Hielo en Llamas

10. Castigos y Verdades a medias

El silencio en el vestidor no es normal. No es el típico silencio previo a un entrenamiento. Es tenso, incómodo, cargado de miradas que se esquivan y otras que se clavan demasiado tiempo. Zoé lo siente apenas entra. Nadie habla de lo que pasó, pero todos lo saben. La pelea. Los gritos. El nombre de Alina flotando en el aire como algo que no debería haber sido mencionado.

Mateo está sentado en una de las bancas, los codos apoyados en las rodillas, las manos entrelazadas. Cuando Zoé entra, levanta la mirada de inmediato.

—¿Estás bien?

Zoé asiente, aunque no del todo convencida.

—Sí.

Mateo no parece creérselo.

—No deberías acercarte a él.

Zoé suspira, dejando su bolso a un lado.

—Otra vez con eso…

—No es “otra vez”, Zoé. Es la realidad —responde, más serio—. ¿Escuchaste lo que dijo ayer? ¿Lo que pasó con Alina?

Zoé se queda en silencio un segundo.

—No sabemos toda la historia.

—Sabemos suficiente.

Eso la molesta.

—No. Tú crees que sabes suficiente.

Mateo se levanta, acercándose un paso.

—¿Y tú? ¿Qué crees? ¿Que puedes salvarlo?

Zoé niega con la cabeza.

—No estoy intentando salvar a nadie.

—Entonces estás entrando a algo peor.

Antes de que pueda responder, la puerta del vestidor se abre con fuerza. El entrenador entra, serio, con una carpeta en la mano.

—Todos a la pista. Ahora.

Nadie discute.

El ambiente cambia en cuanto pisan el hielo. Pero no mejora. Solo se vuelve más frío.

El entrenador los observa unos segundos, uno por uno, como si evaluara algo más que su rendimiento.

—A partir de hoy, las cosas cambian —dice finalmente—. No voy a tolerar peleas dentro de mi equipo. Así que habrá consecuencias.

Un murmullo recorre el grupo.

—Volkov. Cruz.

Adrián y Mateo avanzan.

—Quedan suspendidos del próximo partido.

El golpe es inmediato.

Zoé siente cómo el aire se le corta un segundo.

Mateo aprieta la mandíbula, pero no dice nada.

Adrián tampoco.

Eso es lo que más inquieta.

—Y si vuelve a pasar algo así —continúa el entrenador—, no solo estarán fuera de un partido. Estarán fuera del equipo.

Silencio.

Pesado.

Real.

—Entrenamiento normal —finaliza.

El silbato suena, pero nadie se mueve de inmediato. Como si todos necesitaran un segundo para procesar.

Zoé busca a Adrián con la mirada.

Lo encuentra.

Y por un instante…

todo vuelve a desaparecer.

Pero esta vez no hay acercamiento.

No hay palabras.

Solo distancia.

Y eso duele más de lo que debería.

El entrenamiento avanza, pero nada fluye como antes. Falta coordinación. Falta enfoque. Falta algo que nadie quiere nombrar. En una pausa, Zoé se acerca a la banca para tomar agua. Apenas lo hace, alguien se coloca a su lado.Valentina.

—Qué conveniente —murmura, sin mirarla—. Ahora ninguno de los dos jugará.

Zoé deja la botella en la banca.

—¿Viniste solo a decir eso?

Valentina gira el rostro hacia ella.

—Vine a ver cuánto tiempo te toma darte cuenta.

—¿De qué?

Valentina sonríe, pero no hay diversión en ello.

—De que no puedes competir con un fantasma.

El comentario la golpea más de lo esperado.

—No estoy compitiendo con nadie.

—Claro que sí —responde Valentina—. Todos lo hacen. Yo lo hice.

Eso la hace detenerse.

—¿Qué?

Valentina mira hacia la pista, donde Adrián entrena en silencio.

—Después de Alina… él no era el mismo. Pero yo estuve ahí. Intenté que volviera a serlo.

Su voz no es fría ahora.

Es cansada.

—Pero nunca funcionó.

Zoé la observa con atención.

—¿Por qué?

Valentina tarda en responder.

—Porque nunca dejó de culparse.

Silencio.

—Y porque nunca dejó de quererla.

Las palabras caen suaves. Pero pesan demasiado.Zoé baja la mirada un segundo.

—Eso no significa que no pueda seguir adelante.

Valentina la mira directamente.

—Significa que tú vas a ser la que se rompa en el intento.

El golpe es directo.Y esta vez…Zoé no tiene una respuesta inmediata.Valentina se aleja sin decir más.Dejando algo incómodo detrás.Algo que Zoé no puede ignorar.

El resto del entrenamiento pasa sin que Zoé realmente esté presente. Sus movimientos son automáticos. Su mente está en otro lugar.En Adrián.En Alina.En todo lo que no encaja.Cuando termina, no vuelve al vestidor.Se queda.Esperando.No sabe exactamente qué espera.Pero sabe que no puede irse así.No después de todo.El hielo queda vacío poco a poco. Jugadores saliendo, voces apagándose, ruido desapareciendo.Hasta que solo quedan dos.Adrián y ella. Él está de espaldas, recogiendo su equipo.

—¿Vas a seguir evitándome?

Su voz rompe el silencio. Adrián se queda quieto un segundo.

—No te estoy evitando.

Zoé cruza los brazos. —Claro.

Él se gira entonces.La mira. De verdad.

—¿Qué quieres?

La pregunta es directa. Zoé da un paso hacia él.

—La verdad.

Silencio. Adrián suelta el aire lentamente.

—Ya te dije lo que pasó.

—No todo.

Eso lo hace tensarse.

—¿Qué más quieres saber?

Zoé lo sostiene con la mirada.

—¿Por qué todos actúan como si hubiera algo más?

Adrián no responde de inmediato.Y ese silencio…es suficiente.

—Hay algo que no me estás diciendo —añade ella.

—No.

La respuesta es rápida. Pero no convincente.

—Adrián…

—No —repite, más firme—. Déjalo así.

Zoé niega con la cabeza.

—No puedo.

Se acerca un paso más.

—No después de todo esto.

El aire cambia.Otra vez. Siempre pasa.

—Esto no es tu problema —dice él.

—Tú lo hiciste mi problema.

—Desde el momento en que me besaste.

Boom. Ahí está.Adrián cierra los ojos un segundo.Como si eso fuera peor que todo lo demás.

—Eso fue un error.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.