El beso sigue ahí, no en sus labios si no el aire , en la tensión que no desaparece. Zoé lo siente incluso antes de abrir los ojos esa mañana. Como si algo hubiera cambiado de forma irreversible. Como si cruzar esa línea hubiera activado algo que ahora no puede apagar.
El entrenamiento empieza como cualquier otro, pero nada se siente igual.Las miradas duran más de lo normal. Los silencios pesan más. Y Adrián… Adrián no la mira.Ni una sola vez.
Zoé aprieta el stick con más fuerza de la necesaria mientras patina hacia su posición. Intenta convencerse de que no le importa, de que fue un error como él dijo.
Pero entonces, ¿por qué duele?
—¿Qué hiciste? —la voz de Mateo la saca de sus pensamientos.
Zoé se detiene apenas.
—¿De qué hablas?
Mateo la observa fijamente, como si pudiera leer cada cosa que intenta ocultar.
—No soy estúpido, Zoé. Algo pasó.
Ella aparta la mirada hacia la pista.
—No pasó nada.
Mentira.
Mateo suelta una risa seca.
—Claro. Y Volkov ahora evita mirarte por deporte.
Eso hace que Zoé tense la mandíbula.
—Déjalo, Mateo.
—No.
Hay algo distinto en su tono.Más duro.Más serio.
—Ese tipo no es bueno para ti.
Zoé gira hacia él, molesta.
—No te metas.
—Me meto porque te conozco —responde, acercándose un poco más—. Y porque sé cómo termina esto.
Zoé frunce el ceño.
—¿Ah, sí? ¿Y cómo termina?
Mateo no responde de inmediato. Su mirada se desvía un segundo hacia Adrián, que entrena al otro lado de la pista, aislado del resto.
—Mal —dice finalmente—. Siempre termina mal.
Antes de que Zoé pueda contestar, el silbato del entrenador corta la conversación.
—¡Ríos, Volkov! ¡Equipo uno!
Perfecto.
Zoé siente el cambio en el ambiente en el mismo instante en que sus nombres se cruzan. Como si todos estuvieran esperando esto. Como si supieran.
Adrián se acerca sin mirarla directamente. Pero lo siente. Demasiado cerca.Demasiado consciente.
El juego comienza rápido. Intenso. Sin pausas.
Zoé intenta concentrarse, pero cada movimiento de Adrián la distrae. La forma en que patina. La precisión con la que se mueve. La tensión contenida en cada gesto.
Y ese silencio. Ese maldito silencio entre ellos.
En una jugada rápida, Zoé recibe el disco y avanza. Esquiva a uno, luego a otro. La portería está cerca.Pero antes de que pueda disparar, alguien la intercepta.Fuerte. Demasiado.Pierde el equilibrio por un segundo, pero logra mantenerse en pie.
—Cuidado —dice una voz.
Valentina.
Zoé se gira apenas. Ella está ahí, observándola con una calma que resulta irritante.
—No todos aquí juegan limpio.
—Me doy cuenta —responde Zoé, sin apartar la mirada.
Valentina sonríe, leve.
—Solo un consejo… no te acerques demasiado a lo que no entiendes.
Zoé no responde.
Porque ya está cansada de escuchar lo mismo.
El juego continúa, pero la tensión crece. Cada roce, cada mirada, cada silencio parece cargar más peso del que debería.
Hasta que explota. Mateo intercepta a Adrián en una jugada cerrada. El choque es fuerte, pero no ilegal.Aun así, ninguno se mueve.
Se quedan frente a frente.
—Aléjate de ella —dice Mateo, en voz baja. Pero lo suficientemente clara.El hielo parece quedarse en silencio. Adrián ladea apenas la cabeza.
—No es asunto tuyo.
—Lo es si la vas a arrastrar a lo mismo.
Esa frase cambia algo.Zoé lo ve. Lo siente..
Adrián se tensa de golpe.
—No sabes de lo que hablas.
—Sé lo suficiente —responde Mateo—. Sé lo que pasó con Alina.
Silencio total.
El nombre cae como una bomba. Zoé deja de respirar por un segundo.Adrián no se mueve.Pero algo en él…se rompe.
—Cállate —dice, apenas.
—¿O qué? ¿Vas a fingir que no pasó? ¿Que no fue tu culpa?
Adrián reacciona en un segundo.Lo empuja.Fuerte. Mateo responde igual.Y en cuestión de segundos, el hielo deja de ser una cancha. Y se convierte en un campo de pelea.
—¡Basta! —grita el entrenador, pero nadie escucha.
Zoé se mueve sin pensar.
—¡Paren!
Adrián lanza otro golpe, pero esta vez duda.Solo un segundo.Suficiente para que Mateo lo sujete por el uniforme.
—No vuelvas a acercarte a ella —gruñe.
Zoé se interpone.
—¡YA BASTA!
Su voz corta el momento. Los dos se detienen .Respiran agitados.Tensos.A punto de explotar otra vez.Pero esta vez… se contienen.
El entrenador llega y los separa.
—¡Fuera los dos! ¡Ahora!
El silencio que queda es incómodo.Pesado.Zoé mira a Adrián.Él no la mira.Otra vez no.Pero su mandíbula está tensa.Sus manos cerradas en puños.Y sus ojos…cuando finalmente la buscan—no son fríos.Son dolor puro .Como si todo lo que Mateo dijo…fuera verdad.Y eso lo estuviera destruyendo desde dentro.Zoé traga saliva.Porque ahora ya no es solo curiosidad.
Es algo más. Necesidad de entender, de saber de no quedarse al margen.Porque lo que pasó entre ellos…no fue un error.Fue una advertencia. Y ella no piensa ignorarla.
❄️❄️❄️❄️❄️❄️❄️
Ayy con estos chicos por dios. ¿De que está hablando Mateo?
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Editado: 27.04.2026