Hijos del Zodiaco

Capitulo IV

Firella Delior ♐︎

Una suave melodía inundó las paredes cambiando totalmente el ambiente relajado y alegre que se había instaurado después de un par de horas. Tenía que destacar que el alcohol había tenido un papel muy importante en esa parte, logró dispersar la peligrosa tensión que había inundado el lugar tras la intervención del Capricorniano. Aunque la presencia de las personalidades más distinguidas del reino también había ayudado para evitarnos entre elementales, la realidad tenía que volver a golpearnos como un balde de agua fría cuando el reloj marcó las doce.

Nos buscamos con la mirada para asegurarnos si realmente era el momento del baile que todos habíamos querido evadir. Y sí, lo era. Los invitados, ajenos al rechazo que provocaba esta tradición a la mayoría de los que debíamos participar en ella, iban despejando el centro de la sala para la apertura del vals.

De mala gana dejé mi copa en la mesa más cercana y me disculpé con la pareja que estaba hablando para acercarme al centro de la sala y colocarme en la hilera, aún incompleta, de chicas. Me encontraba parada entre la Librana y la Pisciana mientras que la hilera de los chicos se iban formando poco a poco.

Las parejas debían ser incompatibles y compartir un momento de intimidad los minutos que duraran una o dos canciones. Se creía que momentos como este representaban la armonía entre los diferentes signos; algo que no servía de nada cuando existían tantos prejuicios que lo impedían.

El orden zodiacal nunca se alteraba: Aries formaría pareja con Tauro, Géminis con Cáncer, Leo con Virgo, y así sucesivamente. Entonces yo formaría pareja con... Por los dioses.

Desde mi vista periférica pude advertir una figura oscura que se dirigía con pasos decididos hacia la dirección en la que me encontraba. Mantuve mi vista hacia adelante mientras intentaba morderme la lengua para no soltar ninguna queja o hacer alguna expresión de desagrado que los atentos espectadores pudieran captar.

El responsable de toda la mala vibra del lugar se detuvo frente a mí con el uniforme más asfixiante del lugar.

Adam Insufrible Strongwood.

Al sentir su mirada quemando cada partícula de mi ser, levanté de golpe mi cabeza para enfrentarlo con una sonrisa fingida. No correspondió claramente. Tampoco tenía la intención de inclinar su cabeza hacia abajo, sino que me miraba desde arriba como si su altura no fuese suficiente para sentirse por encima de mí. Su mandíbula estaba apretada, y la mirada amenazante que la acompañaba, le daban aún más intensidad a lo que trataba de transmitirme: Eres una molestia.

Pero ¿quién se creía este imbécil? Se daba el lujo de mirarme como si le hubiera robado algo cuando era yo quien debía estar ofendida después de todo el escándalo que armó.

Mi mente se despejó por unos segundos cuando una de sus manos tomó la mía para acercarme a él con cautela, una acción que me hizo darme cuenta de que me había quedado inmóvil bajo su intensa mirada. Cuando me alineó con su cuerpo, agregó más presión y firmeza a su agarre tomándome desprevenida.

—Trata de comportarte esta vez.

No contesté, solo lo miré sin poder caer en la cuenta de que me estaba regañando como si yo hubiese provocado todo lo que ocurrió hasta el momento. ¿No le bastó con avergonzarme frente a los demás signos en mi propia Casa y ahora quería que bajara la cabeza durante el baile porque, según él, no sabía comportarme?

Cuando la música se hizo presente en la sala, los murmullos disminuyeron, pero mi indignación solamente aumentó. Ajusté mi agarre ejerciendo la fuerza suficiente para que él lo notara y clavé mis ojos con decisión sobre los suyos cuando me buscaron para exigir una explicación.

Enseguida entendió que mi intención era liderar el baile, una idea que parecía no gustarle para nada. Dimos un paso adelante al mismo tiempo, lo que provocó que nuestros cuerpos chocaran acortando de golpe la distancia. Nos separamos casi al instante, volviendo a nuestros lugares. Me dedicó una mirada de advertencia para que retrocediera, de esa manera él podría avanzar para llevarnos por la pista.

—Creo que no podemos coordinar—sonreí fingiendo sentirme avergonzada—. Espero que no estés acostumbrado a que todos hagan las cosas a tu manera porque eso sería un problema.

Era completamente consciente de que el baile se estaba transmitiendo en todas las Casas, pero no me importaba en lo absoluto. Si algo sabía de los Capricornianos era que no les gustaba hacer algo que llamara la atención sin haberlo previsto, aunque se tratara de algo insignificante; preferían mantener un bajo perfil. Y si en algo me consideraba buena, era en quedar mal parada en público.

—Esto no es un juego, así que retrocede.

—No me sorprendería si me dices que nadie ha querido jugar contigo antes—su mirada volvió a la mía con más rencor.

—Parece que toqué una fibra sensible.

Él intentó avanzar nuevamente, pero volví a hacer lo mismo. Esta vez ninguno de los dos retrocedió, él exhaló con fuerza logrando mover algunas hebras de mi cabello por la cercanía de nuestros cuerpos. Sin separarse, trató de seguir adelante para obligarme a dar un paso atrás, pero resistí con pies de plomo en mi lugar. Dio otro apretón a mi mano transmitiéndome la frustración que estaba sintiendo.

—Muévete—ordenó entre dientes sin inmutarse de su sitio.

Sí, lo estaba avergonzando. Éramos la única pareja que no se había movido ni un metro desde que la música comenzó. Él mantenía su mirada fija en mi corona como una forma de evitar mirarme a mí y a los que se encontraban a nuestro alrededor, sabiendo que estábamos atrayendo varias miradas.

—Lo haré cuando me lo pidas con amabilidad—dije tratando de ocultar una sonrisa por haberlo hecho enojar tan rápido.

Pasaron unos segundos antes de sentir que su cabeza se había inclinado hacia abajo por primera vez. Sin querer perderme su expresión de furia, levanté la mirada de su pecho para encontrarlo observándome con una calma que me confundió. Recorrió mi rostro a detalle, sentí su pecho inflarse contra el mío para luego soltar lentamente un suspiro sobre mis labios. Parpadeé algo aturdida por eso sin saber muy bien por qué el cambio de su actitud.




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