Adam Strongwood ♑︎
Inhalé lentamente y exhalé tratando de calmar los nervios que me estaban molestando desde anoche. Solo aparecían para molestar y hacerme dudar de todo, pero no los dejaría salirse con la suya.
Me había imaginado el día de la Reunión Zodiacal por meses enteros; pensé en diferentes situaciones que podrían presentarse de forma imprevista y sus posibles soluciones para que nada me tomara desprevenido. Aunque ni eso me había ayudado a conciliar el sueño. Por más que diera vueltas alrededor del plan una y otra vez, no tenía defectos, por lo que tenía que ejecutarse sin excusas. Me ganaría el desprecio de los herederos implicados, pero eso no era tan relevante cuando el bienestar de los reinos estaba en juego.
Esta inquietud solo tenía que ver con el hecho de que no estaría en la comodidad de mi reino y que allí trataría con personas no Capricornianas, por lo que gran parte de mis movimientos pasarían a depender de qué tan fieles serían los demás signos a su estereotipo y expediente.
Estaba claro, esa era la causa de mi insomnio, no podría ser otra razón. Nadie estaba tan preparado como yo para liderar esta misión. Yo era el primer elemental con derecho legítimo al trono, mi destino ya estaba marcado y todos lo sabían, así que no debía dudar al momento de tomar decisiones, sin importar que estas impliquen cambios radicales. Mi condición me permitía hacer valer mis palabras por sobre otras casas, una ventaja que aprovecharé. Y si mi poder de persuasión no llegara a ser suficiente, mis aliados del círculo de aire se ocuparían de rematar la oposición de sus compatibles.
Todo estaba a mi favor, yo solo tenía que mover las cuerdas.
—Estuviste en la misma posición por veinte minutos—pestañeé de golpe al escuchar la voz de Sein, mi consejero virtual—. ¿Hay algo mal con el traje?
Levanté la mirada hacia el maniquí que tenía frente a mí, el cual había estado observando por varios minutos sin haberme dado cuenta. Llevaba puesto el traje que vestiría para la reunión. Lo recorrí con la mirada por última vez. Estaba en perfectas condiciones, ni una arruga o detalle fuera de lugar.
—No, todo está como debería—suspiré bajando la vista a los puños del traje y al instante me percaté de algo—. Necesitaré guantes.
—Acabo de informarle al personal—respondió Sein a los pocos segundos—. ¿Por qué el pedido de último momento?
—Nada, solo creo que se vería aún mejor con guantes—dije con simpleza y me dirigí hacia los cajones junto a mi cama para buscar mi anotador, esperando que no siguiera haciéndome preguntas.
Aunque sabía que trataría de indagar más, estaba programado para curiosear y dudar como lo haría un humano común.
—Puedo notar que te pusiste incómodo—rodé los ojos. Ya había comenzado. A veces le gustaba presumir que me conocía lo suficiente, y aunque quisiera, no podría contradecirlo porque me ha acompañado por muchos años como una consciencia más.
—No quiero escuchar tus teorías—me adelanté a aclarar obteniendo una pequeña risa de su parte. Una vez en mis manos, hojeé el anotador en busca de mi introducción ante la Familia Real de Júpiter.
—Los Sagitarianos aprecian el contacto físico al momento de hacer nuevos vínculos—siguió hablando a pesar de mi suspiro de molestia—, los ayuda a disipar su desconfianza con más facilidad. Tienen la creencia de que pueden conocer mejor a las personas con el mínimo contacto. Aunque eso ya lo sabes.
—Sí.
—Tengo dos teorías—continuó, claramente tratando de desentrañar el motivo de mi decisión—. Quieres castigar a la heredera de Júpiter con tu hostilidad y recordarle que es descendiente de los elementales que traicionaron a todas las Casas.
Si negaba esa teoría, sería muy hipócrita de mi parte.
—Tal vez—respondí secamente—. ¿Y cuál es tu segunda teoría?
—Que te asusta tocar a alguien del sexo opuesto—rió.
Ignorando el hecho de que no era una persona de carne y hueso, prácticamente habíamos crecido juntos, pero a veces me hacía pensar que su sistema dejó de actualizarse luego de cumplir trece años.
Uno de sus pasatiempos preferidos era burlarse de mí cuando se trataba de mujeres. Sabía perfecto que no me gustaba pasar por situaciones que me pudieran exaltar o poner nervioso, algo que fue difícil de manejar en mi adolescencia cuando socializar se volvía algo necesario. Me gustaba marcar límites, consideraba que todas las personas los necesitaban para saber hasta qué punto tenían permitido llegar a mí. Era algo que me daba seguridad y evitaba que me expusiera de forma innecesaria ante el ojo público, el cual siempre trataba de ponerme a prueba.
—Puedo desconectarte una semana entera si quiero, no lo olvides-advertí como si fuera a silenciarlo.
—Como si pudieras vivir sin mí.
No le respondí y me mostré más interesado en leer, una señal que debía servir para que dejara de hablar.
Me posicioné con rectitud frente al espejo para practicar mi introducción.
—Comenzaré—avisé para que no me interrumpiera—. Es todo un honor estar ante la heredera del trono de júpiter, permítame presentarme, soy el heredero legítimo del reino de Capri...
—Suenas adulador y soberbio al mismo tiempo—me cortó Sein—, ¿Cómo es posible?
—No me cortes a mitad de mi introducción.
—¿Qué pasó con el discurso que ya tenías escrito? Ese estaba bien.
—Quería ver si podía hacer algunos cambios, solo estoy practicando.
—Apégate al plan, no necesitas que te lo diga—dijo cambiando automáticamente su tono de voz a uno de sermón—. Es mejor que te centres en lo que ya tienes escrito, hacer cambios a horas del evento podría confundirte cuando debas decirlo.
—Bien—tenía razón, debía apegarme al plan si quería el resultado esperado—. Es un placer al fin conocerla, princesa. Mi nombre es Adam Strongwood, heredero legítimo de la Casa de Capricornio. Es un honor estar en Júpiter, el hogar de la prosperidad y la buena fortuna. Como uno más de los presentes, me complace formar parte de esta reunión. ¿No te parece que debería mencionar también a los reyes actuales?