Hierba mala

Epílogo

-🎼🎼🎼-

Solo mis uñas me pueden acariciar

No me he dejado de pintar en las paredes

¿Será porque las sombras me hacen olividar?

-🎼🎼🎼-

-Después de el suicidio de su madre fue encerrada aquí— murmuró una mujer a otra—; ella siempre cambia la historia de los hechos… ¡está completamente desquiciada!— agregó en cuchicheos, ambas siendo vigiladas por los guardias de aquel lugar.

-¿No golpeó a Brenda hace unos días?— preguntó la otra con miedo y su compañera asintió errática—. Es demasiado problemática y mitómana.

-Bueno, considerando que pasó días con aquel cadáver, es mejor el inventar que un policía la salvó— señaló burlesca— . Se vuelve completamente errática hasta que se encuentra con él.

Ambas mujeres se separaron cuando notaron a “el blanco” de sus chismes junto a otro paciente, ambos siendo cuidadosamente custodiados por los guardias del hospital. Al sentir la mirada cazadora de la joven, se alejaron con cautela y cambiaron de tema, puesto que era muy bien sabido que no deberías meterte con aquella chica o no te librarás de un par de golpes certeros antes de que un guardia interviniera.

-¿Crees que nos escuchó?— susurró uno, mientras se alejaban de aquella pareja.

-Espero que no, la última vez se dió cuenta y casi acaba conmigo de no ser por los guardias— señaló su labio roto con molestia—. No sé por qué la dejan salir si es tan violenta— se quejó con su compañera.

-Da igual, siempre termina castigada y su novio desprotegido— se burló y al notar que no las miraba más, le dio un codazo sutil a la otra mujer y los señaló con la cabeza—. ¿Cuánto crees que estén juntos antes de que la vuelvan a asilar.

-No le doy más de dos días— respondió divertida.

-¿Dos días?— repitió incrédula—. No creo que pasé del día de hoy. Aunque sería una perfecta oportunidad de acercarte a Oscar, ¿no lo crees?— enarcó una ceja—. Es demasiado guapo para solo ser de Adela.

-No vivirás para contarlo— la detuvo su compañera de aquella idea alocada—. Además él está obsesionado con ella, no va a notar siquiera.

-¿Por qué estás tan segura?

-Ya lo intentó Brenda, ¿por qué crees que terminó así?— señaló a aquella paciente con la mirada, quien se encontraba perdida en el pasto falso con su rostro violáceo e hinchado.

-Eso fue culpa de Adela— se refirió al rostro de Brenda—. Estuve ahí cuando se le abalanzó en la hora del almuerzo y le estrelló el plato a la cara para después golpearla contra la mesa.

-No— negó con la cabeza y señaló la muñeca de Brenda que apenas se notaba bajo aquel descolorido uniforme de mangas largas que portaba—. Habló de eso.

Solo entonces la mujer notó un leve color amoratado en la muñeca de Brenda y abrió la boca con horror para después taparsela con la mano. Se giró a su compañera de chismes anonadada al no haber notado que claramente tenía rota aquella muñeca.

-¿Cuándo hizo eso Adela?— su voz tembló ante aquella idea.

-No fue Adela— señaló al acompañante de la mencionada—. Fue Oscar cuando ella lo continuó hostigando para que fuera su pareja.

-¿Lo castigaron?— se quedó pensativa unos instantes—. No recuerdo que jamás haya sido castigado por algo.

-Adela asumió la culpa. Ambos están igual de locos— hizo un mohín con sus labios—. Ella sabe bien que es un manipulador, pero por alguna razón nunca le importó. Son tal para cual.

-Siguió los patrones de su madre— mencionó, mientras la otra mujer solo asintió.

Mientras tanto, Adela y Oscar caminaban por el patio mientras detrás de ellos había un guardia cual chaperon de aquella pareja; más que nada para cuidar a Adela, pues se le acababa de levantar el castigo y solo debían asegurarse de que no hiciera otra cosa, aunque genuinamente después de un par de horas daban su trabajo por terminado. No les solía importar demasiado lo que a un par de “locos” le sucediera.

-¿Qué pasa, Ade?— la voz de Oscar hizo que apartara los ojos de aquella paciente.

-Nada, Osc; solo veía a la loca de Gerda hablar otra vez con su oso de peluche— Oscar ni siquiera despegó la vista de Adela, le parecía irrelevante tener semejante belleza frente a él—. Aún cree que es su compañera de chismes y cree que no sé que siempre habla de mí.

-No le hagas caso, Ade— tomó su rostro para que solo lo viera a él—. Me alegra verte de vuelta; sentía que me moría sin ver a mi amada.

-Osc…— desvió la mirada apenada a pesar de tener más de trece años de conocerse y cuatro años de haber empezado a ser novios— también te extrañé.

Para cualquier persona convencional sonaría raro el tener aquellas citas y amorío en un hospital psiquiátrico, pero para ellos era todo lo que conocían desde su niñez. Habían pasado juntos mucho tiempo, con excepción de un año en el que Adela fue trasladada al cumplir la mayoría de edad y tener que esperar por su— en aquel entonces—, amigo durante poco más de 356 días. Cuando volvieron a verse, les ganó los sentimientos e impulsivamente comenzaron su relación romántica.

-Gracias por seguir conmigo— iban tomados de la mano, ajenos al lugar donde caminaban y del guardia que dejó de seguirlos porque se había aburrido—. Gracias, Osc.




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