La ansiedad no la dejaba en lo más mínimo desde que salió de aquella consulta con Kate, pensando en la posibilidad de ser abandonada una vez más. Rumiando en la idea de que quizá y solo quizá su madre siempre había tenido razón y era alguien muy difícil de tolerar.
Su hija hace un par de horas ya se había quedado dormida y lo sabía porque lo había comprobado como cada noche que iba a su habitación y la observaba dormir y respirar con suma tranquilidad. Se veía tan hermosa ahí dormida le acordaba de su única compañía durante toda su infancia “las muñecas”. Definitivamente para Cloe su hija era como una muñeca o más bien la muñeca más hermosa de todas las que había poseído.
No podía dejar que la abandonará sin más, tenía que hacer algo al respecto.
Volvió a su habitación no sin antes acariciar suavemente la mejilla que brillaba como una bello y rojizo fruto maduro; después dejó un casto beso en su frente y la miró tan solo unos instantes más antes de salir sigilosa del cuarto. En su habitación dio un respiro hondo antes de sentarse en su cama a pensar un poco en a donde había ido a para después de todos estos años en que siempre la profecía de su madre se cumplía sin cesar una y otra vez era abandonada a su suerte por alguien que parecía demasiado o quizás muy poco, no lo sabía con certeza.
[Hace veinticinco años atrás]
Una Cloe de trece años se encontraba dando de vueltas por su casa mordiéndose las uñas de manera ansiosa hasta lastimarse y hacerse sangrar, pero eso no parecía hacerla salir de sus pensamientos. Al menos hasta que su madre con pasos demasiado pesados salió de la cocina con ojos ardientes en cólera; parecía que cometería filicidio en ese mismo instante.
-Deja de dar vueltas… ¡es irritante!— la voz de su madre la frenó en seco.
-Perdón…— susurró avergonzada— mamá…— la llamó en voz baja y ella se giró a verla nuevamente con el ceño fruncido— ¿crees que William tuvo problemas con su auto?
-¿De qué demonios hablas?— la observaba irritada, frotándose la sien.
-William iba venir hoy a verme…— comenzó a jugar con sus dedos sin poder verla a los ojos— se supone que tendríamos nuestra décima cita y no ha llegado.
-Entonces no vendrá— ni siquiera se tentó el corazón para responder—. Seguramente ya se aburrió de ti.
-¿P-por qué dices eso, mamá?— Cloe estaba a punto de quebrarse.
-No me mires así, por eso mismo es que eres tan insufrible— la regañó furiosa—. Eres demasiado molesta, no me extraña que te haya dejado botada, Cloe.
-¿Me dejó botada?— murmuró con lágrimas, pero su madre ya no le respondió y solo volvió a la cocina—. ¿Soy molesta?
Subió a su habitación y cerró con cuidado la puerta, después se arrojó a la cama para llorar de forma desolada. Una vez que se quedó sin voz, sintió una pierna plástica rozarle el brazo y alzó la vista para ver a su querida muñeca, la más adorada de todas. Sintió que aquel objeto que no se podía mover la miraba como si fuera lo único que realmente podía consolarla en esa casa en la que solo era juzgada.
-Tú no vas a dejarme, ¿cierto?— el silencio fue su única respuesta, pero igual sonrió—. Al menos tú no puedes huir de mí, Sussy.
Acarició aquella muñeca que adoraba.
Lo cierto era que su madre tenía en parte la razón; William la había abandonado por alguien más y se había enfadado de la compañía abrumadora que representaba Cloe. Aunque esto sería una constante el resto de su vida por desgracia y su progenitora siempre estuvo en cada una de ellas para poder recordarseló uno y otra vez.
[En el presente]
Se encontraba acostada en su cama decidida a cambiar para su hija y así hacer que Adela jamás se aburriera de ella y por consiguiente jamás la abandonará. Sería la madre que Adela querría, la que necesitará; lo que sea que ella deseará para que no la abandone nunca y para comprobar de alguna manera que su madre no tenía razón que ella no era molesta y por ello siempre la abandonarían.
A la mañana siguiente era su día de descanso y a comparación de otras veces; decidió no ceder a la presión de sus compañeros y jefe y disfrutar sin más el día al lado de su razón de ser, su amada hija. Decidió que el itinerario debía ser divertido para una niña de diez años, aunque poco sabía exactamente de los anhelos de su pequeña porque no era alguien que compartiera demasiado con su madre. De cualquier forma, optó por comenzar el día haciéndole un desayuno ella misma, uno delicioso y saludable, al menos lo intentaba porque no era la mejor cocinando.
-Buenos días, cariño— saludó a Adela que aún se tallaba los ojos y arrastraba sus pies cansada. Se veía adorable con su pijama de corazones—. Te preparé un huevo y fruta para el desayuno; lamento haberlos quemado un poco— se disculpa genuinamente.
Intentó no quemar el huevo y en teoría no debería haberle sido complicado tanto, pero la cocina era un talento que nunca había poseído. Además la fruta estaba picada de forma dispareja y se había lastimado un par de veces con el cuchillo, pero no le importaba demasiado; por otra parte, su hija notó las curitas en los dedos de su madre, pero se abstuvo de decir algo al respecto y solo desayuno en silencio. Aunque no por mucho, porque su madre comenzaba a conversar sin parar sobre los planes de ese día.