El ambiente en el rink cambia en cuanto Zoé entra. No es solo la tensión habitual. Es más denso. Más incómodo. Como si algo hubiera estado circulando antes de que ella llegara. Las conversaciones se cortan. Las miradas se desvían demasiado rápido. Algo pasó. Y lo siente. No tarda en encontrar la razón. Mateo está de pie cerca de la pista, hablando con uno de los compañeros. Cuando la ve, su expresión cambia. Demasiado seria. Demasiado directa. Zoé se acerca sin perder tiempo.
—¿Qué pasa?
Mateo duda un segundo.
—Nada que tengas que escuchar ahora.
Eso es suficiente para confirmar lo contrario. Ya que su actitud me deja nerviosa.
—Dímelo. — le exigo que hable.
Mateo exhala.
—Están hablando de él.
No necesito preguntar quién. Una punsaso en el pecho se me instala.
—¿Qué dicen?
Mateo aprieta la mandíbula.
—Que no fue solo una discusión.
El pecho de Zoé se tensa.
—¿Qué quieres decir?
Mateo la mira directamente.
—Dicen que Alina no perdió el control sola.
El mundo parece detenerse un segundo.
—¿Qué?
—Dicen que él estaba con ella antes del accidente. Que discutieron… y que él se fue primero.
Las palabras caen pesadas demasiado.
—Eso no tiene sentido —responde Zoé, más rápido de lo que debería.
Pero su voz no suena tan firme. Mateo la observa.
—¿Estás segura?
Zoé no responde.Porque ahora…no lo está.
El resto del equipo murmura a lo lejos. No lo dicen directamente, pero el ambiente está cargado de eso. De dudas. De versiones incompletas.
De algo que no encaja.Zoé no espera más. Se gira y sale del rink.Lo encuentra afuera, detrás del edificio, apoyado contra la pared, como si necesitara aire. Adrián levanta la mirada en cuanto la ve. Y en ese instante lo sabe. Él también lo escuchó.
—¿Es verdad?
No hay rodeos.No hay preparación.Adrián se queda en silencio.Ese silencio…dice demasiado.Zoé da un paso más.
—¿Estabas con ella?
Adrián cierra los ojos un segundo.
—Sí.
El golpe es directo.
—¿Y te fuiste?
No responde. Pero no hace falta. Zoé siente cómo algo se quiebra dentro de ella.
—Adrián…
—No fue así —dice de repente, más firme.
Zoé lo mira.
—Entonces explícame.
Su respiración se vuelve más pesada.
—Discutimos. Sí. Pero no como creen.
—¿Entonces cómo?
Un Silencio largo se extiende,difícil.
—Ella… —empieza, pero se detiene.
Zoé no se mueve.No lo interrumpe.
—Ella quería que dejara el hockey.
Las palabras la toman por sorpresa.
—¿Qué?
—Decía que me estaba destruyendo —continúa—. Que me estaba aferrando a algo que no tenía futuro.
Zoé frunce el ceño.
—¿Y tú?
Adrián suelta una risa amarga.
—Le dije que no entendía nada.
Silencio.
—Le dije que no tenía derecho a decidir por mí.
Las piezas empiezan a moverse.
—Y se fue.
Adrián asiente apenas.
—Se bajó del auto en medio de la discusión. Me gritó que eligiera.
Zoé siente el aire más pesado.
—¿Elegir qué?
Adrián la mira.Directo.
—Entre ella… y el hockey.
Boom.
Ahí está.
La verdad.
Zoé traga saliva.
—¿Y qué hiciste?
Silencio.Y esa vez…ese silencio duele más que cualquier respuesta.
—Elegí —dice finalmente.
Su voz es baja.Pero clara.
—Me fui.
El impacto es brutal.
Zoé da un paso atrás, sin darse cuenta.
—La dejaste ahí…
—No sabía que iba a—Se detiene.Pero ya es tarde.
—Que iba a morir —termina Zoé.
El silencio se vuelve insoportable.Adrián pasa una mano por su rostro.
—Volví después.
—Pero ya era tarde.
Las mismas palabras.Otra vez.Más reales.Más pesadas.
—Sí.
Zoé no sabe qué decir.No hay una respuesta correcta.No hay forma de suavizar eso.
—Ahora entiendes —murmura Adrián— por qué no quiero que te acerques.
El aire entre ellos cambia.Ya no es solo tensión.Es algo más.Más oscuro.Más real.
Zoé lo mira.Y por primera vez…duda. No de él.De todo.
—No puedes cargar con eso tú solo —dice, más bajo.
Adrián niega.
—Sí puedo.
—No.
Da un paso hacia él.
—No puedes seguir castigándote así.
—No es castigo —responde—. Es lo que merezco.
Eso la golpea fuerte.
—No digas eso.
—Es la verdad.
—La elegí a ella —añade—. Y aun así… no fue suficiente.
Las palabras salen rotas.Y eso…eso lo cambia todo.Porque ya no es solo culpa.Es dolor.Real.Profundo.
Zoé traga saliva.
—No fue tu culpa que el accidente pasara.
—Pero sí fue mi culpa no estar ahí.
La respuesta es inmediata.Convencida.PeligrosaZoé se acerca más.Demasiado.
—No puedes seguir viviendo así.
Adrián la mira.Y en sus ojos hay algo que asusta.
—¿Y cómo quieres que viva?
Zoé no tiene una respuesta.
—Dime —insiste él—. ¿Cómo se supone que siga adelante sabiendo eso?
El aire se vuelve denso. Pesado.
—Viviendo —responde ella finalmente.
Simple.Pero difícil. Adrián suelta una risa sin humor.
—No es tan fácil.
—Nunca lo es.
Algo cambia,pero esta vez…no se rompe. Se sostiene. Adrián la observa.Como si estuviera viendo algo que no esperaba encontrar.
—Deberías alejarte —dice otra vez.
Más bajo.Más cansado. Zoé niega.
—No quiero.
Y eso…eso es lo que lo desarma.Otra vez.La distancia entre ellos desaparece.Como siempre.Como si no aprendieran.Como si no quisieran hacerlo.
—Esto te va a lastimar —murmura él.
—Tal vez.
—No vale la pena.
Zoé lo mira.Directo.
—Eso no lo decides tú.
Y entonces…pasa.No es como los otros besos.Es más lento.Más consciente.Más cargado de todo lo que ahora saben.Dolor.Culpa. Atracción. Y algo más.Algo que ninguno puede detener.Porque ya es demasiado tarde.
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Editado: 22.05.2026