El frío no es lo peor del hielo. Es el silencio. Ese silencio pesado que cae cuando entro al vestidor y todas las conversaciones mueren al mismo tiempo.
Como si alguien hubiera apagado el sonido. Como si mi sola presencia fuera suficiente para incomodar.Aprieto la mandíbula, fingiendo que no me importa. No vine aquí a caer bien. Vine porque este es el único lugar donde todavía puedo respirar sin sentir que me ahogo. El olor a sudor, goma y hielo derretido me golpea de lleno. Es extraño… pero familiar. Es hogar. Aunque ellos no lo vean así.
—¿Te equivocaste de puerta?
La voz llega desde el fondo.
No levanto la mirada de inmediato. Termino de ajustar las cintas de mis patines con cuidado, asegurándome de que queden firmes.
No puedo darme el lujo de fallar.
No aquí.
No ahora.
—El equipo femenino entrena en otro horario —añade otro, con una risa baja que no intenta ocultar el desprecio.
Ahora sí levanto la vista.Uno por uno.Los miro a todos.Sin prisa. Sin bajar la mirada.He visto peores miradas que esas. Mucho peores.
—Entonces llegaron temprano para verme —respondo, con una calma que no siento del todo.
Algunos se tensan. Otros sonríen, como si esto fuera divertido.Para ellos lo es.Para mí… no.Me pongo de pie.El stick en mi mano se siente como una extensión de mi cuerpo. Siempre ha sido así.Desde que todo se vino abajo.Desde que el hockey dejó de ser solo un juego.Camino hacia la salida del vestidor sin pedir permiso.Sin mirar atrás.Pero los siento ,siento cada mirada clavada en mi espalda.Esperando.Midiendo.
Deseando que me rompa.El hielo me recibe con ese brillo casi cegador bajo las luces.
Respiro profundo. El aire es frío. Cortante. Real.
Mis cuchillas rozan la superficie y ese sonido… ese sonido lo cambia todo.Aquí es donde pertenezco.Aquí es donde nadie puede quitarme nada.
—Llegas tarde.
Me detengo.
La voz es baja, firme… peligrosa. Cierro los ojos un segundo antes de girarme.No por miedo.Por control.Cuando lo hago, ahí está. Adrián Volkov.
El capitán. El problema. El tipo que claramente ya decidió que no encajo aquí.Es más alto de lo que recordaba.Más duro. Como si el tiempo lo hubiera convertido en algo imposible de romper.
Sus ojos no tienen nada de cálidos, son fríos ,calculadores. Como si estuviera analizando exactamente en qué momento voy a fallar.
—No sabía que también eras el encargado del reloj —respondo.
Silencio.Peligroso.Lo veo tensarse apenas.Pero es suficiente.Se acerca.Cada paso suyo es lento. Medido.Como si no tuviera prisa porque sabe que el control es suyo.Siempre.
—Soy el encargado de este equipo —dice, deteniéndose frente a mí—. Y eso incluye decidir quién se queda.
Ahí está.La amenaza directa, sin adornos. Mi corazón late más rápido, pero no por miedo.Por rabia.Por todo lo que tuve que dejar atrás para estar aquí.Por todo lo que perdí.No voy a perder esto también.
—Entonces tendrás que aprender a vivir conmigo —digo, sin apartar la mirada—. Porque no me voy a ninguna parte.
El silencio se rompe con un par de respiraciones tensas alrededor.Nos están mirando.Todos.Esto no es solo una conversación. Es una prueba.Y ninguno de los dos piensa retroceder.Por un segundo… algo cambia en sus ojos.No es respeto, no todavía; Es otra cosa.Algo más oscuro.Más peligroso.
—Eso lo veremos —responde.
Y en ese instante lo entiendo, esto no es solo un equipo.No es solo hockey.Es territorio.Es poder.Es orgullo.Y yo acabo de entrar sin permiso.Sonrío apenas. Porque si él cree que voy a retroceder…no me conoce todavía.
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Holis mis amadas lector@s .
Esta es una linda historia de rivalidad pero también de amor.
Aviso de antemano que soy de las que le gusta los capítulos poco corto por si notan eso .
Sin más que decir.... Besoss mís amores ❄️
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Editado: 13.04.2026