El silencio después de la pelea pesa más que cualquier grito. Zoé no vuelve al vestidor de inmediato. Se queda en el pasillo, apoyada contra la pared fría, intentando ordenar todo lo que acaba de pasar. Pero no hay orden posible. Solo preguntas. Demasiadas. Y todas llevan al mismo nombre. Alina. La puerta del rink se abre con un golpe seco. Adrián sale primero. Camina rápido, tenso, como si necesitara escapar de algo que no puede dejar atrás.
Zoé se endereza al instante.
—Adrián.
Él se detiene, pero no se gira de inmediato. Su espalda se tensa, como si ya supiera lo que viene.
—No ahora —dice, sin mirarla.
—Ahora —responde ella, firme. No piensa dejarlo ir otra vez. No después de lo que escuchó. Adrián cierra los ojos un segundo antes de girarse. Cuando lo hace, su mirada ya no es fría. Está cansada. Dañada.
—No sabes lo que estás pidiendo. —Zoé da un paso hacia él.
—Entonces explícame. Porque todos hablan, todos insinúan… pero nadie dice nada. Y yo ya estoy cansada. —Él la observa en silencio. Como si estuviera decidiendo algo importante. Como si abrir esa puerta significara no poder cerrarla después.
—No fue un accidente —dice finalmente. Las palabras caen pesadas. Zoé siente cómo su pecho se aprieta.
—¿Qué quieres decir?
Adrián traga saliva. Su mirada se pierde un segundo, como si ya no estuviera en ese pasillo.
—Ese día… —empieza, pero se detiene. Su mandíbula se tensa. Zoé no lo interrumpe. No esta vez. —Alina y yo discutimos —continúa, más bajo—. Fuerte. Como nunca antes.
Zoé siente un nudo en el estómago. —¿Por qué?
Adrián deja escapar una risa amarga.
—Porque yo siempre arruino todo. –Zoé frunce el ceño.
—No digas eso.
—Es la verdad —responde él, mirándola otra vez—. Siempre empujo a la gente hasta que se cansa… o hasta que pasa algo peor. –El silencio se instala entre ellos.
—¿Y qué pasó después? – pregunta Zoé más firma dispuesta a saber la verdad.
Adrián duda. Y esa duda dice más que cualquier palabra.
—Se fue —dice al final—. Se subió al auto… y se fue.
Zoé siente cómo el aire se vuelve más pesado.
—¿Y tú?
—No la seguí.
La respuesta es inmediata. Y duele. —Pensé que volvería —añade, con la voz más baja—. Siempre lo hacía. –Zoé no aparta la mirada. —Pero esta vez no volvió. –Adrián niega apenas, como si aún no pudiera aceptar esa parte. —No...
El silencio es absoluto.
—Hubo un accidente —continúa—. En la carretera. Perdió el control.
Zoé siente un escalofrío recorrerle la espalda. —¿Y tú…?
—Llegué tarde.
Las mismas palabras. Las que ya había dicho antes. Pero ahora… tienen peso. Real.
—Cuando llegué… —su voz se rompe apenas— ya era demasiado tarde.– Zoé baja la mirada un segundo, procesando todo.
—No fue tu culpa —dice, aunque no está segura de que él pueda creerlo. Adrián suelta una risa vacía.
—Le dije cosas que no debía. La dejé ir así. Sabiendo que estaba molesta. –Zoé vuelve a mirarlo.
—Eso no causó el accidente.
—Pero yo debería haber estado ahí —responde él, más firme—. Debería haberla detenido. Debería haber ido tras ella. Debería…
La palabra se queda en el aire. Incompleta. Inútil.
—No puedes cambiar eso —susurra Zoé.
—Lo sé —dice él—. Pero eso no significa que no tenga que cargar con ello.
El silencio vuelve. Pero esta vez no es incómodo. Es… distinto. Más cercano. Zoé da un paso más.
—Por eso dijiste que no dejarías que pasara otra vez.– Adrián no responde. Pero no hace falta. —Por eso no quieres que me acerque —añade ella.
—Sí. –La respuesta es casi un susurro. —Porque no voy a arrastrarte a esto.
Zoé siente cómo algo dentro de ella se mueve.
—No puedes decidir eso por mí.
Adrián la mira. Directo. Intenso. —Sí puedo, si significa que no te pase nada. –El corazón de Zoé late más rápido.
—No soy Alina.
Error. Lo sabe en el momento en que lo dice. Porque algo en Adrián… se rompe otra vez.
—No —dice él, más bajo—. No lo eres. Pero eso no cambia nada.
El aire entre ellos se vuelve denso. Demasiado. Zoé da otro paso. Ahora están muy cerca. Demasiado.
—No puedes seguir huyendo de todo —susurra. Adrián no se mueve.
—No estoy huyendo.
—Entonces ¿qué estás haciendo?
Silencio. Largo. Peligroso.
—Intentando no destruirte.– Las palabras caen suaves. Pero golpean fuerte. Zoé traga saliva.
—Tal vez no puedas.
—No lo sabes.
—Tú tampoco.
Otro silencio. Más corto esta vez. Más cargado. Adrián baja la mirada a sus labios otra vez. Como antes. Como si no pudiera evitarlo.
—Esto no está bien —murmura.
—Lo sé.
Pero ninguno se mueve. Ninguno se aleja. Y eso lo cambia todo. Zoé siente su respiración mezclarse con la de él. Tan cerca que duele.
—Dime que no quieres esto —susurra.
Porque esa pregunta no tiene una respuesta fácil. Adrián cierra los ojos un segundo. Y cuando los abre… ya no hay control. La besa otra vez. Esta vez no es un choque. Es más lento. Más profundo. Más peligroso. Como si ahora sí entendieran lo que están haciendo… y aun así no quisieran detenerse. Como si el dolor, la culpa y la atracción se mezclaran en algo imposible de separar. Zoé responde sin dudar. Sus manos se deslizan hasta su cuello, sujetándolo con una necesidad que no intenta ocultar. Adrián la acerca más. Como si por un momento olvidara todo lo demás. El pasado. La culpa. El miedo. Todo desaparece. Hasta que la realidad vuelve. Siempre vuelve. Se separa primero. Respirando agitado. Como si acabara de hacer algo que no puede permitirse.
—Esto no cambia nada —dice. Pero su voz no es firme. Zoé lo mira.
—Lo cambia todo
. Silencio. Pesado. Inevitable. Porque ambos saben la verdad. Esto ya no es solo tensión. Ya no es solo curiosidad. Es algo mucho más peligroso. Y ninguno está preparado para lo que viene.
#5330 en Novela romántica
#1838 en Otros
#342 en Acción
enemiestolovers romance odio amor, enemiestolovers odio amarte
Editado: 27.04.2026