Hidden World: Secretos entre las sombras.

Capítulo 39: La transformación II.

—Bueno, pensé que esto iba a ser peor.

—Ay, por favor, Christian, no seas llorón. — la mirada fría de Danna se posó en él.

Christian la miró y luego a los demás. Les gustaba este juego que tenía con Danna, frente a todos, se toleraban, pero cuando estaban solos, era fuego, pasión, eran uno solo.

Danna tenía su característica ropa de cuero negra y una trenza recogiendo todo su cabello. Su cara y cuello estaban manchados de sangre. Habían estado cazando a un clan de vampiros nuevos que estaban matando niños.

Ahora esa era su vida, ahora era un cazador.

El celular de Christian sonó.

—Aló...— Christian miro a Danna—. Si claro, estamos juntos...— frunció el ceño—. Ok, Luca, nos vemos allá.

—¿Qué quería, Luca? — preguntó Danna sin mirarlo, estaba buscando su cuchillo.

—Tenemos que ir ya a la cueva.

—¿Y? — dijo la pelirroja como si nada—. Ustedes, recojan los cuerpos...

Danna seguía inspeccionando todos los cuerpos, asegurándose que estuvieran muertos todos los vampiros.

—Danna, tenemos que irnos ya.

La mujer se detuvo.

—No hemos terminado.

Christian suspiró, no quería decir lo que Luca le había dicho, no delante de todos. Ya había logrado que lo aceptaran como un cazador, le había costado demasiado llegar hasta ahí como para perderlo ahora. Había soportado mucho desde que empezó a cazar y todo el mundo lo veía como débil, o como un monstruo, y eso había cambiado.

El chico se acercó a ella y la tomó del brazo, apartándose de los demás, pero obteniendo la atención de todos.

—Suéltame— le dijo ella con furia—. ¿Qué pasa por tu mente, humano?

Que bien lo disimula.

—Tenemos que irnos, hoy es luna llena.

Danna abrió los ojos con sorpresa, pero inmediatamente lo cambió a la fría mirada de siempre.

—Ustedes— señalo a dos chicos—, recojan todo, quedan a cargo.

Los cazadores que vestían de gris estaban curando a algunos de negro.

—Anna— la llamo Danna, la chica corrió a ella—. Eres la encargada del grupo de sanación, controla las heridas y los llevas a la enfermería.

La chica asintió y salió corriendo donde estaban los heridos. Los uniformados de gris eran los cazadores que se encargaban de curar a los heridos, por eso ella siempre estaba cuando Christian se despertaba en la enfermería.

Una vez que llegaron, se encontraron en la galería con Luca y Hank.

—Llegamos...— avisó el chico.

—¿Eso es sangre de vampiro? — preguntó Hank con su ceño fruncido.

—Si— Danna lo miró—. ¿Algún problema?

—Solo espero que hayan cometido un grave error. — le respondió.

Danna no hizo gesto alguno y se sentó en la mesa.

—Aquí estamos, Luca, ¿Ahora qué hacemos?

Luca se levantó: —Síganme.

Caminaron directo al subsuelo, una vez allí, Luca se aseguró de estar solos. Llegaron a una de las habitaciones, se dieron cuenta que había una jaula que estaba reforzada de plata y una silla en el centro. Mientras que, había una mesa y varias sillas afuera.

Danna le había dicho que esas eran las anteriores salas de tortura e interrogatorio, pero como ahora eran más "civilizados" las habían tomado para crear planes.

—¿Qué vamos a hacer, Luca? — preguntó Danna.

—Christian, entra— le ordenó Luca, y él chico obedeció—. Hay que esperar.

Habían pasado dos horas, casi era media noche y la luna llena ya iba a salir.

—¿Cómo te sientes, Christian? — le preguntó Hank.

—Igual que hace diez segundos que preguntaste, Hank...

Christian le respondió cansado. Habían estado vigilando y monitoreando para ver si empezaba la transformación y a diferencia del mes pasado, a las diez no había tenido fiebre y a las once no había tenido cambio de humor.

Esta vez todo es diferente, hoy demostraré que no soy un licántropo.

Pero no estaba seguro, sus sentidos se habían agudizado, podía leer pensamientos, ver recuerdos, tenía resistencia, se curaba rápido, aunque fingía que le dolían por unos días para no levantar sospechas... Pero eso no lo diría. Menos delante de Hank, que la relación que tenía con él no era la mejor y sabía que estaba esperando que se convirtiera para desquitarse con él.

¿Acaso esta hostilidad hacia mí es por Danna? Pensó, era el único que no podía leerle la mente, tenía sus pensamientos bien blindados, todo gracias al tiempo que tenía viviendo.

—Cambiando de tema— intervino Danna—. ¿Por qué la jefa de los sacos de pulgas de la ciudad no está aquí?

Curioso... Filis me dijo que estaría aquí. Pensó, pero eso no lo podría decir. Nadie sabía dónde estaba y no se había comunicado con nadie. Solo con Christian a través de una especie de vínculo que tenían.

—Danna...— le reprocho Luca—. No sabemos dónde está, ella dijo que estaría de viaje, que volvería para esta luna llena...

—Qué coincidencia...— dijo sarcásticamente la pelirroja—. Si hoy pasa algo, como la otra vez, créeme Luca, que me desquito con ella.

Christian prefirió no decir nada, él si sabía dónde estaba ella, esa especie de vínculo le permitió observar donde estaba ella y comunicarse mentalmente con ella. Cuando Filis lo descubrió, bloqueaba sus pensamientos y funcionaban casi como celulares, cuando ella quería responder a algo que él le decía solo lo hacía, de resto, solo lo omitía.

*("Estoy en camino, Christian")

+ ("¿Cuándo llegaste al país, Filis?")

*("Hoy, pero por lo que más quieras, no digas nada, algo anda mal")

—Christian— la firmeza de la voz de Danna le hizo reaccionar—. ¿Qué pasa contigo?

—Nada, solo me duele la cabeza.

+ ("Filis. ¿Puedo decirles del suelo?")

*("Ni se te ocurra, Christian, estoy en camino")

Christian suspiró y cerró los ojos, ya había perfeccionado esta nueva habilidad, antes lo podía hacer con los ojos cerrados, pero ahora lo podía hacer sin necesidad de eso.




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