Hielo en Llamas

14. Cuando todo empieza a romperse

El ambiente en el rink es distinto desde que Zoé cruza la puerta. No es solo tensión. Es orden forzado. Como si alguien hubiera decidido que ya fue suficiente. Las risas son pocas. Las miradas, más serias. El eco de los patines contra el hielo suena más fuerte de lo normal. O tal vez es su cabeza. No alcanza a dar tres pasos cuando lo nota.

Un grupo reunido cerca del centro de la pista. Y en medio… alguien que no había visto antes. Alto. Postura firme. Mirada directa. No necesita presentación para saber quién es. El capitán. Daniel Torres. Zoé reduce el paso, observando. Daniel habla con el entrenador, pero su atención no tarda en moverse hacia el equipo. Los recorre a todos. Evaluando. Midiendo.

Cuando sus ojos pasan por ella, se detienen apenas un segundo más de lo necesario. Luego siguen. Como si ya hubiera tomado nota.

—Se acabó el desorden —dice finalmente, con voz firme—. Este equipo no está para dramas. —el silencio es inmediato.

—Si alguien tiene problemas personales, los deja fuera del hielo —continúa—. Porque aquí jugamos como equipo… o no jugamos.

El mensaje es claro. Directo. Y no necesita nombres. Todos saben a quién va dirigido. Zoé siente la presión en el pecho. Y no es la única. Del otro lado de la pista, Adrián está completamente quieto. Escuchando. Sin mostrar reacción. Eso es peor.

—Entrenamiento —ordena el entrenador. El silbato rompe el momento. Todo vuelve a moverse. Pero la tensión no desaparece. Solo cambia de forma. Zoé intenta concentrarse. De verdad lo intenta. Pero cada movimiento se siente observado. Medido. Evaluado. En una jugada rápida, falla un pase. No es grave. Pero es suficiente.

—Ríos —la voz de Daniel la detiene—. Más atención.

Zoé asiente, molesta consigo misma. —Sí.

El entrenamiento continúa. Pero ahora hay algo más. Presión. Real. Constante. En otra jugada, Adrián interviene. Preciso. Perfecto. Como siempre. Pero esta vez… demasiado agresivo. El choque contra otro jugador es limpio, pero fuerte. Daniel no tarda en acercarse.

—Control —dice, firme. Adrián lo mira. —Estoy jugando.

—No. Estás descargando —responde Daniel—. Y eso nos afecta a todos.

El silencio entre ellos es tenso. Pero Adrián no responde. Solo se aleja. Eso no ayuda. Zoé lo observa. Y algo dentro de ella se aprieta. Porque sabe que esto no va a mejorar solo. El entrenamiento termina sin más incidentes. Pero el daño ya está hecho. El equipo lo siente. Todos lo sienten. Zoé apenas sale del hielo cuando alguien la detiene. Mateo.

—Tenemos que hablar. —su tono no deja espacio para evitarlo. Zoé suspira.

—No ahora.

—Ahora —insiste él.

Ella lo mira. Sabe que no se va a rendir.

—Bien.

Nos alejamos un poco del resto. Lo suficiente para que nadie escuche.

—¿Qué estás haciendo? —pregunta Mateo directamente. Zoé frunce el ceño.

—¿De qué hablas?

—De él —responde—. De Adrián.

El nombre pesa más de lo normal.

—Nada.—respondo.

—No te creo. — mateo me conoce tan bien que sabe lo que me ocurre últimamente.

—No es tu problema. —Eso lo tensa.

—Claro que lo es.

Zoé cruza los brazos.

—No decides eso.

—Lo hago cuando veo que te estás metiendo en algo que te va a romper. —el silencio se vuelve incómodo.

—No sabes eso.

—Sí lo sé —responde Mateo—. Porque ya pasó. —sus palabras la golpea.

—No soy ella.—agrego defensiva.

—No —dice él—. Pero él sigue siendo el mismo.

Eso duele. Más de lo esperado.

—No tienes derecho a decir eso.— mis voz sale dolida.

—Tengo derecho a protegerte. — Zoé niega con la cabeza.

—No necesito que me protejan.— determino con firmeza.

—Todos dicen eso… hasta que es tarde.—murmura a penas.

—¿Te gusta? —pregunta Mateo de repente. Directo. Sin filtros. Zoé se queda quieta. No responde. —Eso pensé —murmura él.

—No es tan simple —dice ella finalmente.

—Nunca lo es —responde Mateo—. Pero eso no significa que no termine mal.

Zoé lo mira. Firme. —Eso lo decidiré yo.

Mateo sostiene su mirada unos segundos más. Luego se aleja. Pero no tranquilo ,no convencido. Y eso deja algo incómodo detrás. Zoé exhala lentamente. Necesita aire. Espacio. Pero en cuanto levanta la mirada… lo ve. Adrián. Observándola. Desde el otro lado. No se acerca. No dice nada. Pero su mirada… lo dice todo. Y eso es suficiente para que el mundo vuelva a reducirse a un solo punto. Él. Zoé duda un segundo. Pero avanza. Siempre avanza.

—Esto se está saliendo de control —dice cuando llega frente a él. Adrián no lo niega.

—Lo sé. —Entonces haz algo.

—¿Qué quieres que haga? —pregunta él. Zoé lo mira.

—Deja de actuar como si no importara. —exclamo ya cansada de lo mismo.

—Importa demasiado.

—Entonces demuéstralo.— el aire cambia. Otra vez. No entiendo por qué todo esto, están difícil.

—No puedo —dice él ,sin mirarme.

—Sí puedes. —respondo frustrada. Adrián da un paso más cerca.

—No si eso significa que te arrastre conmigo.— añade con voz firme. Por lo que sostengo su mirada penetrante.

—Tal vez ya lo hiciste. — agregó en un susurro pesado. Real.

—Esto va a explotar —murmura él , aproximadose más así a mí.

—Entonces deja de contenerlo.— añado en un leve suspiro.

Pero lo que salió de mis labios creo que fue un error. Porque eso… eso lo rompe un poco más. Y esta vez, no se aleja. Pero tampoco se acerca. Se queda ahí. En ese punto exacto donde todo puede pasar… o todo puede destruirse. Y ninguno sabe cuál va a ser primero.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.