indiferencia—. Pero te contradices en algo.

— ¿En qué? — dijo Dalton con frialdad.

—Dices que Christian puede matar todo sobrenatural que causa el mal, pero ningún sobrenatural después de tantos años es imposible que no haga algo indebido— Hank camino hacia donde estaban los demás, haciéndose al lado de Filis—. Todos hemos cometido errores a lo largo de nuestra vida, si es así, ningún sobrenatural sobreviviría, ni tú, brujo— Hank se cruzó de brazos y Christian caminó hacia ellos, alejándose de Dalton—. Así que dinos la verdad, ¿Por qué estás aquí?

Dalton los miró con seriedad. Quería saber que pasaba por su mente, pero no quería intentarlo, seguramente él tendría muchos muros protectores. Además… cada que intentaba hacerlo sufría dolores de cabeza.

—Estoy aquí por la razón que les acabo de dar, estoy aquí para impedir que Christian se transforme, pero si todo es como ustedes dicen y Christian fue atacado en Luna Llena— Dalton dio unos pasos lejos de ellos mientras se tocaba el mentón con una mano—, entonces, ¿Por qué no hay nadie muerto?

—Eso es lo que queremos que nos digas— Danna se abrió paso entre los presentes—. No hay nadie muerto aún.

—Filis, ¿Sientes...?

Dalton se dirigió a ella, pero Christian le interrumpió.

—Estoy cansado de escuchar esas preguntas— dijo el chico y todos lo miraron sorprendidos por la firmeza de su voz, decidió resumir a Dalton la razón—. Y entonces no sabemos qué es lo que me está pasando.

— ¿No han dado con los licántropos que te atacaron esa noche? — le preguntó Dalton a Christian.

Negó. Dalton extendió su mano e hizo un movimiento que le hizo entender que se acercara a él.

— ¿En qué parte del cuerpo te rasguñaron?

Christian se quitó el buzo y le mostró sus brazos. Las cicatrices no eran tan grandes como las vio cuando comenzaron a sanar, pero eran notables.

Dalton tomó su brazo izquierdo, pero se quedó mirándolo a los ojos.

—Qué raro...— dijo para sí.

— ¿Qué es lo raro? — le preguntó para que solo él lo escuchara.

Dalton lo miró con una leve expresión de sorpresa en su rostro. Sabía que no esperaba que yo alcanzara a escuchar sus palabras. No respondió su pregunta y puso la mano derecha sobre su antebrazo y la izquierda debajo de él, cerró los ojos y susurro unas palabras que no entendía, pero sabía que era latín.

— In prima essentia Pie Jesu, quaeso te. Cum potentia plena luna, te voco. In memoriam aurium cicatricibus et incerta, peto ut venias eo de insidiarum loco. Quo nunc es, ad opus ego postulo scio qui es.

De las manos de Dalton salió un color dorado que cubrió sus brazos y luego las cicatrices de ambos brazos, sentía un hormigueo sobre ellas, uno parecido a cuando las piernas comienzan a despertarse luego de estar sentados por mucho tiempo.

Luego dejó de ver, solo veía el color amarillo hasta que los recuerdos llegaron a él, no cualquiera, todos donde estaba Amelia.

Esto lo estaba haciendo Dalton y no dejó pasar ninguno, ni aquellos que trató de ocultarle que eran sobre sus intimidades con Amelia. Luego, recordó todo lo de esa noche, sentía cada golpe.

Gritó, le pedía en voz baja que se detuviera, pero era cuando más seguía viendo sus recuerdos. Sentía como si estuviera bajo ese puente siendo atacado, solo que sabía que no estaba pasando.

Sus piernas cedieron y cayó de rodillas. Quería que parara, lo deseaba.

— ¡DETENTE! — gritó Christian.

Los recuerdos desaparecieron justo cuando caía al río con Danna. Christian pudo ver como Dalton era empujado con fuerza hacia una de las estanterías. Miró sus brazos y vio como de ellos salía gran cantidad de sangre, se tocó la frente al sentir algo cálido por ella y vio sus dedos manchados también del líquido rojo. Era como si al recordar aquello las heridas provocadas esa noche se abrieran de nuevo.

Buscó a los demás y los vio levantándose. Todo a su alrededor estaba en el suelo. Alcanzó a ver a Danna en el suelo, acurrucada y corrió hacia ella.

—Danna— apartó el cabello de su rostro—. ¿Estás bien?

—Estoy bien— dijo sentándose mientras tocaba su espalda—. ¿Dónde está el brujo?

—Acá. — dijo Hank.

Ayude a Danna a levantarse mientras todos se acercaban al vampiro que estaba levantando a Dalton.




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