Hidden World: Secretos entre las sombras.

Capítulo 36: Se hacen llamar...

Era extraño, muy extraño.

De solo pensar en lo que había pasado en la enfermería hacía pocos minutos la tenían distraída. Había mucha información que procesar.

¿En qué momento pasó? ¿Estuve con Christian? ¿Cómo es eso posible?... ¿Me gustó?

No sabía. Habían pasado apenas quince minutos. Solo fue... sí.

Trago en seco, no quería admitirlo, pero le había gustado estar con Christian. No sabía si había sido adrenalina, placer, tensión... pero no quería averiguarlo ahora. Había otra cosa que le preocupaba.

Hank.

No sabía por qué estaba pensando en él ahora. Pero sentía algo raro en lo sucedido entre los dos hombres. Había algo raro con ellos, en sus miradas, en el ambiente, por eso, solo por eso, había intervenido.

Hank tenía sus sentidos muy desarrollados, eso no es para más después de tener alrededor de trescientos o más años de estar caminando por la tierra. Así que lo mejor fue haber intervenido, no quería que él sintiera el aroma.

Aroma... Christian...

Ahora no solo le preocupaba que Hank hubiera sentido el aroma del momento sexual con Christian, ahora le preocupaba que Christian realmente fuera un licántropo.

Solo pensarlo le hacía sentir un vacío en el pecho.

—Danna— la voz de Hank le sacó del pensamiento.

Lo miro, más bien, los miro.

Ambos chicos la miraban, estaban parados uno al lado del otro.

—Necesitamos que abras.

La pelirroja miró a su alrededor. Estaban cerca de la jaula donde había sido el suceso de Christian. Pero ambos estaban parados a un paso de la puerta del subsuelo, esperando que ella abriera. Solo ella y algunos directivos tienen la posibilidad de entrar.

—¿Dónde están los demás? — preguntó ella con su habitual tono, no quería que se dieran cuenta que estaba sobre pensando, es algo que ella no haría.

—Estamos aquí— Luca llegaba con Filis, Dalton y Jowell—. Los estábamos esperando, ¿Dónde estaban?

—Estábamos en la enfermería— intervino Christian—. Por la pelea, Danna se incrustó vidrios en la espalda.

Danna lo miró, estaba como si nada, como si no hubiera pasado nada entre ellos, como si él hubiera nacido en este mundo, como si él no fuera a convertirse en un hombre lobo.

Lo veo igual, sigue siendo el mismo estúpido e idiota humano... pero algo ha cambiado en él.

—No nos vamos a quedar haciendo visita aquí— exclamó la pelirroja acercándose a la puerta que estaba en el suelo—. Vamos a ver que dice el saco...— Christian y Luca la miraron en forma de reproche—. El licántropo.

Danna pasó la mano por encima de la puerta del subsuelo y esta se abrió. La pelirroja dejó que Luca caminara delante seguido por Filis y Hank, para luego seguirlos y ser seguida por los demás.

Las escaleras se iban iluminando por donde pasaban, al igual que el pasillo que recorrieron, cuando llegaron al final del pasillo, Luca abrió la puerta y les dejó ver al hombre lobo que Danna había herido, y no solo ella lo había hecho, era al que Christian le había enterrado un vidrio en el cuello.

¿Cómo puede seguir con vida?

—Despierta — la voz de Luca sacó a Danna de sus pensamientos.

El hombre estaba acostado en una de las lonas que había ahí, este se sentó, junto sus manos y sus codos sobre sus piernas, los miro a todos y cuando su mirada recayó sobre la pelirroja, su semblante cambió a uno frío.

El hombre se abalanzó hacia ella, pero ella no se movió de su lugar, quedaron muy cerca, pues el hombre estaba encadenado.

Danna sintió que tiraban de ella y lo miró, era Hank.

—Suéltame— le dijo—. Eso no era necesario— miro a Luca y a Filis—. Pregúntenle lo que le vayan a preguntar, antes de que yo lo mate— miró al hombre a los ojos—. Y te juro que lo haré en diez minutos.

Dicho eso, Danna se sentó en una silla que estaba en la esquina de la sala, estaba relativamente cerca del hombre encadenado y lo miraba despectivamente.

—Ey— la voz de Filis llamó la atención del lobo—. ¿De qué manada eres?

O sea que no es la misma de ella.

—No soy de aquí— le respondió sentándose frente a la Alfa.

Interesante... Es muy interesante cómo funciona el poder del Alfa.

—¿De dónde eres?

—De Constanța— la entonación era melódica pero firme.

—¿Por qué has venido tan lejos? — le preguntó Filis sentándose en una silla frente a él.

—Mi hermano— miro a Danna—. ¡EL CUAL ESA DESTRIPADORA MATO!

El hombre sacó sus colmillos, sus ojos comenzando a volverse de un leve rojo y se iba a volver a lanzar a ella, pero la voz de Filis lo detuvo.

—Alto— la tonalidad de la voz de Filis no cambió—. Mírame y siéntate.

El hombre obedeció.

Hubiera sido más fácil que Filis usara su poder.

—Necesito que me digas porque lo quieren a él— Filis señaló a Christian.

—No lo sé.

—Si lo sabes y quiero que me lo digas justo ahora.

Filis le respondió mirándolo a los ojos.

—Mi hermano me dijo algo...

El hombre parecía hipnotizado.

—Sigue.

Filis puso uno de sus brazos en el respaldo de la silla y la otra en la pierna que tenía cruzada.

—Me dijo que aquí había un hombre, un Dar al lui Dumnezeu— todos miraron sorprendidos al hombre—. Pero no veo nada en él, nada especial— su mirada se fijó en Christian.

—Pero por qué lo quieren.

—No te lo puedo decir— la miró, de cierta forma, parecía triste—. Quisiera poder responderle, pero no puedo.

—¡Esas no son respuestas! — Danna se levantó y se acercó a él.

El hombre lobo se levantó y sacó sus colmillos. Tiró un manotazo apenas Danna estuvo cerca de él, pero se agachó, sacó la daga que tenía en la bota y se la puso en el cuello y a la vez pegando al hombre a la pared.

—¡Suéltalo, Destripadora! — intervino Filis.

Las dos mujeres se veían retadoramente. Hasta que Christian intervino.

—¿Cómo es su nombre?




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