Hierba mala

Capítulo VIII

No sabían cómo habían ocurrido las cosas o en realidad sí lo sabían, pero aún seguían procesando todo lo que había ocurrido dentro de la habitación de la señora Ubiytsa. Corrieron como si su vida les fuera en ello y aún estaban intentando recuperar el aire, ahora que estaban ambos nuevamente en la sala con más preguntas que respuestas, sobre todo porque a pesar de todo Adela sentía que tenía un nuevo descubrimiento entre manos y nunca mejor dicho, porque ahora ambos observaban los frascos que cada uno llevaba entre sus manos.

[Minutos antes]

Ambos se habían quedado pasmados en su lugar y Oscar pudo realizar un único movimiento que fue sacar la mano del armario sin soltar aquel frasco, mientras temblaba con miedo viendo a la anciana frente a él, la cuál— ya le había dicho Adela— había muerto ya hace tres años. Por lo que tener de frente al espíritu de la anciana solo los hacía temblar de miedo e impotencia.

Lo inesperado fue que ella dejó de mecerse y los miró fijamente sin decir nada al respecto, con excepción de señalar hacía el tocador que estaba en la habitación. Adela como si entendiera el mensaje tomó la mano de su amigo y lo arrastró hasta el tocador donde había otro frasco de plástico con pastillas dentro. Cuando la anciana quiso pararse para acercarse, ambos sintieron un terrible temor que los hizo salir corriendo cerrando de golpe la habitación de la madre de Adela.

[Presente]

Después de regularizar ambos sus respiraciones se vieron cara a cara y sin decir nada fue como si ambos entendieran lo que el otro quería decir. Oscar fue el primero en ver el frasco que traía entre manos y sus ojos se abrieron con sorpresa al leer la etiqueta de dicho frasco y mirar a su amiga, con horror por ello.

-Adela…— murmuró absortó en la etiqueta— no son vitaminas— le mostró el frasco a su amiga—. Mamá me ha advertido que esto no es bueno.

-¿Por qué?— Adela parecía no entender la situación.

-Ella dice que vuelve loca a la gente— hace una pausa recordando claramente las palabras recitadas más de una vez por su madre—. Esta cosa hace que siempre quieras más y te hace ver cosas que no… ¿has visto “Dumbo”?— su amiga asintió—. Es como la escena de los elefantes que ven demonios… tal vez por eso la vimos a ella— menciona en referencia a la abuela de Adela.

-Tal vez…— por primera vez no sabe muy bien qué decir, así que mira el frasco color naranja entre sus manos— esto no es mío, supongo que es de mi mamá, pero…— lee la etiqueta con cuidado— para qué será.

-No lo sé— respondé una vez que lee tan extraño nombre.

-Creo que deberé buscar para qué es— dice Adela con una mueca de desconfianza.

-¿Cómo harás eso?— le pregunta con curiosidad.

-Lo mejor será Internet— responde con simpleza—. No creo que mamá me quiera responder esa pregunta o algún otro adulto, sin que me hagan demasiadas preguntas al respecto.

-¿Te dejan usar el Internet?— pregunta confundido.

-No demasiado, además jamás me interesé demasiado en ello, pero…— gira el frasco entre sus manos— esta es una buena excepción.

[Más tarde]

Adela estaba en su habitación analizando todo lo ocurrido por la tarde, inclusive la búsqueda que Oscar le había acompañado a realizar en aquella tablet que su mamá le prestaba en algunas ocasiones, aunque esa no fue una de ellas; por lo que tuvo que reunir el valor de entrar nuevamente en la habitación de su madre. Por suerte, no vió nada más y solo buscó veloz entre los cajones hasta que finalmente dió con su paradero.

Miraba el techo, mientras pensaba en el resultado de aquella búsqueda; en el rostro de Oscar antes de irse y el hecho de que cada vez sabía muchas más cosas personales de su vida y eso comenzaba a ser incómodo de cierto modo, aunque no tenía una sensación de rechazo hacía su amigo, más bien era la sensación de verse vulnerable ante alguien más.

-¿Qué debería hacer?— murmuraba molesta por no saber qué hacer con ello.

“Estás muy cerca, Adela”— aquella voz volvió a hacerse presenté, aunque esta vez la muñeca se dejaba ver con claridad frente a ella.

-¿Por qué sigues aquí?— Adela la miraba molesta— ¿Aún sigo drogada?

“La verdad no quiero responder eso”— por alguna razón la muñeca se veía enojada con ella— “Lo que sí es que estás tan cerca que te daré dos regalos”.

-¿Qué…?— antes de que Adela continuará, Susie señaló con su cabeza de porcelana hacía abajo de la cama.

Cuando Adela dirigió la mirada hacía allí, observó una mano pálida y larga salir arrastrándose, ella conocía bien ese brazo, y después de eso vió que eso le regresaba la pieza de rompecabezas que le había robado hace tiempo.

“Supongo que extrañabas tener ese rompecabezas completo”— respondió con simpleza—. “Ahora también puedes armar el otro que te di”.

-¿Te refieres en el que sales?— Susie asintió— ¿Fuiste tú quien me guió a él?

“Así es”— sonrió gustosa— “Tu otro regalo, lo verás cuando duermas”.

Adela quería seguir preguntando aún más, pero no pudo porque la muñeca había desaparecido por completo. Así que algo ansiosa decidió acostarse y tratar de dormir, pero no podía por más que lo intentará su cuerpo se negaba a cooperar. Quizá porque aún era muy temprano para eso, así que tenía más opciones decidió ir a la sala y terminar por su paz mental el antiguo rompecabezas que tenía.




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