El beso no desaparece ,no se diluye con el tiempo ni se pierde entre pensamientos. Se queda. Pegado. Persistente. Como una marca invisible que Zoé siente cada vez que respira. Y eso es el problema.
Porque ahora todo es diferente.
El entrenamiento comienza, pero el ambiente está cargado. No es solo la pelea del día anterior. Es algo más. Algo que no todos entienden, pero todos perciben. Las miradas se cruzan con más intención. Los murmullos duran más de lo normal.
Y Adrián… Adrián no se acerca.
Se mantiene al otro lado de la pista, concentrado, frío, distante. Como si nada hubiera pasado. Como si lo de anoche no hubiera existido.
Eso molesta más de lo que Zoé quiere admitir.
—¿Vas a seguir ignorándolo o ya vas a admitir que pasa algo? —la voz de Mateo la saca de sus pensamientos.
Zoé sigue mirando al frente.
—No pasa nada.
—Claro —responde él, con una sonrisa que no llega a sus ojos—. Y yo soy el portero estrella del equipo.
Zoé exhala.
—Mateo, en serio…
—No —la interrumpe—. No me digas que no es nada. Ayer casi se matan en la pista y hoy actúan como si ni se conocieran.
Zoé aprieta el stick.
—Es mejor así.
—¿Para quién?
Silencio.
No tiene respuesta.
Antes de que pueda pensar en una, el entrenador pita y el equipo se organiza. Zoé intenta concentrarse, pero su atención vuelve una y otra vez hacia Adrián. A la forma en que evita mirarla. A cómo parece más rígido, más contenido.
Como si también estuviera luchando contra algo.
El entrenamiento avanza sin incidentes hasta que una voz rompe el equilibrio.
—Vaya… esto es incómodo.
Valentina.
Zoé se gira lentamente. Está ahí, apoyada contra la baranda, observando con una expresión tranquila que no engaña a nadie.
—Pensé que después de ayer esto sería más interesante —añade, caminando despacio hacia la pista—. Pero supongo que algunos prefieren fingir.
Zoé la observa sin moverse.
—¿Tienes algo que decir?
Valentina sonríe.
—Oh, muchas cosas. Pero no sé si quieres escucharlas.
—Inténtalo.
El silencio que sigue es tenso.
—No eres la primera —dice finalmente.
Las palabras son suaves, pero golpean fuerte.
Zoé no reacciona de inmediato.
—¿Perdón?
Valentina ladea la cabeza.
—Chicas como tú. Que creen que pueden acercarse, entenderlo, arreglarlo.
Hace una pausa, observándola.
—No termina bien.
Zoé siente cómo la irritación crece.
—No estoy intentando arreglar a nadie.
—Entonces es peor —responde Valentina—. Porque eso significa que no entiendes en lo que te estás metiendo.
Zoé da un paso hacia ella.
—Tal vez tú tampoco lo entiendes.
Por primera vez, la sonrisa de Valentina se debilita.
—Yo estuve ahí cuando todo se rompió —dice, más baja—. Tú no.
El aire se vuelve pesado.
Zoé sostiene su mirada.
—Entonces deja de hablar en acertijos y di la verdad.
Valentina se queda en silencio un segundo.
Y luego—
—Él la dejó ir.
Boom.
El mundo parece detenerse.
—¿Qué?
—Alina —dice, esta vez sin rodeos—. Discutieron. Ella se fue. Y él… no hizo nada.
Zoé siente el impacto directo en el pecho.
—No sabes lo que estás diciendo.
—Lo sé mejor que nadie —responde Valentina—. Porque yo estaba ahí después. Yo recogí lo que quedó.
El silencio es absoluto.
—Así que sí —añade—. Ten cuidado.
Zoé no responde. Porque ahora ya no es solo duda.Es conflicto. Y duele más de lo que esperaba.
—Suficiente.
La voz de Adrián corta el momento. Todos se giran.Él está ahí, mirada fija en Valentina.Tenso.Peligroso.
—No te metas —dice ella, tranquila.
—Ya te metiste demasiado.
El hielo parece vibrar bajo la tensión. Valentina lo observa, sin miedo.
—¿Y qué vas a hacer?
Silencio. Adrián no responde. Pero su mirada dice todo.
—Eso pensé —murmura ella, antes de girarse y alejarse.
El ambiente queda cargado , pesado insoportable.
Zoé no espera. Se gira y se aleja de la pista. Necesita aire. Necesita pensar.
No llega lejos.
—Zoé.
Se detiene.Adrián. Siempre Adrián. No se gira de inmediato.
—¿Qué?
—No le hagas caso.
Zoé suelta una risa seca.
—¿En serio? Porque parece que todos saben más que yo.
Silencio.
—No es tan simple.
—Nunca lo es contigo.
Se gira entonces.Lo mira directo a los ojos.
—¿La dejaste ir?
La pregunta queda suspendida. Adrián no responde de inmediato.Pero su silencio…dice demasiado.
Zoé siente cómo algo se rompe.
—Entiendo —murmura.
Se gira para irse. Pero su mano la detiene.
—No. — La palabra es firme.—No entiendes.
Zoé lo mira.
—Entonces explícame.
Adrián duda otra vez. Siempre dudando .
—No puedo.
Eso es suficiente.
—Entonces no me pidas que confíe en ti.
El golpe es directo. Adrián aprieta la mandíbula.
—Esto no es sobre confianza.
—Entonces ¿sobre qué es?
El ambiente es más denso, pesado.
—Sobre no perder a alguien más.
La respuesta la deja sin aire por un segundo.
—No puedes protegerme de todo.
—No estoy intentando protegerte de todo.
Da un paso más cerca.
—Solo de mí.
Eso la desarma por completo. Zoé lo mira, tratando de entender.
—Tal vez no necesito que lo hagas.
Esas simples palabras lo cambia todo ...Otra vez.La distancia entre ellos desaparece.Como siempre,como si no aprendieran ,como si no quisieran aprender.
—Zoé… —murmura él.
Pero no se aleja. Y ella tampoco.
El silencio se vuelve más peligroso.
—Esto no va a terminar bien —dice Adrián.
—Lo sé. Créeme que lo sé.
—Entonces ¿por qué…?
Zoé lo mira.Directo. Sin miedo.
—Porque no quiero que termine.
Y eso…eso lo cambia todo. Solo que ninguno sabe cómo apagar los pensamientos negativos y aceptar lo que la vida le estaba mostrando.
#5330 en Novela romántica
#1838 en Otros
#342 en Acción
enemiestolovers romance odio amor, enemiestolovers odio amarte
Editado: 27.04.2026