Hijas de la Luna

Capítulo 16

Capítulo 16. La ovejita inocente.

JULIE

Respiro profundamente varias veces intentando calmar mis nervios con mis ojos fijos en la casa frente a mi, repitiendo en mi mente una y otra vez la crisis que tuve dentro de ella hace apenas unos minutos. El aire gélido revuelve mi cabello oscuro, puedo sentir las miradas de los demás sobre mis espaldas; están asustados, aterrados mejor dicho, igual que yo. No había tenido una crisis de esa magnitud nunca antes. Había visto y sentido cosas, si, pero nada de eso se compara con lo que acaba de pasar.

Estaba perdida en mi misma cuando me sacaron de la casa, no podía dejar de pensar en la mujer del sótano, no podía dejar de recordar como se sintió su dolor dentro de mi, como pude sentir todo lo que ella sentía. Suelto un último suspiro tembloroso y me giro hacia mi hermana y los dos chicos que nos acompañan. Efectivamente me miran.

—¿Estás bien?

Miro a Jane indecisa, no quiero preocuparla más pero el daño ya esta hecho, ella lo presenció todo y no va a fingir que nada ha pasado, la conozco mejor que nadie. Así que decido ser sincera.

—No. Pero tenemos que seguir con el plan —establezco firme. Jane bufa.

—Julie, acabas de tener la peor crisis de tu vida. No podemos seguir nada, al menos no por esta noche. ¿A caso no ves que estás temblando? Y esas lágrimas oscuras... ¿qué diablos está pasando?

—Para descubrirlo debemos llevar estos libros al lago, con Owen. Por arte de magia no vamos a descubrirlo Jane, necesitamos su ayuda.

—Espera un momento —interviene Daniel—. ¿Owen Clayton? Él está muerto, pensé que ya lo sabían, esta es su casa y ha estado abandonada por años.

—Julie puede verlo y hablar con él, aún no se ha ido a Paradise —le explica Jane.

Charlie me mira asombrado.

—¿Eso es cierto? Pero... ¿cómo?

Suelto un suspiro desesperado pero les explico de igual forma.

—Cuando nacimos mamá solo pudo sentir el gen licántropo en nosotras, por años pensamos que no teníamos ningún don después de entregar el poder del sol y la luna, pero resulta que no es así. Jane aparentemente tiene el don de hada...

—Por eso convertiste la daga en una rosa —suelta Charlie mirando a Jane, pero un gesto triste se apodera de su rostro—. ¿Por qué no me lo dijiste?

Jane lo mira apenada.

—Lo siento, solo quería estar segura de que realmente tenía el don.

—Dejen sus asuntos maritales para después, concentrémonos en lo más importante. Sigue —me pide el rubio.

—Lo que realmente somos aún no se sabe al cien por ciento, porque aunque tengamos un gen extra, tenemos dones que no pertenecen por completo a una sola criatura sobrenatural.

—Entonces son como Jade, tienen muchos más genes.

—No —Jane interrumpe a Daniel—. Jade es la heredera de la luna, ella nació para poder llevar todos esos genes sobrenaturales en su cuerpo; nosotras no, si tuviéramos más de dos genes nuestros cuerpos no lo soportarían y moriríamos porque no fuimos creadas para soportar tanta energía.

Charlie niega con la cabeza, confundido.

—No entiendo, ¿entonces por qué tienen más dones si solo son híbridas?

—Eso es lo que Owen nos va a ayudar a averiguar, así que será mejor que nos vayamos al lago ya —exclamo agachándome para recoger los libros del suelo.

—¡Espera, Juliette!

Me detengo en seco cuando escucho la fuerte voz de Jane, me giro con las cejas fruncidas, nunca antes había escuchado ese tono de voz en ella, mucho menos dirigido hacia mi. Su cara está roja y sus ojos azules están oscuros por el enojo.

—¿Puedes entender que no estás en condiciones de hacer nada ahora mismo? —gruñe acercándose a mi hasta estar frente a frente, Charlie intenta decir algo para calmar la situación pero Daniel lo detiene—. Sé que necesitamos respuestas, y necesitamos unir nuestros dones. Pero no vamos a lograr nada si sufres otra crisis más severa la misma noche y mueres en medio del bosque, no vamos a ir a ningún otro lado más que a nuestra casa.

—No hay tiempo que perder, ¿puedes entenderlo? Entre más rápido resolvemos todo esto, más rápido vamos a recuperar la paz en el pueblo y en nuestras vidas. Vamos a ir al lago ahora mismo.

—¡He dicho que no! Y no me importa que seas la mayor, no estas comportándote como tal y por ende yo estoy a cargo ahora. Y digo que nos vamos a casa, ya.

Resoplo mirándola con enojo, pero ella está furiosa y si le sigo llevando la contraria temo ganarme un golpe o algo peor, como la ley de hielo.

—Creo que es lo mejor por ahora. Mañana podemos llevar los libros al lago —agrega Daniel encogiéndose de hombros.

Charlie asiente.

—Además, Aren y Jade no tardarán en darse cuenta de que nos hemos demorado más de la cuenta y enviarán a alguien a buscarnos. Van a descubrir el plan y al final no las dejarán hacer nada, es un riesgo Julie, piénsalo.

—Esta bien.

Comenzamos a caminar hacia el portón de la casa y esta vez es Charlie quien se encarga de lanzarnos hacia Daniel. Nos adentramos al auto del novio de mi gemela en silencio, Daniel dejó su moto en nuestra casa así que se ve obligado a ir con nosotros.

Antes de que pueda decirle algo Jane se sube de copiloto aún enojada conmigo y yo reprimo las ganas de rogarle que se vaya conmigo atrás otra vez, para así no tener que soportar a Daniel, pero el rubio toma lugar a mi lado en los asientos traseros con una sonrisa petulante. Ruedo los ojos soltando un suspiro mientras cruzo mis brazos, intento ignorar el nerviosismo que me invade al tenerlo tan cerca pero al hacerlo no puedo evitar mirar con indecisión el perfil concentrado de Charlie. Mi lengua cosquillea con algo que quiero decirle pero no sé si sea lo correcto.

Un pinchazo en mis costillas derechas me hace saltar sobre el asiento, volteo a ver a Daniel con la frente arrugada. Él me guiña un ojo sonriendo de lado y finge no haber hecho nada, enfureciéndome.




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