Elio Triks ♊︎
Los tres reyes pasaron frente a mí barriendo el suelo con sus suntuosas capas cargadas con adornos que los delataban como los gobernantes de la Casa de Aries, Escorpio y Virgo. Se habían deshecho de los guardias, eso solo podría significar que iban a hablar de temas que no pretendían compartir. Inspeccioné por última vez la galería que encerraba, entre arcos y columnas de piedra roja, un gran jardín laberíntico de rosas rojas y amarillas.
Salí del salón donde me mantuve escondido, pero al instante en que puse mis pies afuera, pegué de golpe mi espalda contra el marco de la puerta porque había otra sombra que se acercaba. Me asomé para ver de quién se trataba.
Al parecer tenemos compañía.
—Nunca lo hubiera imaginado—sonreí al darme cuenta que era el virginiano.
Si hubiera sabido que teníamos lo mismo en mente, lo habría invitado. Decidí esperar en la oscuridad hasta que avanzara lo suficiente para seguirlo sin que me notara, después de todo, íbamos en la misma dirección.
Debió estar muy concentrado en no perder de vista a los reyes para que ni siquiera se percatara de mi presencia al pasar. Me esforcé para no reír cuando lo vi ocultarse detrás de las columnas y pegarse a ellas como si intentara fundir su cuerpo con el material. Se tomaba el espionaje muy en serio, por lo que decidí dejar que lo disfrutara un poco más. Seguí sus pasos con cuidado bajo la tenue iluminación anaranjada de la galería que se impregnaba en mis ropas blancas, permitiendo que me camuflara con más facilidad.
Cuando los reyes desaparecieron detrás de una puerta, me adelanté para llegar hasta el virginiano y ponerme a su lado, pero él volteó en el mismo instante que sintió mi presencia y tapé su boca con una mano, apoyándolo sobre la columna e interrumpiendo a tiempo un posible grito.
Abrió los ojos de golpe por el susto que le di y noté que bajo su feo flequillo ocultaba un par de ojos bastante ojerosos.
—¿Quién te quita tanto el sueño, príncipe?—murmuré para que solo él pudiera escucharme.
Apartó mi mano con brusquedad y levanté dos dedos como símbolo de paz.
—¿Qué carajo haces?—preguntó enojado—Quítate—me empujó.
Llevé una mano a mi corazón mostrándome herido.
—Pensé que te alegraría verme—respondí—. No me digas que solo fingiste que te caía bien frente a las cámaras.
Frunció el ceño mirándome rápidamente de arriba a abajo para comenzar a caminar hacia la puerta por donde entraron los viejos, ignorándome completamente.
No es tan amigable como había aparentado. Aunque nadie lo era realmente.
—Yo estaba aburrido—admití mientras lo seguía —¿Y tú qué?
Me daba curiosidad la razón por la que estaba espiando. No creí que tuviera la capacidad de actuar por sí mismo, ya que no se había separado de sus compañeros elementales en casi toda la noche.
—Baja la maldita voz—me retó en un susurro haciéndome señas con su mano—. Nos pueden escuchar.
Cerré mis labios con un cierre invisible para mostrarle que había entendido su mensaje. Me apoyé en la pared, junto a él, para escuchar la conversación que estaban teniendo al otro lado de la puerta.
—No hay necesidad de aplazarlo más—habló uno de ellos con una voz profunda y autoritaria. Estaba seguro de que se trataba del dictador de Aries—. ¿Qué diferencia habrá si los enviamos este año o el próximo?
¿Estaban hablando de nosotros?
—Sí, ya es momento de dejarlos por su cuenta—apoyó otro con desdén. Podría tratarse del gobernador de Escorpio—. Tendrán tiempo de adaptarse al lugar y prepararse para lo que les espera. Todos ganamos.
Todos ganamos. ¿Qué ventaja sacarían ellos de enviarnos antes?
—¿Y qué pasará con la petición del heredero de Capricornio?
El virginiano se tensó de repente. La tercera voz le pertenecía al gobernante de su nación. Entonces ese era el motivo por el cual estaba aquí, quería saber lo que pensaban hacer los reyes con respecto a la decisión de sacar a los signos de fuego de la expedición.
—Ese chico presume de un poder que todavía no tiene—respondió el ariano con tono burlesco—. Puede que ahora sus padres le sigan el juego, pero se mantendrán al margen cuando llegue el momento.
—Están tranquilos porque saben que su hijo es el más preparado de todos—opinó el gobernante virginiano—. Lo conocí cuando era solo un niño y ya en ese entonces era un chico muy centrado. Pienso que si hay alguien que puede sobrevivir a todo esto, es él. No tenemos que olvidar que le enseñaron todo lo que pudieron, así que hará un buen trabajo.
—Y supongo que eso es lo que te preocupa.
—¿A ti no?
—No—respondió el escorpiano con seguridad—. Después del conflicto que armó contra los signos de fuego y perder el apoyo de los signos de aire, se lo comerán vivo en la mínima oportunidad. Por mí que tengan un buen viaje.
—Mientras sea un viaje solo de ida—se carcajeó el ariano contagiando a los demás.
—No estoy entendiendo—murmuró el virginiano a mi lado. Volteó su cabeza en mi dirección, buscaba que yo le diera una respuesta.
¿Qué esperaba escuchar de mí alguien como él?
Siendo un signo tan centrado y realista solo podía esperar una cosa: mentiras. Quería que tegiversara lo que había escuchado para aliviar el golpe de realidad que estaba formando una silenciosa desesperación en sus pálidos ojos verdes, los cuales parecían haber perdido el brillo hace tiempo.
La vulnerabilidad que lo envolvió me incomodó lo suficiente como para arrepentirme de haberme acercado a él.
No encontraría refugio en mí, si eso era lo que buscaba inútilmente.
—Esperan que nadie vuelva a reclamar el trono, ¿no es obvio?—respondí mirándolo fijamente para ver cómo la angustia que se apoderaba lentamente de sus facciones.
Por un momento temí que pudiera desvanecerse frente a mí porque no despegaba sus ojos de los míos, haciéndome sentir totalmente invadido.