Estaba muy inquieto, las palabras de Dalton estaban en su mente y la sola idea de entender lo que decía en otro idioma con tal facilidad, le daba más curiosidad. Nunca había salido del país, no había sido necesario y tampoco lo necesitaba.
—Ah...
Estaba tan distraído en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando Danna se detuvo en seco y terminó chocando contra su pecho.
—¿Estás bien? — le preguntó él.
—Si— dio un suspiro—. Solo quería decirte que... gracias.
Christian frunció el ceño. No había entendido.
—¿Qué dijiste? — le preguntó mientras la giraba para que lo mirara.
La expresión que tenía Danna lo dejó sorprendido, estaba ruborizada, se notaba nerviosa, algo que era imposible ver en ella.
—Gracias...
Christian quedó sorprendido, lo había dicho muy bajo, pero había sido más que audible para él.
—Vámonos. — su semblante cambió al serio que siempre era, pero no dejaba de estar ruborizada.
Christian le tomó por el brazo y la acercó a él, sus pechos muy juntos.
—¿Por qué te avergüenza dar las "gracias" o mostrarte como eres? — pasó un mechón de cabello por su oreja.
—No es eso— dijo empujándolo, pero el agarre que él le tenía se lo impidió—. Suéltame, Christian.
—No— la acercó más a él—. No quiero hacerlo, solo respóndeme— la miro a los ojos—. ¿Por qué me agradeces?
Christian ve como la respiración de Danna se acelera y a la vez trata de controlarlo.
—Aish— giró los ojos y lo besó.
Esta Danna es nueva para mí... y no pienso dejar de conocerla.
Christian colocó sus dos manos en las mejillas de la pelirroja, atrayéndola lo más que podía para profundizar el beso. Danna pasó una de sus manos por el abdomen de él y la otra en el cuello, jugando con sus dedos.
El chico la cargó y ella enredó las piernas en su cadera, pero Christian no tocaba más que su cintura. La espalda de Danna quedó contra la fría pared y ella emitió un quejido de dolor que interrumpió el beso.
—¿Estás bien? — dijo preocupado colocándola con cuidado en el suelo.
—Si.
Christian no le creyó, entonces, caminó con ella, recordando la pelea. Danna quiso luchar contra él, pero la controló. La arrastró hasta la enfermería, estaba sola y poco iluminada.
—Suéltame, Christian.
Christian le hizo caso, pero solo cuando cerró la puerta con seguro.
—Siéntate— le ordenó.
Christian le señaló la única camilla que estaba iluminada y la más apartada a la puerta. Se acercó al carro de paro y sacó gasa, solución salina y unas pinzas de disección.
Danna trató de irse, pero el chico se lo impidió y la llevó hasta la camilla. Una vez sentada ahí, le hizo una seña para que se alzara la blusa. Danna se negó.
Por Dios, ¿Cuándo dejarás de ser tan terca?, solo hazlo.
La pelirroja alzó su camisa levemente. Christian pestañeo ante la sorpresa de que ahora lo hiciera sin reprochar, sin él haberle ordenado que lo hiciera, él solo lo pensó viéndola a los ojos y ella lo hizo.
Christian se colocó un par de guantes y le echó solución salina en las heridas, tenía pequeños rasguños ocasionadas por los vidrios, aunque también tenía vidrios incrustados.
—¿Cómo no puedes sentir dolor? — le preguntó él.
—No sé. — le respondió alzando los hombros.
Christian noto varios vidrios grandes que estaban incrustados a una leve profundidad.
—Necesito que te quites la camiseta. — le dijo él.
Ella obedeció.
Esta muy obediente.
Se alejó para buscar una pinza Kelly curva, además, de un prolene. Le miro la espalda con detenimiento, había muchas cicatrices, parecidas a las de ella, su espalda estaba bien definida y tenía varios lunares.
Concéntrate, Christian. Se dijo así mismo.
Comenzó a quitar cada uno de los vidrios y a la vez iba limpiando las heridas con la solución. Dejó los cristales más grandes de último, notó cómo sus músculos se tensaron al momento de sacarlos, pero no se quejaba. Con el prolene y las pinzas Kelly comenzó a suturar tres de las heridas y ella seguía sin sentir y exclamar dolor.
No me gustaría saber que tan mal la has pasado para soportar tanto dolor.
—¿Cómo es que sabes curar? — le pregunto ella cuando se giraba para mirarlo.
—Fui algo inquieto de joven.
Christian le sonrió, pero no pudo controlarse más. Le tomó por las mejillas y la besó. Había sido tortuoso tenerla frente a él sin camisa. Danna no objeto que le besara.
—Me estas volviendo loco. — dijo un poco apartado de sus labios.
—Y tú a mí.
Y fue ella quien siguió el beso, le quito la camisa, Christian desabrocho el brasier negro y empezó a besar su cuello, pasar por sus pechos y llegar al inicio del pantalón. Se lo quito. En ese momento, ambos se miraron, pero no dijeron nada, como si decir algo fuera incorrecto y les obligará a cambiar de opinión, pero ninguno quería parar, ambos se dejarían llevar por el deseo, después habría tiempo de arrepentirse... Si es que lo hacían.
Danna, con sus manos le quitó la sudadera a Christian. Ambos se miraban a los ojos, deseándose. Christian poco a poco fue entrando, con cuidado, esperando que ella le dijera que no debían, pero en ese momento, ambos lo querían.
Ella tenía sus piernas alrededor de la cintura del chico, haciendo que sus movimientos fueran más marcados, más profundos. Los gritos de Danna eran ahogados, estaban en la enfermería, y Christian gruñía, aprovechaba para besar cada parte de ella y ella se desahogaba arañando la espalda de Christian.
Cuando ambos estaban a punto de llegar al clímax, Christian volvió a besarla y enredó sus dedos con los de ella, y juntos disfrutaron el momento.
—Yo...— dijo ella con su respiración acelerada.
—Lo sé...— le respondió él y le dio un beso en la frente. Christian se alejó de ella—. Tenemos que vestirnos.
—¿Qué pasa? — le pregunto ella confundida mientras se empezaba a colocar la ropa.
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Editado: 12.04.2026