Hierba mala

Capítulo XIII

Desde que había descubierto las fechorías y manipulaciones de su madre había dejado de aceptar que le administrara droga para tenerla a su disposición. Decidió esconderle ese frasco hasta que finalmente lo tiró en la calle, lejos de su casa; evitaba estar mucho tiempo a solas con ella y mataba aún más tiempo con Chuleta y Oscar. De hecho, comenzaba a creer que era lo único ameno que ha tenido durante estos agobiante días donde su madre la ha hostigado con su necesidad de conexión madre e hija.

-¿Qué tal tu día en la feria?— Oscar estaba dibujando una casa de muchos colores frente a Adela—. Supongo que debió ser genial, yo quisiera ir.

-Bueno… sí… estuvo bien, supongo— respondió sin dejar mirar su dibujo de Chuleta—. Desearía haber ido contigo.

-¿No fue divertida tu mamá?— Oscar levantó la vista para mirarla fijamente, aunque Adela se negó a verlo a los ojos.

-Fue… divertido, pero sería aún más contigo— finalmente levantó la vista del papel—. Con amigos es más divertido, ¿no?

-Supongo que sí— ninguno de los dos lo sabía realmente, pero lo suponía al ver al resto de compañeros que tenían en la escuela—. Ojalá mi madre me dejará tenerte como amigo.

-¿Me detesta?— preguntó curioso.

-Un poco— respondió franca—, aunque eso no me importa, yo te quiero como amigo.

-Yo también— sonrió satisfecho Oscar y miró al panda que reposaba sentado en el sillón de la sala—. ¿Es de la feria?

-Bueno ahora es mío— respondió sarcástica, aunque se arrepintió al ver el puchero de Oscar—. Lo ganó mamá para mí en la feria… tiro perfecto al blanco.

-Quisiera haber ido y ganar uno también— hizo una mueca triste.

-Te podría regalar un peluche— Adela sintió la necesidad de hacerlo sentir mejor.

-No te preocupes, yo quería ganar una para ti porque somos mejores amigos, ¿cierto?— tomó suavemente la mano de Adela, pero a diferencia del tacto de su madre éste era ameno.

-Sí, somos mejores amigos— le sonrió y entonces Oscar soltó su mano para continuar dibujando—. Creo que ese panda fue lo mejor de todo— soltó con más confianza—. La verdad es que sí quería ese panda y apareció el esfuerzo de mi mamá, pero… aún veces me molesta que solo me quiera para ella.

-A veces son así las madres— Oscar se encogió de hombros—. Mi madre teme que me haga daño, aunque sí me deja tener amigos es solo que…

-¿Nadie quiere juntarse contigo?— el pequeño asintió con tristeza.

-Entiendo cómo se siente— recordó las veces que intentó formar un vínculo y no funcionó—, pero ahora nos tenemos el uno al otro, ¿cierto?

-Tienes razón— se le iluminó la mirada y eso hizo sentir feliz a Adela.

De pronto Chuleta ladró llamando su atención y sacándolos de aquel momento que olvidaban todo a su alrededor.

-Creo que quiere salir— observó Oscar al ver a Chuleta rascar la puerta de salida—. No te preocupes, yo voy— se levantó tan pronto ayudando a Adela a sacar al can.

Llevaban tanto tiempo juntos que últimamente Oscar se quedaba toda la tarde con ella porque su madre le había dado permiso; aunque por supuesto que Cloe desconocía éste hecho o se hubiese vuelto loca al saberlo. Sentía que solo Oscar y Chuleta le comenzaban a dar sentido a su vida y sin ellos nada sería lo mismo, por lo que esperaba que su madre nunca se enterará o que Kate logrará convencerla— porque decidió creer su actitud de buena fé—, y así tener esos vínculos por el rato de su vida.

[En la madrugada]

Nuevamente estaba en aquellas verdes praderas corriendo de un lado a otro con Oscar y Chuleta.

“Chuleta, vas a romper la pelota”.— Oscar reía, mientras aparecía una pelota brillante y roja en el hocico de Chuleta.

“¡Espera, Chuleta!”— Adela también se reía, mientras corrían detrás de ella para quitarle el balón.

Correr se sentía extrañamente ligero; tanto que por un momento comenzó a sentir que flotaba y al ver a Oscar y Chuleta notó que los tres estaban flotando sobre el pasto. Reían por lo sucedido como nunca antes y movían sus pies logrando subir aún más cerca del cielo.

¿El cielo era rosado?

Ese pensamiento la desestabilizó un poco asustándola en el proceso, mientras Oscar dejó de reír y la miró con preocupación.

“No pienses en eso, Adela”.— la reprendió y tomó de la mano para que volviera a alzarse más— “Solo recuerda que ahora somos felices, ¿está bien?”— Adela asintió y volvió a flotar tranquilamente.

Flotar se sentía irreal, pero una alegría desconocida la llevaba y le dejaba poco en qué pensar; además veía a Chuleta ladrar queriendo alcanzar el balón que se le escapó y ahora flotaba lejos. Oscar y Adela se reían al verlo correr o más bien flotar para alcanzar su adquisición ahora pérdida.

“Quisiera estar aquí para siempre”.— soltó Adela de pronto.

“Puedes quedarte aquí con nosotros”.— le sonrió Oscar y se acercó a su amiga tomándola de las manos— “¿Te quedarás aquí con nosotros para siempre?”

Adela estaba por responder hasta que unas figuras blancas aparecieron debajo de ellos. No flotaban, pero gritaban debajo de ellos queriendo captar su atención… parecían querer bajarlos de ahí.




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