Adela había salido tranquilamente a caminar al parque junto a su madre. Iban tomadas de la mano— lo que sorprendió a Cloe porque tenía tiempo sin suceder—, pero Adela deliberadamente decidió tomar su mano y Cloe no podía estar más feliz por ello. Era una tarde tranquila aunque fresca debido a que ya era invierno y la nieve cubría. Todo el paisaje, aunque a Adela le parecía lo más hermoso que había visto en mucho tiempo.
-Gracias por caminar conmigo, mamá— le habló tranquilamente y vio como su madre parecía conmovida.
-Cariño…— se veía más emocional que nunca— adoro salir contigo, solo tú y yo como madre e hija.
-Bueno eso somos— respondió con simpleza—. Quería disculparme si te he hecho sentir mal porque… yo te quiero mucho.
-Cariño, yo te amo demasiado— se agachó para abrazarla, pero se tensó al ver dos figuras frente a ella.
-¿Mamá?— preguntó confundida por la reacción.
-N-no es nada, mi cielo— lo cierto era que Cloe se estaba quebrando por dentro.
Aunque Cloe no lo notó su hija sonrió brevemente satisfecha pues tenía pleno conocimiento de porqué su madre había reaccionado de aquella forma. No muy lejos de ellas se encontraban sentadas en una banca Kate y Victoria conversando con cafés en mano y riendo de manera amena; lo que hizo rabiar de celos a Cloe. ¿Por qué Kate estaba con esa mujer? No la conocía, pero esa sonrisa le hacía recordar la primera vez que la conoció porque le sonrió de esa misma manera y creyó que… solo era así con ella, que era especial para Kate tanto como lo era Kate para ella.
Se equivocó, no había duda de ello.
Cloe sentía ganas de ir hasta allá y arrastrar a la desconocida por todo el asfalto con brusquedad y reclamar a Kate por sonreír así con alguien más que no fuera ella; no obstante, sabía que no debía armar un escándalo y mucho menos enfrente de su hija. Prefirió tomar a Adela de la mano y llevarla lejos, huyendo de ahí para pensar en lo que iba a hacer más tarde al respecto.
Mientras que Adela sentía como un retorcido sentimiento crecía en ella; sentía que quizás su madre ahora esté aunque sea un poco igual de dolida que ella con respecto a Chuleta. Lo había planeado junto a su mejor amigo, de cualquier forma Victoria podría necesitar la terapia de alguien tan retorcido como Kate y qué mejor que juntarlas para que causará esa inseguridad en su madre. Le sugirió a Oscar hablar con su mamá y le pasó el número de contacto, al inicio fue complicado, pero finalmente había cedido a conocerla y Kate la vio como un nuevo ratón de laboratorio para analizar y jugar.
Por su parte, Kate estaba maravillada con Victoria porque en efecto, era una mujer inestable y ansiosa— una de sus víctimas favoritas—. Últimamente todo comenzaba a encerrarse en Cloe y tenía que probarse así misma que había algo mucho más allá; siempre lo supo, no había nadie indispensable y en su carrera vio mucha gente con ese perfil, al menos hasta que se lo permitieron. Aunque nadie tenía que saber que su carrera había quedado trunca y ahora trabajaba sin cédula porque uno de sus profesores notó cierto “perfil antisocial” que Kate no colaboraba para tratar.
-¿Entonces me ayudará con Oscar?— Victoria la sacó de sus pensamientos—. Digo, él me la recomendó para mejorar su relación porque le da terapia a su mejor amiga, Adela y creo que aunque no es mala nuestra relación, a veces él se siente frustrado por la sobreprotección que le doy.
-Claro, Victoria— le sonrió amigable—. Te ayudaré tanto como tú necesites.
-Te lo agradezco mucho, Kate— Victoria tomó sus manos como si quisiera aferrarse a Kate—. De verdad no tienes idea de cuánto te lo agradezco…
-No tienes qué— de pronto una incómoda sensación recorrió a Kate.
Sintió que estaba traicionando a Cloe y como si ella fuera consciente de aquello y la estuviese observando y juzgando por ello. Volteó alrededor para asegurarse que todo era su imaginación y al no verla a nadie pensó que solo estaba comenzando a ser paranoica. Aunque no estaba equivocada porque Cloe la había visto hace unos minutos, pero ahora estaba a unas cuadras ordenando helados para ella y Adela como si eso pudiera aminorar su rabia e impotencia.
-¿De vainilla, cariño?— Adela asintió y Cloe apretaba el billete con enojo sin poder gestionar aún su enojo.
Adela veía ahora a su madre claramente tratando de no estallar por lo que había visto, aunque no lo estaba logrando. Su plan comenzaba a marchar de maravilla y agradecía la ayuda de Oscar en todo el proceso que apenas había comenzado. Comía su helado tranquilamente pensando en su siguiente paso y en qué estaría haciendo su mejor amigo en ese momento, puesto que le preocupaba un poco el saber que él estaba solo en su casa seguramente igual de cabizbajo que ella por Chuleta, y le entristecía más no poder estar ahí con él para ayudarlo.
Por su parte, Oscar estaba tranquilamente en su cuarto con aquellos bloquecitos de siempre, pero esta vez no estaba haciendo “una casita para su familia” como siempre acostumbro; ahora estaba haciendo un espacio seguro en que solo iban a habitar Adela y él para siempre. Tenía que asegurarse de que Adela aceptara y no lo abandonará, quizás lo haría por alguien más a menos que se casaran; aunque una parte de él sabía que eso no implicaba eternidad— lo aprendió de sus padres—, ¿cómo conseguiría que Adela sigues con él para toda la vida?