El estadio está lleno.No es un entrenamiento.No es práctica.Es real.El ruido cae como una ola sobre el hielo, gritos, golpes contra el vidrio, el eco de los patines cortando la superficie.Y en medio de todo eso…mi corazón late demasiado rápido.
—No te distraigas.
La voz de Mateo llega desde mi izquierda.
—No lo haré —respondo, aunque no estoy tan segura.
Porque lo siento.Desde el otro lado de la pista.Adrián.No necesito mirarlo para saber dónde está.Pero lo hago igual.Error.
Sus ojos ya están en mí.Y no es la misma mirada de antes.Hoy hay algo más.Algo inestable.Algo… peligroso.
—Hoy está peor —murmura Mateo.
—¿Peor?
—Sí. Como si estuviera a punto de romper algo… o a alguien.
Trago saliva. No dice a quién, no hace falta.
El silbato suena.El partido comienza.Todo se mueve rápido.Demasiado.El disco pasa de un lado a otro, cuerpos chocan, el hielo vibra bajo cada impacto.Pero hay algo fuera de ritmo.Algo que no encaja..Adrián ,juega más agresivo.Más duro.Más… descontrolado.Golpea sin medir.Empuja con más fuerza de la necesaria.Como si no le importaran las consecuencias.Como si estuviera peleando contra algo que no está aquí.
—¿Qué le pasa? —murmuro.
Mateo no responde.Porque en ese momento—Adrián impacta contra un rival con una fuerza brutal.El sonido retumba en todo el estadio.El jugador cae.El árbitro pita. Falta.Pero Adrián no se detiene.Se queda ahí.Respirando agitado. Mirando al suelo como si no estuviera viendo el presente…sino algo más.Algo peor.
—Volkov, ¡fuera! —grita el entrenador.
Nada.
No reacciona.
Mi cuerpo se mueve antes de que piense. Patino hacia él.
—Adrián.
No responde.
—Adrián, mírame.
Silencio.
Y entonces—sus ojos se levantan.Pero no están aquí, no del todo.Están… en otro lugar.
—No… —murmura.
Mi corazón se detiene.
—¿Qué?
Su respiración se vuelve más rápida. Más pesada.
—Alina…
El nombre cae como un golpe.
Fuerte.
Frío.
Real.
Todo a mi alrededor desaparece. El ruido. El partido.La gente.Solo queda eso.Ese nombre.Alina Morozova.
—Adrián —digo, más suave ahora—. No estás ahí.
No sé qué estoy haciendo. No sé por qué soy yo la que está aquí.Pero no puedo irme, no cuando lo veo así.
Roto. De verdad.
—No pude… —su voz se quiebra—. No llegué a tiempo.
Un escalofrío recorre mi cuerpo.
—¿A tiempo para qué?
Sus ojos cambian, de golpe.El presente regresa.Y con él…el muro.Da un paso atrás.Como si mi cercanía fuera peligrosa.
—Aléjate —dice, frío otra vez.
Como si nada hubiera pasado.Pero pasó.Yo lo vi.
—Adrián
—Dije que te alejes.
Más fuerte.
Más duro.
Las miradas vuelven. El ruido regresa.El partido sigue.Pero ya nada es igual.Porque ahora lo sé.No completamente ,pero lo suficiente.Alina no es solo un recuerdo.Es una herida abierta.Y Adrián…no la ha superado. Ni cerca.
Regreso a mi posición. Mi mente sigue atrapada en ese momento.En sus palabras.
“No llegué a tiempo.”
¿Qué significa eso? ¿Qué pasó realmente?
El juego continúa. Pero ahora todo se siente distinto ,cada vez que Adrián se acerca…mi pecho se tensa.No por miedo, no exactamente.Es otra cosa. Algo más profundo. Más peligroso.
En una jugada rápida, recibo el disco. Avanzo.Uno. Dos.Esquivo.La portería está cerca.Pero entonces—un golpe.Pierdo el equilibrio.
Caigo. El hielo golpea mi espalda fuerte. El aire se me escapa.Antes de que pueda reaccionar—una sombra se lanza sobre el jugador que me derribó.Adrián.Lo empuja con una fuerza brutal.
—¡No la toques! —gruñe.
Silencio. Total.
Eso no es normal.Eso no es solo hockey.Eso es… otra cosa.Más personal.Más intensa.Más peligrosa.Me levanto con dificultad.
—Estoy bien —digo, aunque mi voz no suena firme.
Adrián no responde.Sigue mirando al otro jugador como si fuera a destruirlo.
—Volkov, ¡control! —grita el entrenador.
Pero no está escuchando.No del todo.Camino hacia él ,otra vez no debería ,pero lo hago.
—Adrián.
Su nombre sale más suave de lo que esperaba.Más cercano.Más… mío.Se tensa.Pero no se aleja.
—No necesito que me defiendas —digo.
Mentira. Tal vez sí.Tal vez no.Ni yo lo sé.
Sus ojos bajan hacia mí.Y esta vez…no hay enojo.Hay algo más.Algo que duele.
—No voy a dejar que pase otra vez.
Mi respiración se corta.
—¿Qué cosa?
Silencio largo ,pesado.
Y entonces lo entiendo.No lo dice.Pero lo entiendo. Alina.Algo le pasó.Y él no estuvo ahí.No la protegió.No la salvó.Y ahora…no va a fallar otra vez.Ni siquiera conmigo.Eso debería asustarme.Pero no lo hace.Debería alejarme pero no puedo, porque en ese momento…lo veo claro. Adrián Volkov no es peligroso por lo que hace.Es peligroso…por lo que siente.Y eso…eso podría destruirnos a los dos.
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Otro capítulo más mi amores espero les gusten.
¿Quien era Alina morozava para Adrián?
Ay nuestra pequeña Zoé será que está sintiendo algo por Adrián?
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Editado: 27.04.2026