Hidden World: Secretos entre las sombras.

Capítulo 38: En la sombra.

—¿Me puedes decir qué rayos hiciste?

Aquella voz le hizo detener. Aquí vamos de nuevo.

—Lo que tenía que hacer— le miró con frialdad alzando sus brazos a los lados—. No podía dejar que ese perro hablara.

Ella le hizo una seña a la sirvienta para que no hiciera nada y dejó la capa en el perchero, se acercó a una mesa y se sirvió el líquido rojo que estaba en la botella en una copa.

La forma en que movía la copa en su mano, mostraba determinación, al sentarse en el sillón, se quedó mirando al chico.

—Estas poniendo en riesgo toda la operación. — le reprochó el chico.

Ella se quedó mirándolo caminar por la sala, de un lado para otro.

—Donde el jefe se entere...— comenzó a decir él, señalando.

—¿Qué? — le interrumpió ella—. ¿Qué va a pasarme?

ja, ja, ja, pobre idiota. Pensó al verlo como su labio tembló al hablar tan firmemente.

—El jefe me dejo a cargo a mi...

—JAJAJAJAJAJA— la risa de la chica resonó por todo el lugar—. Ahora porque el jefe te dejo a cargo a ti, de vigilar al Dar al lui Dumnezeu, en aquella fábrica, ¿Tengo que hacerte caso?

—Si— le respondió él con firmeza—. Sabes muy bien que él me dejó a cargo de todos mientras estaba de viaje. Aquí solo se hace lo que yo diga y todos lo saben, si no te gusta, ahí está la puerta— le señaló la salida—. No eres nada importante para el cónclave...

El chico dejó de hablar cuando escuchó algo romperse... Era ella, quien había roto la copa de vidrio con una de sus manos.

—Ahora que tengo tu atención— dijo ella y la sirvienta le pasó una toalla con sus manos temblorosas—. Te lo advierto, que estés a cargo frente a todo en el cónclave no quiere decir que tengas poder aquí.

Ella se levantó y caminó con él con una sonrisa de lado.

—Sabes muy bien que eres mi rostro frente a todos. Que no puedo dejarme ver por cualquiera, el jefe y esta chica, son los únicos que conocen mi rostro.

Comenzó a caminar por el lado de él, pasando su mano por los hombros del chico, sintiendo cómo se tensaba por el miedo que le producía tenerla tan cerca.

Pobre imbécil.

—Y tú eres un simple peón— le dijo alejándose de él y volviendo a sentarse en el sillón—. Que no se te suba el poder falso que crees tener a la cabeza.

Ella extendió la mano y la sirvienta nuevamente le dio una copa servida.

—Mira bien esta máscara— le señaló su rostro—. Si no quieres saber lo que le pasa a todo el que ve mi rostro, es mejor que te controles y sigas obedeciendo. Tienes esa orden de hacer lo que yo diga o lo que el jefe me diga que hagas.

—Lo sé— dijo él—. Y lo siento, solo no quiero que la operación corra peligro. No pudimos retener al Dar al lui Dumnezeu, se nos escapó de la fábrica...

—¿Y qué te hace pensar que el plan no va como queremos? — le dio un sorbo a su bebida.

Este vino sí que es de calidad.

—No tienes por qué saber el plan original, solo limítate a ser obediente, que de los detalles el jefe y yo nos encargamos.

—Como diga, mi señora— respondió él—. ¿Entonces lo de hoy no traerá consecuencias?

—No, vete tranquilo— dijo ella—. Sigue vigilando a todos y que te hagan caso en lo que viene el jefe de su viaje, cualquier cosa, yo te digo que hacer.

—Está bien, señora— se inclinó—. Permiso.

Ella realizó un gesto para que se fuera y así lo hizo el chico.

—Señora, la cena está lista.

La chica miró a su sirvienta dejar una bandeja en la mesa y vio un filete jugoso. Comenzó a comer y luego a descansar.

*

Los había estado vigilando, llevaba casi un mes vigilando a Christian y su grupo de cazadores. Tenía que estar pendiente de todo lo que hacían para decirle al jefe. Además, no podía permitir que le pasara nada a Christian, no hasta que fuera la próxima luna llena.

Habían retenido a Christian para inyectarle los suplementos necesarios para su resurgir, era necesario, todo tenía que ser en cada fecha, en su momento, tenían que ser prudentes.

No había visto muchas cosas, eran muy predecibles, salían, cazaban, volvían, dormían, entrenaban, y así seguían.

Por lo menos Christian se está volviendo fuerte, justo como lo necesitamos.

—Jajaja— la voz de la pelirroja la hizo salir de sus pensamientos—. Christian, ya.

La mujer vio la escena, Christian está detrás de la pelirroja, ambos estaban riendo, pero había algo raro, ella llevaba una camisa de él, y él apenas una sudadera.

—Me gusta cuando eres demandante. — le dijo él.

La chica agudizó su oído para escuchar lo que hablaban.

—¿Entonces te gusta ser masoquista? — le dijo ella posando sus brazos en los hombros de él.

La mujer observó y la acción de la chica hizo que la camiseta que tenía puesta se alzara y dejara ver la fina y corta ropa interior negra de ella. Christian, se acercó a la pared de la terraza y se sentó en el borde, poniendo sus manos en los glúteos de ella, dejando ver que eran firmes.

—Solo si es de ti que proviene— Christian sonrió y le dio un corto beso, luego, se posó detrás de la cazadora, abrazándola y mirando todo el lugar—. Me gusta la vista que tienes desde tu habitación.

—Privilegios de ser la destripadora— le dijo—. Christian...

—¿Sí?

—Se acerca la luna llena— dijo la cazadora—. ¿Sabes lo que significa?

—Lo sé, pero hemos trabajado en ello— le dijo él besando su cuello—. Todo estará bien.

Ella se giró, lo miró a los ojos y lo besó. Christian, le cargó con una sola mano y la llevó de nuevo adentro.

¿Qué es esta sensación? Se preguntó la mujer. Sentía un vacío en su pecho y se fue, ya no quería seguir vigilando, necesitaba descansar, además, ella solo puede salir de noche.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.