— ¡Madre, esto no puede ser, no puede estar pasando! —gritó Catalina, llorando, llena de furia.
—Por favor, cálmate, cariño, no hagas un escándalo —pidió la esposa del Oidor.
—Tiene razón tu madre, hija —dijo el Oidor—. Es en situaciones difíciles como esta cuando se debe mantener la calma para accionar de la mejor manera.
— ¡¿Mi novio me deja plantada en el altar y debo estar tranquila?! ¡No me pidan que esté tranquila por esto! —replicó Catalina.
—Hija, por favor, no hagas el ridículo frente a todos —insistió la madre.
— ¡¿Cuál ridículo, madre?! ¡El Virrey me ha dejado en ridículo frente a todo el Virreinato! —gritó Catalina, sollozando.
—Querida, sé que esta situación es escandalosa y mancha tu reputación —intervino la madre del Virrey—. Por favor, perdónanos. Prometo que te resarciré por el daño que te hemos causado.
Catalina entró al templo con una sonrisa irónica, su mirada llena de odio, los ojos rojos por el llanto y el maquillaje corrido.
—Buenos días para todos —dijo con sarcasmo—. Les informo que el Virrey no vendrá a la boda. Es un gesto muy caballeroso de su señoría, realmente me impresiona, ja, ja, ja —rio con ironía—. Así que me toca pedir perdón a mí, ja, ja, ja.
—Hija, por favor, debes calmarte. Pido disculpas a todos, la boda queda suspendida —dijo la esposa del Oidor.
—No, madre, te equivocas. La boda queda ¡can-ce-la-da! —Exclamó Catalina—. De todas maneras, les agradezco su presencia.
—Por favor, sepan disculparnos. El Virrey no vendrá —dijo la madre del Virrey con solemnidad.
Los invitados comenzaron a retirarse del templo. Al salir, se escuchaban rumores y comentarios en las calles.
—Me comentaron que el Virrey anda enamorado de una esclava india, se le ha visto muy cercano a ella —dijo una joven.
—Ay, querida, con la novia que tenía, cualquier esclava sería mejor —contestó otra.
—No sé ustedes, pero yo voy a aprovechar para conquistar al Virrey y lograr que Catalina se retuerza de celos —comentó una tercera, provocando risas.
—Si le gusta una esclava, no se diga más. No me costaría atenderlo como ellas lo hacen. Me dijeron que le gustan los bizcochos, le haré y se los llevaré —añadió otra.
—Si quieres conquistarlo, me contaron que la india le prepara una infusión llamada mate —dijo la primera.
— ¿En serio? Entonces pediré a mi esclava que me consiga esa hierba —respondió la interesada.
—Sí, mucha gente lo ha visto tomar esa bebida en un recipiente forrado en cuero, con una bombilla, cebando agua caliente en pequeñas cantidades.
— ¡Oh, gracias por el dato! Iré a conseguir todo para prepararlo y mandaré a hacer una bombilla de plata para obsequiársela.
—Acompáñalo con bizcochos, siempre queda bien algo dulce con una infusión —concluyó otra.
Al día siguiente, ya con el ambiente más calmo, el Virrey llegó al Cabildo.
—Secretario, organice una reunión con los criollos y el clero dentro de una hora en la sala de juntas del Cabildo. Es urgente —ordenó el Virrey.
—Como mande, Vuestra Señoría —respondió el secretario.
—Su Señoría, el Señor Oidor está aquí y necesita hablar con usted de inmediato —informó un guardia.
—Hágalo pasar —indicó el Virrey.
El Oidor entró y ambos se quedaron a solas.
—Buenos días, Vuestra Señoría —saludó el Oidor.
—Buenos días, Señor Oidor. Dígame, ¿a qué debo su visita? —respondió el Virrey, imaginando que venía a reclamar por la boda.
—Por favor, dejemos las formalidades de lado. Vengo a hablarle como un padre. Hijo, soy un hombre mayor y mis canas me permiten ver que estás enamorado de mi hija menor, Yasí, mientras que tu madre deseaba este matrimonio con mi hija mayor, Catalina.
El Oidor continuó con voz grave:
—Tú sabes que con Yasí no puedes casarte. Elegirla implicaría estar del lado de los libertarios y lo que eso conlleva: una gran traición a Su Majestad el Rey. Si eliges a Catalina o a otra noble, te enfrentarás a los libertarios y perderás a Yasí para siempre. Debes tomar una decisión de la que depende tu destino y el de muchos.
El Oidor respiró hondo antes de concluir:
—Yo ya tomé mi decisión. He decidido apoyar a los libertarios. Enviaré a mi esposa e hijas a Francia con familiares, y yo me quedaré aquí a luchar por la libertad.
—Le agradezco su sinceridad y consejo. Yo también he estado pensando mucho en esto, por eso convoqué a esta reunión —respondió el Virrey con decisión.
—Me alegra escucharlo, muchacho. Sé que tomarás la mejor decisión —dijo el Oidor.
En la junta, el Virrey tomó la palabra:
—Estimados presentes: Señor Oidor Álvarez de Toledo, Señor General Don León, Comandante Don Peña, Obispo Medina, y representantes de la nobleza criolla, les he reunido para comunicarles una noticia crucial. España ha sido invadida por los franceses y Su Majestad el Rey ha sido tomado prisionero. Ante estos hechos, he decidido renunciar a mi cargo de Virrey, unirme al ejército libertario y conformar una Junta de Gobierno Patrio liderada por criollos que respondan al ideal de libertad de esta tierra.
—Los aquí presentes que estén de acuerdo con el establecimiento de este nuevo gobierno, levanten la mano. Quienes no lo estén, nos encontraremos en el campo de batalla —finalizó el Virrey.
—Yo, General del ejército realista, renuncio a mi cargo y me uno al ejército libertario. Acepto la conformación de una Junta de Gobierno Patrio —declaró el General León.
—Yo, Comandante del ejército realista, renuncio a mi cargo y me sumo al ejército libertario. Acepto la formación de la Junta —dijo Don Peña.
—Yo, Obispo y representante del clero, voto afirmativamente por la creación de la Junta de Gobierno Patrio bajo los ideales de libertad e igualdad —afirmó el Obispo Medina.
—Yo, Cervantes, hacendado, acepto formar parte de esta honorable Junta de Gobierno Patrio —expresó Don Cervantes.
—Yo, Aguilar, abogado, acepto ser parte de esta Junta de Gobierno Patrio —dijo Don Aguilar.