La mañana no trae calma. Solo más peso. Zoé lo siente desde que sale de casa. Todo parece más silencioso de lo normal, como si algo estuviera por romperse. Y no tarda en pasar. No llega ni a la esquina cuando lo ve. Mateo. Apoyado contra su moto, con los brazos cruzados y la mirada fija en ella. Esperándola.
—Tenemos que hablar.
No es una pregunta. Zoé suspira.
—Mateo…
—No —la interrumpe—. Esta vez no lo vas a evitar.— ella se queda quieta. Sabe que no va a irse sin decir lo que piensa.
—Está en tu casa.
El tono no es de duda. Es de confirmación. Zoé asiente.
—Sí.
Mateo pasa una mano por su cabello, frustrado.
—¿En qué estabas pensando?
—No tenía a dónde ir.
—Eso no es una razón —responde—. Es una excusa. Zoé frunce el ceño.
—No lo es.
—Claro que sí —insiste—. Porque lo que realmente pasa es que no quieres alejarte de él.
El silencio entre los dos cae pesado.
—Eso no es asunto tuyo.—espetó.
—Claro que lo es —protesta Mateo—. Porque te estoy viendo meterte en algo que ya sé cómo termina.
—No lo sabes. —aclaro.
—Sí lo sé —responde—. Porque ya pasó una vez. —el comentario la tensa.
—No soy ella. —me defiendo.
—No — admite —. Pero él sí es el mismo tipo que la dejó.
El golpe es directo. Zoé aprieta la mandíbula.
—No tienes derecho a decir eso. — exclamó enojada.
—Tengo derecho cuando veo que te estás perdiendo por alguien que no sabe ni qué hacer con su propia vida.— añade , aterrado por qué sabe lo que pasó en el pasado .
El peso de sus palabras le sienta pesado , y sabe que Mateo solo se preocupa por ella. Pero eso no le da algún derecho a decir por su futuro.
—No me estoy perdiendo. —logro decir. Ya astidada de esta situación.
—¿Ah, no? —responde Mateo—. Te sacaron del equipo, estás discutiendo con tu familia, y ahora lo tienes viviendo contigo. Dime cómo eso no es perderte. —Zoé no responde. Porque una parte de ella… lo sabe.
—Solo aléjate —dice Mateo, más bajo ahora—. Antes de que sea peor.
Zoé levanta la mirada. —No puedo. Mateo la observa. Y algo en su expresión cambia.
—Entonces sí es eso.
—¿Qué?
—Te importa más de lo que quieres admitir.
El silencio de Zoé lo confirma. Cambiando todo.
—Aléjate de ella. —una voz fuerte , corta el momento. Ambos giran. Adrián está ahí. A unos metros. Mirándolos. Su expresión es tensa. Contenida. Peligrosa. Mateo suelta una risa sin humor.
—Mira quién aparece. —Zoé siente el aire volverse más pesado.
—No empiecen —dice, pero nadie la escucha.
—No te metas —añade Mateo. Adrián da un paso más cerca.
—No me voy a meter. Ya estoy metido. El tono que implementa es firme. Seguro. Eso solo empeora las cosas.
—Ese es el problema —responde Mateo—. Siempre lo estás.
—No sabes de lo que hablas —dice Adrián.
—Sé suficiente —responde Mateo—. Sé lo que le hiciste a Alina.— el nombre de Alina cae como una bomba. Adrián se tensa al instante.
—No la metas en esto. — gruña.
—Es imposible no hacerlo —mascullo Mateo—. Cuando estás repitiendo la misma historia.
Está ves el golpe de las palabras hace que Adrián se enoje más.
—No tienes idea —responde Adrián, más frío.
—Tengo más idea que tú —replica Mateo—. Porque al menos yo sí veo lo que está pasando.
Zoé da un paso entre ellos. —Basta. —Pero ninguno retrocede.
—No la vas a arrastrar contigo —dice Mateo.
—No la estoy arrastrando —responde Adrián—. Ella decidió quedarse.
—Porque no sabe en lo que se está metiendo.
—¿Y tú sí?
—Sí —responde Mateo—. Y por eso que intento sacarla de ahí. —Adrián lo mira. Fijo.
—No necesitas salvarla. —asegura Adrián.
—Tal vez no —contesta—. Pero al menos no la voy a destruir.
Eso es suficiente.El empujón no es fuerte. Pero sí intencional. Adrián reacciona de inmediato. El aire se rompe. Zoé interviene antes de que escale.
—¡Basta! —Su voz corta el momento. Fuerte. Clara. Ambos se detienen. Pero la tensión sigue ahí. Intacta.
—Esto no es una pelea de ustedes —vociferó Zoé, respirando agitada—. Es mi decisión. —el silencio cae.
—Y ya la tomé.— Mateo la mira.
—Zoé…
—No —lo interrumpe—. No voy a alejarme. No ahora. No así.
Las palabras duelen. Lo sabe. Y él también. Mateo baja la mirada un segundo. Luego vuelve a verla.
—Entonces no digas que no te advertí. —su tono ya no es de enojo. Es de decepción. Y eso… duele más. Sin decir nada más, se gira y se va. Dejándolos solos. Otra vez. Pero esta vez… no es lo mismo. Zoé exhala lentamente. El silencio es pesado.
—No tenías que hacer eso —dice finalmente. Adrián la mira.
—Sí tenía.
—No. Esto no ayuda.
—Tampoco ayuda que él piense que puede decidir por ti. —Zoé niega.
—No lo hace.
—Lo intenta.
—Y tú lo dejas.
Eso la hace tensarse.
—No es eso.
—Entonces ¿qué es?
La pregunta queda en el aire. Zoé no responde de inmediato.
—Es alguien que me importa. —Adrián la observa.
—¿Más que yo?
Esa pregunta… no es justa. Y ambos lo saben.
—No es una competencia —responde ella.
—Todo lo es cuando se trata de perder a alguien. —el comentario pesa. Zoé lo mira.
—No voy a elegir entre ustedes dos. —Adrián sostiene su mirada.
—Tal vez ya lo hiciste.
El silencio se vuelve incómodo. Porque en el fondo… ambos saben que algo cambió. Y no hay forma de volver atrás.
¡Aviso importante!
Pensanba actualizar mañana para ir avanzando, pero recordé que mañana te una cita médica por lo no podré así más tarde (hoy) le voy a subir unos cuantos capitulos.
#1043 en Novela romántica
#249 en Otros
#51 en Acción
enemiestolovers romance odio amor, enemiestolovers odio amarte
Editado: 22.05.2026