Hielo en Llamas

15. Lo que nadie quiso contar

El ambiente en el rink no mejora. Si acaso, empeora. La tensión ya no es solo algo que se siente. Es visible. Está en la forma en que los jugadores evitan ciertas miradas, en cómo los entrenamientos se vuelven más mecánicos, más forzados. Como si todos estuvieran caminando sobre hielo a punto de romperse. Zoé lo percibe desde el momento en que entra, pero esta vez hay algo más. Algo diferente. Una presencia que no reconoce.

Está apoyado contra la baranda, observando el entrenamiento con una calma que no encaja con el resto. Alto, serio, con una expresión que no intenta ocultar nada. Zoé lo nota, pero no es la única. Adrián también. Y la forma en que se queda completamente quieto al verlo… lo dice todo.

—¿Quién es? —pregunto en voz baja, acercándose a Mateo. Mateo sigue la dirección de su mirada.

—Viktor Sokolov. —el nombre cae con peso.

—¿Lo conoces?— Mateo niega.

—Pero él sí conoce a Volkov.

Zoé vuelve a mirar. Viktor no aparta la vista de Adrián. Ni un segundo. Como si estuviera esperando algo. O recordando. El entrenamiento continúa, pero la atención de Zoé ya no está en el juego. Está en esa tensión invisible que conecta a esos dos. Y no tarda en romperse. El silbato marca una pausa. Los jugadores se dispersan. Y Viktor se mueve ,sin dudar. Adrián no lo evita. No se aleja,se queda ahí, esperándolo. Cuando se encuentran, el aire cambia. Zoé no escucha las primeras palabras, pero ve lo suficiente. La rigidez en los hombros de Adrián. La calma peligrosa de Viktor. Algo no está bien. Sin pensarlo, se acerca un poco más. Lo suficiente para escuchar.

—Pensé que no volverías —dice Adrián, seco.

—Yo pensé que tú habías aprendido —responde Viktor. El tono es bajo. Pero cargado.

—No empieces —advierte Adrián. Viktor inclina la cabeza apenas.

—¿Por qué? ¿Te incomoda que alguien diga la verdad?

Zoé se queda quieta. Eso no le gusta.

—No sabes nada —responde Adrián.

—Sé más que todos aquí —dice Viktor—. Porque yo estaba ahí.

El silencio se vuelve pesado.

—Yo también estaba ahí cuando la sacaron del auto —añade—. ¿Recuerdas eso?

Zoé siente cómo su pecho se tensa. Adrián no responde. Pero su expresión… se endurece.

—Cállate —dice finalmente.

—No —responde Viktor—. Ya es hora de que dejes de fingir.

Zoé da un paso más, sin poder evitarlo. —¿De qué está hablando? Ambos giran hacia ella. Adrián se tensa al instante.

—No te metas. —dece Adrián.

—No —interrumpe Viktor, observándola con atención—. Ella debería saber.

Zoé siente el corazón acelerarse. —¿Saber qué?

El silencio que sigue es largo. Peligroso. Adrián niega apenas. —No.

Pero Viktor no se detiene.

—Alina no solo quería que él dejara el hockey —dice, directo—. Quería irse. Lejos. Con él. —Zoé frunce el ceño.

—¿Irse?

—Sí —continúa Viktor—. Tenían todo planeado. Dejar la ciudad. Empezar de nuevo.

Las piezas empiezan a moverse.

—¿Y qué pasó? —mi voz apenas es un susurro.Viktor mira a Adrián.

—Que él no fue.

Un silencio denso se produce luego de esa palabras. Zoé siente cómo algo se hunde en su pecho.

—¿Eso es cierto? Adrián no responde. Y eso… es suficiente.

—Ella lo esperó —añade Viktor—. Ese día no fue una simple discusión. Era una decisión. Zoé traga saliva.

—¿Y tú…?

Adrián aprieta la mandíbula.

—No iba a dejar todo por un impulso.

—No era un impulso —corrige Viktor—. Era ella.

Las palabras quedan suspendidas.

—Ella eligió quedarse contigo —continúa—. Pero tú no la elegiste a ella.

El golpe es brutal , dejando a Adrián pálido. Zoé siente que el aire falta por un segundo.

—Ya basta —dice Adrián, más fuerte. Pero Viktor no retrocede.

—Díselo —insiste—. Dile que la dejaste sola cuando más te necesitaba.

—¡Cállate! —la voz de Adrián rompe el momento.

Fuerte incontrolable. El silencio cae de golpe alrededor. Zoé no se mueve. No puede.

—¿Es verdad? —pregunta, más bajo ahora. Más personal. Adrián la mira. Y en sus ojos… no hay defensa. Solo culpa.

—Sí.

Esa sola palabra pesa más que todo lo demás. Zoé siente cómo su pecho se aprieta.

—Entonces todo esto… —empieza, pero no termina. No sabe cómo.

—Ya lo sabes —dice Adrián, seco—. Ahora entiendes por qué no deberías estar aquí.

Eso duele. Más de lo esperado, lo observo fríamwte

—No puedes decidir eso por mí —responde Zoé, aunque su voz no es tan firme.

—Sí puedo, si significa que no repitas su historia.— un dolor agudo se instala en mi pecho. Por que sus palabras duelen y mucho.

—No soy ella.— logro decir. Pero mi voz sale dolida.

—No —dice él—. Pero eso no cambia el final.

El silencio es pesado, irreversible. Zoé da un paso atrás. No por miedo. Sino porque necesita espacio para pensar. Para entender. Viktor observa la escena en silencio, pero su presencia ya hizo suficiente daño.

—Ten cuidado —dice finalmente, mirando a Zoé—. Porque esto… no termina bien. — y se aleja.

Dejándolos solos. Otra vez, pero esta vez… todo es distinto. Zoé mira a Adrián. Lo ve y siente una desepcion . Y por primera vez… no sabe qué hacer.

—Zoé… —empieza él. Pero ella niega.

—No. No ahora.

Me jiro para marcharme . Necesito irme. Necesita aire. Porque lo que acaba de escuchar… lo cambia todo. Y aun así… hay algo que no cambia. Porque incluso con todo eso… no puede dejar de sentir lo mismo. Y eso… eso es lo más peligroso de todo.




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