Hierba mala

Capítulo V

“Adela a los ocho meses de edad”— leyó con detenidamente el reverso de la fotografía entre sus manos.

Era la fotografía más vieja que Adela había logrado encontrar; aunque si fuera franca ni siquiera había logrado encontrar tantas fotografías en aquel sobre. Se giró a ver a su madre quien aún roncaba profundamente; sin sospechar de la intrusa en su habitación.

Habían transcurrido un par de semanas desde que Adela se propuso buscar fotografías para ver si aquello le ayudaba a recordar algo de su pasado. Por lo que había decidido colarse al cuarto de su madre por la madrugada; ya que quitarle la llave o esperar a que algún día dejará su habitación abierta, sería casi imposible. Mientras veía las únicas cinco fotos encontradas en ese sobre se comenzó a cuestionar si alguna le traería algún recuerdo, pero en realidad era mayor su dolor de cabeza por forzarse a recordar algo que simplemente no dejó rastro en lo más mínimo en su memoria.

Tomó consigo la foto de sus ocho meses en la qué estaba en su cuna dormida tranquilamente con un mameluco de color amarillo pollo. Salió con cuidado de la habitación y regresó a la suya con pequeños pasos. Una vez en su cama seguía observando con detenimiento aquella foto; sabía que no sería un momento que en realidad recordaría, pero por alguna razón esa fue la foto que casi de manera instintiva decidió llevarse. No es que fuese un pecado o algo así, no obstante, tenía la extraña sensación que esas fotografías no se las hubiese dado su madre; ya que estaban escondidas hasta el fondo de su armario, como si fueran un objeto preciado o algún secreto a ocultar del mundo.

Se quedó viendo la fotografía fijamente esperando que su cabeza le trajera algo a la mente, pero no conseguía nada en concreto, al menos no hasta que se acordó de aquella mujer que le arrullaba en brazos en sus sueños. Posiblemente el recuerdo más antiguo que poseía de su vida en la que sentía calma y seguridad en los brazos de su madre; cosa que contrastaba bastante con su realidad de hoy en día.

-Agh… es inutil, lo mejor sería dormir— se quejó colocando la foto bajo su almohada y acomodándose para dormir.

No obstante, una extraña presencia en el cuarto no la dejaba dormir tranquilamente, o eso es lo que ella presentía ya que no tenía la certeza de que hubiese alguien con ella. Debido a que sería prácticamente imposible que así fuese, el único ser humano que estaba en ese departamento con ella, era su madre y ella estaba durmiendo en la otra habitación. Decidió que lo mejor sería hacer caso omiso y cerró con más fuerza sus ojos tratando de concentrarse en la idea de dormir, sin embargo la sensación de ser observada se volvía cada vez más latente e incómoda.

Sin más remedió abrió los ojos y se sentó sobre la cama intentando divisar hacía esa esquina de la habitación. Entrecerró los ojos intentando afinar de aquella manera su vista, pero fue en vano; no había nada ahí y eso la hizo sentir alivio probándose así misma que solo estaba delirando por ser tan tarde.

Crec, crec.

Escuchó como si la madera crujiera bajo los pies de alguien ahí parado.

Bum-bum, bum-bum.

Su corazón latía desbocado en su pecho por el pavor que comenzó a sentir; mientras una parte de ella se quería aferrar a la idea de que fue culpa de sus vecinos y eso no se había escuchado en su cuarto. Se quedó quieta como si esperara otra señal para conformar lo que había escuchado, pero esa conformación no llegó y quiso pensar que solo se estaba quedando dormida y estaba en ese pequeño limbo de caer por el cansancio.

Volvió a acomodarse en su cama en posición fetal hasta que finalmente cayó rendida debida al cansancio y a que realmente tenía unos estrictos horarios con respecto a su sueño.

[En su sueño]

Se encontraba tranquilamente balanceándose en un columpio que parecía estar en un risco, sin embargo Adela no se sentía aterrada en lo más mínimo. No al menos hasta que una figura se hizo presente detrás de ella. Era una especie de sombra a la que no le podía divisar el rostro, pero la sensación de que era algo peligroso se extendió en cada parte de su ser.

Fue entonces que aquella figura extraña extendió sus brazos y Adela con horror, y sin hacer algo al respecto, notó sus intenciones.

Comenzó a mecerla mucho más rápido haciéndola perder el ritmo y equilibrio en el columpio; tanto que la empujó tan brusco que cayó al precipicio.

De un brinco Adela se despertó y miró todo a su alrededor; estaba en su cuarto con el corazón acelerado y la respiración entre cortada. Se giró a ver su reloj, pero notó que por más que lo intentara no podía leer la hora… seguía soñando y el confirmar eso en su cabeza le dió una sensación más lúgubre al ambiente.

“Adela”— susurraron a su oído y entonces su alrededor cambió por completo.

Se miraba las manos fijamente, aunque le daban la extraña sensación de que no eran completamente suyas; notó que el piso nuevamente era aquel que la hacía sentir sobre un tablero de ajedrez. Había un escritorio frente a ella y una persona de bata blanca le hablaba, pero notó que aunque lo intentara, una vez más, no podía distinguir el rostro de esa persona y cada vez que lo intentaba se volvía más difuso.

“¿Otra vez causaste problemas?”— no lograba distinguir si había burla o no en aquel tono de voz—. “Deberías comenzar a portarte mejor, cariño”.




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