Hija de la noche

Capítulo diez.

Su cabello es negro y un poco largo, su piel es morena y sus ojos... sus ojos tienen ese característico color amarillo, iguales que los míos. Lleva una chaqueta negra y larga hasta las rodillas, parecida a una túnica, que le da un aire más tenebroso y oscuro. Él aparenta tener unos treinta y pocos años.

Su mirada es oscura, misteriosa, brillante e indescifrable cuando me mira.

Siento una extraña punzada en el pecho.

Dos lobos, uno gris y otro marrón, permanecen a cada lado suyo, preparados para atacar si él se lo ordena. Algo me dice que los trae consigo porque quiere, no porque realmente los fuera a necesitar.

-¿Qué quieres, Alexander?- Inquiere Henry a pesar de saber la respuesta.

-Lo sabes. - Dice sin apartar la vista de mí. - La quiero a ella. Me la das y no tendrás que enfrentarte conmigo.- Dijo con mirada sería.- Que tus chuchos no se muevan o me obligarás hacer algo que no deseo hacer. – Entonces me miró. Sonríe formando una pequeña sonrisa de lado.- Anabelle Forks.- ¿El nombre de mi madre? ¿Cómo sabe él que…?-Veo que sabes de quien hablo.

-¿Cómo?

Ríe interrumpiendo mis palabras.- Verte a ti es como verla a ella… - Algo interrumpe sus palabras. Él aparta la vista de nosotros por unos segundos para mirar a la entrada del bosque de donde los movimientos de caballos parecen estar cada vez más cerca. Hace una mueca de molestia antes de posar la mano en la cabeza de los dos lobos. - Hasta pronto, Annette.- ¿Qué rayos…?

Desaparecieron.

Segundos después, varios hombres armados y montados a caballo, entre ellos el resto de la familia Maxwell, hicieron acto de presencia.

Mi vista permanece aún en el lugar en el cual antes estaba aquel extraño hombre. ¿Cómo supo mi nombre… y el nombre de mi madre? ¿Conocía a mi madre entonces?

Esto ha sido demasiado raro.

 

&&&

 

Durante todo el camino que quedaba para llegar al Castillo solo hubo silencio junto a miradas serias. Pero cuando llegamos al castillo, Roger y los demás Maxwell nos invadieron a preguntas a Henry, a los cocheros y a mí.

Henry les contó todo lo sucedido, desde lo del libro hasta el ataque del enano y la llegada de Alexander después de cruzar el río, detallando las palabras con las que éste se dirigió a mí.

Ellos negaron saber la razón de por qué y cómo sabe Alexander mi nombre… o qué relación tuvo él con mi madre, si es que la hubo.

También resulta que Roger conoce todo sobre el libro de Flamel, mostrándose incapaz de ocultar lo mucho que le agrada la noticia. Algo me dice que al igual que Alexander, a él también le interesa mucho tener tanto el libro, como a la bruja que obedece, bajo su techo.

Claro que Maicol no desaprovechó la oportunidad para atacar e incluso dar la idea de que yo he estado mintiendo todo este tiempo para algún sucio plan en el que contribuyo con Alexander. Ese fue el colmo de mi paciencia para salir de aquel despacho en el que estaba bastante claro que tenía de todo menos amigos.

Me detengo a unos pocos pasos de mi habitación. Dudo antes de abrir la puerta y entrar junto a un suspiro resignado.

No puedo olvidar que tengo que escapar de aquí de algún modo. Observo el libro entre mis manos. Tal vez esto me ayude.

El sudado, sucio y pegajoso vestido adherido a mi cuerpo me recuerda que necesito una buena ducha.

Me giro para cerrar la puerta cuando siento que el libro es arrancado de mis manos. El libro quedó flotando en el aire.

-¿Pero qué...? - Mis ojos se cruzan con los de Cassie, quien permanece con los brazos fuertemente cruzados; y Henry, con su habitual mirada de "Mírame, yo soy la bestia de este castillo" Tal parece que su humor empeora cada vez que está dentro del castillo.

-Devuélveme eso.- Ordeno alargando el brazo para cogerlo de sus manos. Él lo aleja.- Henry. Devuélvemelo. Ahora.

-¿Crees que no sé lo que intentas?- Sin embargo, pocos segundos después, para mi completa sorpresa me devuelve el libro. Lo tomo con desconfianza de que sea sólo un truco y sucio juego, entonces recuerdo que Rufgo había dicho que el libro reconocía a su dueño y reaccionaba como modo de defensa ante algún contacto que no fuera el de su dueño.- Estaré vigilándote.

La mirada de Cassie pasa a ser una de sorpresa y un rápido brillo pasa por sus ojos, pero ella vuelve a adoptar su actitud tosca tan rápido que incluso llego a pensar que sólo fueron imaginaciones mías.

-Cassie, avisa que hagan algo de comida y que la suban a la habitación de Ane. Y dile a mi padre que estaré un buen rato aquí arriba. No pienso dejarla sola.- Alza la cabeza con decisión.- Dormiré aquí, en el suelo si es preciso. O haré que muden mi habitación a esta ala del castillo. –Cassie da la vuelta para seguir sus órdenes, pero la detiene. -¿Puedes dejar que toque el libro?

-Eres idiota.- Digo cuando Cassie se pierde de mí vista. Frunce las cejas y sus labios.- Estoy aquí desde hace unos días, puedo cuidarme sola.- Arrugo mis cejas cuando el asiente en modo dubitativo.- Y sé que no puedo escapar del castillo, me ha quedado claro, Henry, lo he aceptado. -Mentirosa.- Me comportaré como la obediente y callada bruja que debo ser.- Mentirosa.- Estoy cansada de luchar contra esto. Ahora ¿Podrías dejarme sola? Necesito cambiarme.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.